Toni Bolaño es un reconocido empresario y periodista con una extensa trayectoria en el ámbito de la comunicación y la política catalana. A lo largo de su carrera, ha desempeñado diversos roles, desde sus inicios en medios de comunicación hasta su labor como consultor y colaborador en importantes medios de comunicación.
Formación y Primeros Pasos
Toni Bolaño es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus primeros pasos profesionales los dio en diversos medios de comunicación:
- Radio Sabadell
- El Noticiero Universal
- Cadena Catalana
Salto Profesional en la Política
En 1986, Bolaño saltó la barrera profesional al incorporarse al gabinete de prensa de la UGT de Cataluña. En 1994 empezó a desempeñar las mismas funciones en ENHER, y cuatro años más tarde en el gabinete de Josep Borrell, entonces candidato a la presidencia del Gobierno por el PSOE. Tras esta etapa, pasó a dirigir la estrategia de comunicación de José Montilla, que ocupó en los siguientes años y sucesivamente los cargos de presidente de la Diputación de Barcelona, primer secretario del PSC, ministro de Industria y presidente de la Generalitat de Cataluña. En 2008 dimitió de sus responsabilidades políticas.
Consultoría y Colaboraciones Actuales
En la actualidad, dirige una consultoría de comunicación, escribe en La Razón y en el digital Crónica Global, y participa en las tertulias de Antena 3, 13 TV, TVE, Onda Cero y Ràdio 4.
Félix Bolaños: Paralelismos y Diferencias
Es interesante destacar la trayectoria de Félix Bolaños (Madrid, 1975), quien, aunque no directamente relacionado con Toni Bolaño, comparte un apellido y una destacada carrera en el ámbito político. Ahora Zapatero le ha apodado Superbolaños y, tras la salida de figuras como Iván Redondo -exjefe de Gabinete- o José Luis Ábalos -exministro de Transportes-, él solito se ha convertido en todos los hombres del presidente Pedro Sánchez. El pasado domingo 17 de octubre, Bolaños -ahora ministro de la Presidencia- quedó encumbrado en el 40 Congreso del PSOE, al ser incluído en la Ejecutiva del partido.
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Ahí se terminó de perfilar su siguiente encargo: de la jornada salió una Secretaría de Reforma Constitucional y Nuevos Derechos con él al frente. Le ha caído la tarea más compleja, y casi imposible, de su vida: tocar la Carta Magna; es decir, meter mano en un texto cuya mayor garantía es que no se toca. Él no sólo se encargó de la exhumación de Franco, que fue su puesta de largo ante la ciudadanía, sino que también ha estado en la renovación del Consejo de Administración de RTVE y está llegando a acuerdos con el PP para renovar órganos como el del Defensor del Pueblo -que acabará siendo Ángel Gabilondo-, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas o la Agencia de Protección de Datos. Se está desatascando, por fin, la paralización de órganos vitales para el funcionamiento del país. Y ha llegado hasta ahí sin más padrinos que el propio presidente.
Es hijo único de una familia de emigrantes que volvieron de Alemania para tenerle a él y montar una tienda de plantas y piensos en Móstoles. Trabajó de árbitro de fútbol y repartidor de pizza cuando estudiaba para convertirse en abogado. Un día, mientras servía bocadillos y refrescos en la caseta que el PSOE había puesto en las fiestas de Aluche, conoció a un tipo que se iba a lanzar a por la secretaría general del partido y Bolaños se ofreció para echarle una mano en materias jurídicas. Félix Bolaños se afilió al PSOE en 2003, cuando gastaba sólo 27 años, y lo hizo tras el escándalo que supuso para muchos socialistas el llamado tamayazo. "Siempre que pasa algo que genera algún tipo de indignación colectiva del estilo, suben las afiliaciones.
