Luis Castillo: Biografía de un Empresario en el Punto de Mira

La historia de Álvaro Romillo, conocido como Luis Castillo, es una de transformación y controversia. Desde sus inicios en el mundo de las estilográficas de lujo hasta su incursión en el sector de las criptomonedas y la elusión fiscal, su trayectoria ha estado marcada por el éxito y la polémica.

Inicios en el Mundo Empresarial

El primer rastro de la actividad empresarial de Álvaro Romillo Castillo se remonta al 11 de noviembre de 2011, cuando, con 26 años, participó en la Feria de la Estilográfica Madrid Pen Show representando a Romillo Pens, una empresa dedicada a la venta de estilográficas de lujo. En aquel entonces, Romillo hablaba con su nombre y a cara descubierta, ofreciendo piezas a un precio aproximado de 1.000 euros. Se trataba probablemente de la empresa familiar cuya quiebra achacaba a los impuestos. En 2016 dejó de haber rastro de actividad de Romillo Pens en España y en 2018 cesó también en el extranjero.

El Nacimiento de "Luis" y la Consultoría Fiscal

Tras la desaparición de Romillo Pens, Álvaro Romillo se reinventó como "Luis", emprendiendo negocios que poco tenían que ver con las plumas artesanales. Primero fue una consultoría en la que asesoraba sobre cómo eludir impuestos. Luego, los cursos con la misma temática. En 2022, creó Cryptospain, nacida para aconsejar en temas de criptomoneda, renta y elusión fiscal, como siempre.

En sus cursos sobre elusión fiscal, donde afirmaba que «el Estado te roba», explicaba cómo se había iniciado en el arte de bordear la legalidad para pagar menos impuestos o directamente no tributar. Según contaba, se especializó en la materia al ver cómo sus padres acabaron endeudándose por culpa de Hacienda hasta el punto de perder la casa. Tuvieron que cerrar la empresa que tenían, aseguraba, despedir a los empleados y trasladarse a Portugal, país con una política fiscal mucho más amable para los emprendedores.

Daba estas clases -100 euros al mes por el acceso online a todo su material didáctico durante un año- siempre con la mitad del rostro cubierto por una mascarilla negra y bajo la identidad de Luis. Así se llamaba también para las personas que dieron un paso más y, confiando en sus habilidades para sacar jugo al dinero, pagaban 2.000 euros al año para ser miembros de plataforma de inversiones Madeira Invest Club (MIC), y tener así acceso a comprar los lotes de productos que Luis ofrecía. Los beneficios que prometía eran altísimos y rapidísimos, y no había que tributar por ellos; la inversión, anónima. Un par de ejemplos: «Colección de 5.035 botellas de whisky: rentabilidad del 35% en ocho meses. Relojes de colección: un 42% en 10 meses».

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Madeira Invest Club y las Acusaciones de Estafa

En 2023, nació Madeira Invest Club. «En principio iba a ser un club exclusivo donde sólo iban a ingresar 1.000 personas, quienes, pagando una cuota de 2.000 euros al año, podrían tener acceso a distintas opciones de inversión y proyectos», explica a EL MUNDO Francisco Jiménez, director de Zaballos Abogados, despacho que lleva una de las dos denuncias colectivas que los afectados han presentado ante la Audiencia Nacional. Representan a «unos cientos» de perjudicados pero calculan en 2.700 el total de afectados sólo en España y en 600 millones de euros la cantidad supuestamente estafada. «La media de inversión es de 100.000 euros. Se podía invertir desde 500 hasta una cifra ilimitada en diferentes proyectos que ofrecían: restaurantes, empresas, bienes de lujo, coches, oro, obras de arte...», explica el abogado.

Uno de estos proyectos, detalla, era la construcción de un «resort de lujo en uno de los terrenos más caros de Punta Cana, en Cap Cana». Calcula Jiménez que MIC captó para ello «300 millones de euros de los que no se sabe nada». «El contrato de inversión para ese proyecto en República Dominicana era muy casero, hasta cutre. Se cometían errores en cantidades, en nombres... Y lo que se adjuntaba como prueba de que existía era un foto en un archivo jpg».

La mayoría de los inversores -«muchos del ámbito empresarial»- llegaban a MCI por el boca a boca. «Porque al principio cumplían con los contratos e incluso daban una rentabilidad de entre el 30 y el 50%. De repente, dejan de cumplir y se caen todas sus páginas web, deja Luis de contestar y cunde el pánico», dice el director de Zaballos Abogados sobre lo sucedido el pasado 16 de septiembre.

Los inversores descubrieron que Luis se llamaba realmente Álvaro Romillo después de que el pasado 16 de septiembre la plataforma dejara de estar operativa, de modo que cientos de ellos acabaron organizándose para denunciarlo en la Audiencia Nacional por presunta estafa piramidal.

Tabla resumen de las inversiones en Madeira Invest Club

Tipo de InversiónRentabilidad PrometidaPlazo
Colección de botellas de whisky35%8 meses
Relojes de colección42%10 meses
Resort de lujo en Punta CanaDesconocidaDesconocido

La Conexión con Alvise Pérez

Le faltaba al caso una última pirueta: el 19 de septiembre el cryptoempresario denunciado denunciaba su vez haber entregado 100.000 euros «en efectivo» al eurodiputado Alvise Pérez el 27 de mayo, poco antes de los comicios europeos. Éste le había prometido hacer lobby en Bruselas a favor del sector de las criptomonedas y de la independencia fiscal.

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De hecho, Alvise -que ha reconocido que recibió los 100.000 euros y está investigado por ello por financiación ilegal- asistió el 6 abril de este año, en el hipódromo de la Zarzuela de Madrid, a uno de los macroactos que MIC organizaba para publicitarse. En las imágenes que se difundieron del evento, se ve a Álvaro Romillo -Luis entonces- a pie del escenario, con la mascarilla puesta y aplaudiendo a Alvise mientras éste subía a la tarima. Por megafonía sonaba un tema musical: «España, qué bonita te ves, con tu democracia de mentira y tu gobierno del revés».

«En realidad vosotros aquí estáis haciendo cierto tipo de política, que es la contrapolítica a un Estado mafioso, perdonadme que lo diga, criminal, que os roba más del 70-75% de todo lo que producís todos vosotros cada año. Y eso, amigos míos, no sé cómo lo llamaréis vosotros, pero yo lo llamo esclavismo moderno», decía el líder SALF a un auditorio de unas 2.000 personas, muchas jóvenes.

En el grupo de Telegram que los afectados crearon, surgieron comentarios como: «Si miente -ya para empezar, no se llama Luis, su padre estaba muerto y por lo visto no lo está, vendía plumas cuando nos contó que su padre se dedicaba a una industria que le quebró la Seguridad Social, etc-, si miente, hay que actuar rápido». Zaballos Abogados ha denunciado a padre e hijo y a otras cuatro personas: socios, colaboradores... «Yo tendré que vender el piso para pagar cosas si no encuentro otra solución», decía otro inversor. «Yo ando en las mismas, hasta me saqué un crédito para meterle».

Los denunciantes han pedido que se ponga un administrador judicial al frente de las entre cinco y 10 empresas que tiene el grupo: restaurantes, negocios de ocio, de venta de coches de lujo... «Algunas son viables y pueden garantizar que se recupere parte del dinero de los inversores y, además, hay 200 trabajadores que dependen de estas empresas», dice Jiménez.

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