El liderazgo del Papa Francisco: Un modelo de humildad, empatía y valentía

Han pasado casi cinco años desde aquel Cónclave que eligió a Francisco como nuevo sucesor de Pedro y cabeza visible de la Iglesia Católica. A pesar de que siempre me ha parecido que, la mayoría de las religiones que se profesan en el mundo, no han aportado grandes lecciones de liderazgo, sí considero que este Papa lo está haciendo y ojalá por muchos años, algo nuevo y reseñable.

Su liderazgo, para empezar, ha conseguido poner de acuerdo a casi todos, en una infrecuente unión, que no es más que el reconocimiento de su gran valentía, de su enorme misericordia y de una fascinación nunca ocultada por todos aquellos fenómenos políticos de los últimos años que claman por la igualdad de oportunidades en todos países del mundo, despertando una lucha popular en letargo durante demasiado tiempo. No le faltan enemigos, algunos externos y otros desde el interior de la propia Iglesia, pero eso también es una buena noticia porque quiere decir que está pisando los callos de muchos reyes del dinero que no soportan que alguien pueda meter el dedo en sus ojos ciegos de poder, dinero y fama.

Un liderazgo, el de Francisco, que es también una búsqueda constante e incansable de una justicia universal que no llega y de la erradicación definitiva de guerras y pobreza. Unos objetivos que parecen inalcanzables pero que son merecedores de una lucha sin freno y fronteras.

El Papa: Popular, no populista

A menudo, ha querido identificarse su manera de hacer política como voz o instrumento de algunos de los movimientos populistas que se han abierto camino en Europa en los últimos años. Una valoración muy superficial, si se tiene en consideración la acepción negativa de la palabra populista. Bergoglio, si de algo está imprimiendo su pontificado es de una popularidad sin color y sin fronteras. Una popularidad incluyente que no se casa ni con nadie ni con nada. Una popularidad que es católica pero respetada e incluso amada por los agnósticos, por los ateos y por todos aquellos que desde la izquierda buscan recuperar aquellos derechos sociales básicos, que durante décadas creíamos ya inmutables y, por supuesto, irrenunciables, pero que los años de crisis han quedado reducidos al mínimo y han dejado en la estacada a mucha gente sin esperanza.

La figura de Francisco es amada en todo el mundo por su lucha sincera por los más débiles, por su defensa, sin hipocresías, de los verdaderos valores de la iglesia, por su crítica directa y sin tapujos de los innumerables errores que el Vaticano ha cometido a lo largo de los últimos años. El Papa es consciente de que hay gente mala y buena en todos los ámbitos... y que esa gente buena es a la que hay que aproximar a la iglesia para recuperar su patrimonio de misericordia, caridad y solidaridad.

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Un Papa viajero

Su acercamiento a los pueblos de todo el mundo, escenificado en sus muchos viajes cerca de los más desamparados es signo de esperanza y a la vez un mensaje contra el capitalismo y sus falsos mitos de poder. El Papa no quiere ser el jefe de ningún movimiento anticapitalista o antisistema, pero si se posiciona sin ningún tipo de vergüenza ni titubeos con los más débiles, con los que no tienen nada más que hambre, en el intento de restituir a todos por lo menos la esperanza. Dirigiéndose a todos ellos, el Papa Francisco, en un discurso hace dos años clamó, en voz alta y clara, que es "el momento de dar un gran salto en la política para revitalizar y refundar las democracias que están en una crisis verdadera".

Nada menos. Para eso se necesita de un liderazgo muy fuerte, alguien que pueda guiar esta nueva revolución democrática, que permita devolver la energía y la fuerza a todos aquellos que, de verdad, quieren un mundo más justo y con más oportunidades. Trabajo, casa, salud... no pueden ser unos lujos al servicio de unos pocos.

Un trabajo decente es lo que realmente dignifica al hombre, más que una limosna de paso en el cuenco de un pobre al que no miramos ni a los ojos. Por la caridad llegó la peste, decía mi abuela. Y tenía razón. Francisco nos ha enseñado que lo que tiene valor es la verdadera solidaridad y la lucha por la igualdad. Una verdadera solidaridad que consiste en luchar por universalizar los derechos sociales... para que cuando recibamos las consignas del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional acerca de la necesidad de reducir el gasto en sanidad o en educación, podamos dar respuestas serias y estructuradas. El Papa no puede abstraerse de su rol de guía religioso, pero es evidente que, hoy en día, es uno de los pocos líderes mundiales realmente capaces de luchar por la esperanza en un mundo mejor.

¿Francisco es de izquierdas?

Parece una paradoja, pero me atrevo a decir que Francisco es el único líder fuerte con el que cuenta la "izquierda" a nivel internacional. Sin embargo gusta también a todos los liberales que son progresistas en lo social. El Papa tiene muy claro que hay que luchar contra aquellos poderes económicos al servicio de algunos Estados que se inventan guerras para superar crisis, que se alían con los grandes lobbies de los señores de la guerra, que apoyan a líderes sin escrúpulos que persiguen solo el poder en todas su formas más violentas y excluyentes. Desde luego, tener a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos no es una buena noticia para reafirmar su liderazgo.

Sin embargo, todos los que de alguna forma nos dedicamos a entrenar a "poderosos" o a quienes aspiran a serlo, tenemos en él un ejemplo de cuáles deben ser algunas de las cualidades claves para los líderes del Siglo XXI.