Desde ese momento se puso a disposición del partido, se ofrecía voluntario para los mítines, para repartir panfletos y todo lo que hiciera falta", añade. "Así, creció hasta entrar en la Comisión Ejecutiva local. Durante esos primeros años que han acabado marcando su carrera política, todos los que le conocieron entonces sacan a colación esa suerte de despacho de asesoría jurídica que montó en la sede local del partido. Lo mantuvo durante unos cuantos años, desde 2004 hasta 2008, dicen, en la primera Legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. "Él estaba especializado en cuestiones laborales y sindicales y todo el mundo iba ahí a preguntarle cosas. Esa faceta suya la estuvo compaginando Bolaños con su trabajo como abogado en el prestigioso despacho Uría & Menéndez, primero, y, a partir de 2005, en el Banco de España. En esas estaba en mayo de 2014, en las fiestas de Aluche, montando la caseta del PSOE y sirviendo bocadillos y refrescos un alto cargo del Banco de España, cuando se acercó Pedro Sánchez a saludar.
"El ahora presidente era un diputado raso entonces", sigue explicando el antiguo compañero. "El presidente nos hizo una visita a la caseta y se conocieron. En unos días se iba a presentar a la secretaría general del partido, aunque entonces sólo decía que estaba madurando la idea. Pregunta.-¿Fue así de fácil? ¿Se ofreció y punto? Respuesta.-Es que en ese momento Pedro estaba en un punto en el que aceptaba cualquier tipo de ayuda que le quisieran prestar. Eran todos voluntarios. Si te pones a trabajar por una candidatura, ahí nadie te paga por eso, lo haces en tu tiempo libre, y punto. El miércoles 30 de mayo de 2018, Félix Bolaños estaba comiendo con un amigo en Madrid cuando recibió una llamada. Se quedó blanco. Al colgar, su compañero le preguntó qué había pasado. El telefonazo se lo había pegado José Luis Ábalos, entonces aún hombre de confianza de Pedro Sánchez.
Unos días antes, el 24 de mayo de ese año, la Audiencia Nacional acabó determinando que el Partido Popular, en el Gobierno en ese momento con Mariano Rajoy a la cabeza, había tenido una estructura económica paralela en sus finanzas y Sánchez -dicen que, en realidad, fue Iván Redondo susurrándole al oído- presentó una moción de censura. Entonces, pidieron a Félix Bolaños que empezara a preparar una estructura de Ejecutivo. Tenía que pensar los primeros nombramientos, el organigrama de los ministerios, las primeras leyes… Todo un poco por si acaso. Nadie pensaba realmente que fuera a suceder. Hasta el día en que Ábalos llamó a Bolaños. Ese viernes de la moción de censura, Sánchez arremetía contra el escaño presidencial, entonces ocupado por el bolso de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría; Iván Redondo esperaba en una sala junto a los padres del presidente en ciernes; y Félix Bolaños recorría los pasillos del Congreso con varias carpetas de colores. Llevaba el Gobierno en sus manos, literalmente.
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"El equipo que hacían ambos era muy importante entonces. Son perfiles diferentes. Iván es el consultor político que busca ideas, Félix es el fontanero, el hombre de partido. Pero en aquel momento, ese 1 de junio, llegaron juntos a la Moncloa y no había nadie más excepto ellos, el presidente y los funcionarios del edificio. Bolaños, en 2018, jurando el cargo de secretario general de la Presidencia. Estas palabras de Bolaños definen bien la relación laboral entre ambos. El ahora ministro de la Presidencia gestionaba los problemas hasta que llegaban al nivel 5 de peligrosidad, ahí pasaban a Redondo. Oliver y Benji les llamaban, como en aquella famosa serie de televisión, porque uno paraba los goles y el otro los metía. Ese es el equipo en el que se empezó a curtir Bolaños.
"La relación era buena entre ellos y su carácter diferenciado hacía que se complementaran muy bien", comenta a esta revista alguien que ha participado en varias reuniones con ambos. "Redondo era un narcisista intelectual algo soberbio, aunque brillante, eh; y Bolaños era una persona más analítica, sumamente inteligente, más humilde y escuchaba muchísimo más", añade. "Se notaba que Redondo estaba en una jerarquía superior y Bolaños lo respetaba. Pero el primero era un orquestador, el que mandaba, diciendo 'haz esto', 'haz lo otro'... Respuesta.-Se notó el cambio en enero de 2020, con las modificaciones que hubo en el Gobierno, en las que Redondo acaparó más poder. Empezó a haber menos equilibrio, porque Bolaños, Miguel Ángel Oliver -secretario de Estado de Comunicación- y esa gente, empezaron a depender más del jefe de Gabinete. Se rompió la estructura que había e intuías diferencias de parecer. No las veías, públicamente nunca pasó nada. Pero entendías que mucha química ya no había. Me contaban lo mismo otras personas que conocían a ambos.
