El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato: Un Resumen Detallado

El libro El Estado Emprendedor de Mariana Mazzucato ha generado un amplio debate desde su publicación en 2014. Este análisis profundiza en la obra de Mariana Mazzucato, explorando sus argumentos centrales, sus implicaciones y las críticas que ha recibido.

Desde la perspectiva capitalista, siempre se ha considerado que el sector privado es innovador, dinámico y competitivo, mientras que el Estado desempeña un rol más estático, interviniendo en el mercado tan solo para subsanar posibles fallos en el desarrollo de sus actividades. La economista Mariana Mazzucato se encarga de desmontar este falso mito ampliamente extendido para demostrar que el Estado no es un lento y conservador ente burocrático, sino todo lo contrario: es la organización más emprendedora del mercado y la que asume inversiones de mayor riesgo.

Desmontando Mitos: El Rol del Estado en la Innovación

En El Estado Emprendedor Mazzucato intenta desmontar el «falso mito ampliamente extendido» de que el sector privado es el que realmente innova, el dinámico y competitivo, en contraposición a un Estado que desempeña un rol «más estático», interviniendo en el mercado sólo para subsanar posibles fallos en el desarrollo de sus actividades. En la primera parte del libro, la autora se centra en desmontar los mitos en torno al papel de las empresas frente al sector público en el ámbito de la innovación. Dice que el carácter dinámico y emprendedor del sector privado, frente a la apatía e ineficiencia del sector público no tiene por qué ser cierto.

Mazzucato no se limita a exponer argumentos teóricos y ofrece casos reales, poniendo al descubierto las innovaciones asumidas por el Estado y las estrategias empresariales que se esconden detrás del iPhone de Apple o del desarrollo del sector de las energías renovables. Con numerosos ejemplos, Mazzucato explica cómo, sin el papel crucial de los fondos públicos, el iPhone no sería tan inteligente, ni habrían tenido lugar muchos de los más importantes avances farmacéuticos o en las energías renovables.

Como ejemplo ilustrativo de su teoría, Mazzucato suele contar la historia de uno de los productos más paradigmáticos de la economía global. «Todas la tecnología que hace del iPhone un teléfono inteligente es deudora de la visión y el apoyo del Estado: internet, el GPS, la pantalla táctil e incluso la voz del asistente Siri del 'smartphone' recibieron dinero del Estado», explica en el libro. Buena parte de la tecnología incluida en esos dispositivos de Apple, recuerda, fue financiada por el Departamento de Defensa estadounidense o la CIA.

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Otros ejemplos incluyen:

  • El Consejo de Investigación Médica del Reino Unido descubrió los anticuerpos monoclonales, que son la base de la biotecnología.
  • La Fundación Nacional de la Ciencia de los EE. UU. puso los fondos para el desarrollo del algoritmo que es la base el motor de búsqueda de Google.
  • Los fondos iniciales para Apple salieron del Programa de Investigación e Innovación de las Pequeñas Empresas del gobierno de los EE. UU.

El Estado como Inversor de Riesgo

La respuesta está en las inmensas dudas, lapsos de tiempo y los costos asociados con la innovación fundamental basada en la ciencia. De hecho, mientras más competitiva y pro financiera sea la economía, menos propenso será el sector privado en asumir esos riesgos. Recomprar acciones es aparentemente una manera mucho más atractiva de utilizar el efectivo extra que gastarlo en innovación fundamental. Los días de los vanguardistas Laboratorios Bell de la AT&T han quedado atrás.

De cualquier manera, el sector privado no hubiera podido crear Internet o el GPS. Solo el ejército de los EE. UU. Se puede no estar de acuerdo con que uno de los mayores motores de la innovación de las últimas cinco décadas ha sido la Agencia de Investigación Avanzada del Departamento de Defensa de los EE. UU. y el NIH.

Mazzucato ama desinflar mitos acerca de capitalistas de riesgo que aman el riesgo y burócratas que lo evitan. ¿Importa si el papel del Estado ha sido sacado de la trama? Primero, entre los legisladores aumenta la creencia en el mito de que el Estado solo es un obstáculo y, por lo tanto, priva a la innovación de su soporte y a la humanidad de las mejores perspectivas para su prosperidad. Segundo, el gobierno ha aceptado cada vez más que financia los riesgos, mientras que el sector privado “cosecha” los resultados.

Lo que está surgiendo, entonces, no es un verdadero ecosistema simbiótico de innovación, sino uno parasitario, en el cual los elementos deficitarios son socializados, mientras que los elementos rentables en su mayor parte son privatizados. Y añade: «La economía real, de bienes y servicios, ha experimentado un cambio similar al de la economía financiera: el riesgo se mueve cada vez más hacia el sector público y el sector privado recibe los beneficios».