"Lo que pasó después" es la extraña salida de Iván Redondo del Ejecutivo. Él cuenta que Sánchez le ofreció un ministerio y que no quiso aceptarlo. Otros dicen que fue justo al revés, que su ansia por ocupar una cartera le acabó quemando y el presidente decidió prescindir de él. Sea por un motivo o por el otro, el resultado ha sido que el exjefe de Gabinete ahora anda haciendo una tournée por Fnacs y platós de televisión, mientras que Félix Bolaños se ha echado el Gobierno a sus espaldas. Esta nueva misión imposible que tiene Bolaños, el James Bond de Sánchez, de reformar la Constitución es la arena en la que se libra esta última batalla. El PSOE quiere consultar a la ciudadanía en referéndum sobre su disposición a modificar la Carta Magna. Se trata de una jugada política importante, porque obligaría al Partido Popular, reacio a "abrir el melón", a sentarse a hablar si gana el "Sí".
De hecho, el propio Redondo se adelantó a la puesta de largo de Bolaños en el Congreso del partido cuando, en la entrevista que le hizo Jordi Évole justo una semana antes, aseguró que había un consenso de en torno al 70% a favor de modificar la Carta Magna de alguna forma. Ya habló él de esa posibilidad y, voilà, siete días después el PSOE estaba encargando eso mismo al ministro de la Presidencia. Moncloa, sin embargo, echa balones fuera. Sin embargo, antes de estos grandes recados de la vida, para empezar a contar la historia de Félix Bolaños hay que trasladarse varias décadas atrás, al Múnich de finales de los años 60. Ahí, trabajando en una fábrica, se conocieron Félix, su padre, e Isabel, su madre. Él venía de un pueblo de Toledo, Villafranca de los Caballeros, apodado La Playa de La Mancha por sus impresionantes lagunas, y de una familia que hacía tejas en la localidad, lo que le valió el apodo del Barrero. Ella, la madre, era de Madrid.
Los padres del ahora ministro se conocieron en Alemania y decidieron dejar de ser migrantes y volver a la capital española. Se casaron, se instalaron en el barrio de Campamento, el mismo del famoso grafitero el Muelle, y abrieron en 1973 una tienda de plantas con permiso para vender piensos. Félix Bolaños fue y sigue siendo hijo único, algo que de niño no llevó del todo bien, según cuentan sus conocidos, porque siempre le pedía a sus padres un hermanito. Su única compañía durante esos años fue su perro Taco, un animal callejero, sin raza, un chucho que dirán, con el que fue creando un vínculo especial. Lo sacaba a pasear y esos eran sus momentos de escape. La muerte del animal hizo sufrir tanto al actual ministro de la Presidencia que, desde entonces, se ha negado a tener más perros.
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"De esa época en el instituto me acuerdo de sus magníficos apuntes", explica Ana Bacallado, una amiga desde los 13 años y la única mujer que aparece en la fotografía que abre este reportaje, junto a sus también compañeros Santi, Sergio, Miguel, Borja y otra persona que ha pedido no ser identificada por motivos laborales. "Lo que todos cogíamos corriendo, dejándonos la tinta en dos folios, él lo plasmaba serenamente en un esquema con cuatro puntos y con las palabras justas. Eran oro puro. La fotografía, tomada allá por el año 2015 en una reunión de antiguos alumnos, muestra un rostro desconocido de Bolaños, el amigo al que todos parecen querer. "Después de tantos años juntos y, a pesar de que cada uno tenemos distintos caracteres e ideologías, ahí ha estado y está Félix siempre mediando, escuchando, asesorando, ayudando, conciliando e incluso calmando al más exaltado. Siempre con su toque de sentido del humor tan peculiar. Nos lo pasamos genial con él", añade Bacallado. "Una de sus principales virtudes es que siempre ha sido muy trabajador y constante.
En esa línea que comenta su amiga, Bolaños acabó el instituto y se fue a la universidad. Al principio, su pasión por la política le hizo dudar sobre si estudiar Ciencias Políticas y de la Administración, pero acabó en la carrera de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Durante ese tiempo, estuvo trabajando como árbitro de fútbol y repartiendo pizzas para pagarse su vida fuera de la universidad. Ocho años después de empezar la carrera, en 2001, ya estaba entrando en el prestigioso bufete de abogados Uría & Menéndez. Duró poco, de todas formas, y en 2005 accedía al Banco de España como letrado asesor. Casi a la vez que entraba en el Banco de España, empezaba su asesoría jurídica en el PSOE y su pueblo, Villafranca de los Caballeros, le quiso reconocer, ese mismo 2005, nombrándole pregonero de las fiestas patronales. Tenía 30 años.
En esa época había una persona especial en el Ayuntamiento de Villafranca. Se trataba de Fátima Rodríguez. Ella era teniente de alcalde en el Consistorio, del PSOE también, por supuesto. Tras dejar el Ayuntamiento, Fátima ha estado durante 15 años trabajando como asesora en el Ministerio de Educación bajo distintos titulares de la cartera, especializada como está ella en educación comparada. Su último puesto lo tuvo en la etapa de Isabel Celaá, que se fue del Gobierno, paradójicamente, en la remodelación que impulsó a Bolaños. "Vienen mucho los dos por aquí", relata Julián Bolaños, alcalde de Villafranca de los Caballeros, emparentado de lejos con el ministro, mientras recibe a EL ESPAÑOL | Porfolio en su despacho. "Su mujer es de aquí, sus suegros son de aquí, sus padres cuando se jubilaron se vinieron a vivir aquí…", apuntala. "Aunque no ha nacido en Villafranca, está muy arraigado. Villafranca de los Caballeros es un lugar curioso.
Tiene unas lagunas en las que se pueden ver hasta flamencos y en las que se ha bañado todo el mundo de los pueblos cercanos. Eso ha dado a la localidad el apodo de La Playa de La Mancha y es un sitio imprescindible en el imaginario colectivo de toda una zona de España. "Tuvimos unos años de sequía y sobreexplotación que las secaron y él nos consiguió una entrevista con el secretario de Estado de Medio Ambiente que acabó en un estudio sobre las causas y soluciones para que no se repita", añade. "También iba a traer aquí a Emiliano García-Page [presidente de la comunidad autónoma] e íbamos a hacer un acto, pero fue la semana que vinieron los refugiados de Afganistán y Félix tuvo que estar en Torrejón de Ardoz, así que lo hemos aplazado. Respuesta.-[Riéndose] No puedo decir esas cosas. Me encantaría, pero no es cuestión de quitarle el nombre a otro que ya la tenga. A él no creo que le haga falta. Rehúye mucho los focos, prefiere estar en la sombra. La nueva etapa en la vida de Félix Bolaños, como puente entre el PSOE y Moncloa y responsable de reformar la Constitución, lo ha apuntalado como fontanero en jefe de Pedro Sánchez.
No se recuerda ningún caso parecido. En las hemerotecas cuesta encontrar a alguien así, alguien que esté en las calderas del partido, haciendo que la maquinaria funcione, y a la vez convertido en una especie de vicepresidente político del Gobierno. Sin embargo, no siempre fue así. El primer gran encargo le cayó a Félix Bolaños el sábado 15 de junio de 2019. Ese día estaba haciendo la compra cuando Pedro Sánchez le llamó. El presidente le dijo que pusiera en marcha la exhumación de Francisco Franco, a ver cómo se podía hacer. El gesto se parece a cuando le pidieron que estudiara el organigrama del nuevo Gobierno antes de la moción de censura: una llamada a mediodía, una tarea mastodónt.
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