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Pero, aclara, el papel de los Estados no debe ser el de «asumir los riesgos de la parte privada», sino compartirlos, al igual que los beneficios. La economista italiana recuerdan cómo la revolución biotecnológica de los años 80 y 90 del pasado siglo no fue producto única y exclusivamente de la financiación del capital riesgo. Explica que el trabajo sucio, la financiación de los fármacos más importantes, llegó de la mano del sector público.

Mazzucato cree que el Estado debe fomentar la competitividad de la economía financiando «de una manera continua y creciente» institutos de investigación como la red Fraunhofer de Alemania, o avalando proyectos a largo plazo como la estrategia de la energía 'verde'.

Ejemplos concretos: Del particular a lo general

Caso 1: La tecnología de la información y la comunicación (TIC)

Mazzucato destaca el papel crucial del Estado en el desarrollo de las TIC. No se trata solo de financiación, sino de la toma de riesgos y la inversión en investigación básica y desarrollo que el sector privado, por su propia naturaleza, suele evitar. Analicemos el desarrollo de internet: desde ARPANET, financiada por el Departamento de Defensa de EE. UU., hasta la financiación pública de la investigación en semiconductores, el Estado sentó las bases para la posterior explosión de la industria privada de las TIC. Este ejemplo refuta la narrativa de un mercado libre e incontrolado como motor principal de la innovación.

¿Qué ocurriría si el Estado no hubiese asumido esos riesgos iniciales? La ausencia de una inversión pública a largo plazo podría haber frenado, o incluso imposibilitado, el desarrollo de Internet tal como lo conocemos.

Implicaciones de orden superior: La dependencia en la inversión pública para la innovación fundamental conlleva la necesidad de un diseño cuidadoso de las políticas públicas. Una gestión ineficiente puede desperdiciar recursos y sofocar la innovación. Sin embargo, la ausencia de esa inversión puede resultar en un menor desarrollo tecnológico con consecuencias económicas y sociales negativas a largo plazo.

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Caso 2: La industria farmacéutica

La investigación y el desarrollo de medicamentos innovadores dependen en gran medida de la financiación pública. Mazzucato resalta cómo la inversión pública en investigación básica, incluso en áreas que parecen no tener aplicación inmediata, crea las bases para futuros descubrimientos. Muchos medicamentos de éxito tienen sus orígenes en la investigación financiada con fondos públicos, que luego son licenciados o transferidos al sector privado para su desarrollo comercial. Se puede observar esto en la investigación del genoma humano o en el desarrollo de vacunas.

Implicaciones de segundo orden: La privatización de los beneficios derivados de la investigación pública plantea cuestiones éticas y económicas. ¿Cómo se puede asegurar un acceso equitativo a los medicamentos desarrollados con fondos públicos?

Implicaciones y Propuestas

Al no admitir el verdadero papel del Estado, hemos terminado creando un «sistema de innovación» en el que el sector público socializa los riesgos mientras las recompensas se privatizan. Mazzucato propone ideas para cambiar esta dinámica disfuncional, reformulando los parámetros del tradicional debate Estado versus sector privado de manera que ambas partes resulten beneficiadas.

Mariana Mazzucato propone una economía mundial impulsada por un Estado emprendedor que no se limite a corregir los fallos del mercado; al contrario, propone que su papel sea innovador y asuma riesgos para hacerse acreedor y participe de los beneficios generados en las diferentes actividades que impulsa. Considera importante la redistribución de la riqueza, incluso, la predistribución de la misma, propuesta polémica porque asignar a la sociedad recursos que no se han generado llevaría a suponer que estos provendrían de más impuestos, o por un mayor nivel de endeudamiento con afectación de las generaciones futuras.

Ante crisis tan devastadoras como la de 2008 y la que se avecina ahora, los Gobiernos no tienen más alternativa que intervenir a fondo en la economía real y los mercados para evitar el desastre total. Subvenciones directas a ciudadanos en apuros económicos, aplazamiento de pago de impuestos, exoneración del abono de cotizaciones sociales... Son muchas las formas en las que el Estado se hace presente en un momento tan delicado como el de la pandemia del coronavirus. Ahora bien, más allá de destacar su papel a la hora de arreglar ineficiencias en la actividad de los mercados, es justo destacar el rol del Estado como agente emprendedor e innovador que asume inversiones de alto riesgo.

Críticas y Consideraciones Adicionales

Sin embargo, ciertos ejemplos y argumentos parten de datos incompletos, dudosos o erróneos.

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