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Los valores del liderazgo del Papa Francisco

Para empezar, su manejo extraordinario de las redes sociales y de la comunicación. Desde el primer día Bergoglio entendió la importancia de ser un líder mediático, de usar todos los medios de comunicación para llegar de la manera más correcta al mayor número de gente posible y, de paso, mandar mensajes, a veces envenenados, a los poderosos. El Papa predica con el ejemplo desde el primer día. Es conocida su frase sobre los pastores con olor a oveja. Oler como tu rebaño demuestra que quieres al propio rebaño. Y que te sientes parte de él. No ha cambiado su forma de vestir y no ha usado el lujo para escenificar su puesto en la jerarquía. Lidera desde la humildad.

Es resiliente y capaz de asumir las derrotas sin derrumbarse y se enfrenta a las adversidades cara a cara. Es valiente y odia a los cobardes. Lucha y nos llena con su energía, consciente de que solo de esta forma puede ser supremo transmisor de fe y esperanza.

¿Quién soy yo para juzgar? Sin duda una de sus frases más conocidas en el mundo: "Si alguien es gay, busca a Dios y es de buena voluntad... ¿quién soy yo para juzgar?" Una de las claves del gran líder: no juzga, evalúa. El Papa Francisco es ejemplo de liderazgo participativo, afiliativo. Busca ser incluyente con todos: con los que están dentro y con los que están fuera de la Iglesia. Prefiere el pragmatismo a la ideología, el sentido común a la razón, el dialogo a las líneas rojas. La realidad siempre está por encima de cualquier idea. Tiene su objetivo siempre en la toma de decisiones.

Y, por último, pero no menos importante: su cercanía es universal. Hacía mucho que un Papa no cosechaba consensos de forma tan global y universal. Más allá de la fe de cada uno, Francisco representa para mí un modelo de liderazgo profundamente humano, valiente y transformador.

🔹 Liderar es servir. Francisco nos enseña que el verdadero liderazgo no es la búsqueda de privilegios, sino la entrega al otro.🔹 Autenticidad antes que perfección.🔹 Transformar con amor, no con ruptura. Sus reformas buscan aggiornar sin perder la esencia.🔹 Escuchar para entender, no para responder. Francisco escucha voces distintas, incluso disonantes.🔹 Humildad y firmeza, juntas. Admite errores, pide perdón, pero sostiene sus convicciones.🔹 Visión de futuro. Trabaja para una Iglesia más abierta y humana, aún sabiendo que muchos cambios no los verá.🔹 Despojarse de los símbolos para acercarse a las personas. Desde el inicio de su pontificado, Francisco tomó decisiones que rompieron moldes: renunció a los zapatos rojos, al trono de oro y a otros símbolos de poder. Prefirió el blanco sencillo, el anillo de plata, los gestos humanos. Su mensaje fue claro: el liderazgo no necesita adornos para ser verdadero.

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Al mirarlo, confirmo una vez más algo que creo profundamente: liderar es una forma de amar.

El Papa Francisco demostró empatía por las muchas personas marginadas y desposeídas con las que se relacionaba habitualmente. Abrazó a presos y refugiados, lavó los pies de los sin techo y acogió a quienes a menudo eran dejados de lado. Su acogida a personas de toda condición recordó al mundo que la empatía exige algo más que palabras amables. Exige una acción coherente.

El Papa Francisco es un ejemplo de lo que significa dar la bienvenida a la mesa a todos. Defendió la dignidad de las personas LGBTQ+, llamó la atención sobre la crisis mundial de refugiados y recordó a la Iglesia y al mundo que nadie debe ser excluido.

El Papa Francisco comprendió la responsabilidad que conlleva el poder. Se enfrentó a los fallos sistémicos de la Iglesia, incluidos los escándalos de abusos y la mala gestión financiera. Aunque no son perfectos, sus esfuerzos por sacar los problemas a la luz supusieron una ruptura con los antiguos patrones de secretismo y silencio. Demostró que la responsabilidad y la transparencia no son una amenaza para el liderazgo.

El Papa Francisco ha hablado con claridad y coherencia sobre los acuciantes problemas éticos de nuestro tiempo. Ya sea llamando la atención sobre la crisis climática, defendiendo a los migrantes y los pobres, o abogando por la dignidad de las personas LGBTQ+, el Papa Francisco se negó a rehuir cuestiones complejas y políticamente sensibles. Su inquebrantable llamamiento a la paz fue constante a lo largo de su mandato, en el que instó al diálogo por encima de la división y al fin de la guerra. Incluso en su último mensaje de Pascua, hizo un sentido llamamiento a la paz.

En una época en la que la división y el miedo determinan con demasiada frecuencia el liderazgo, el Papa Francisco ofreció algo diferente. Él escuchó primero, utilizó el poder de su posición para inspirar, y vio el servicio no como un sacrificio sino como un propósito. A menudo conocido como el «Papa del pueblo», el Papa Francisco no se esforzó por controlar el comportamiento de la gente. En su lugar, optó por ser compasivo y cuidar de ellos.

Mientras el mundo reflexiona sobre su fallecimiento, está claro que el Papa Francisco ofreció un modelo de liderazgo basado en el servicio, no en el estatus. Su legado nos recuerda que un liderazgo excelente se mide mejor por el valor de servir a los demás con empatía y convicción. Y el tipo de liderazgo que perdura, el que transforma, parte de la humanidad y lidera con corazón.

La esencia del liderazgo del Papa Francisco rezuma vida. Su estilo de conducción de la Iglesia Católica ha supuesto una motivadora sacudida que ha sorprendido al mundo. Pero su base es sencilla. Está sintetizada en el título de la Exhortación Apostólica: La alegría del Evangelio. Desde su llegada al pontificado no ha habido grandes cambios doctrinales pero sí muchas otras cuestiones que abordar. El principal problema con el que se encontró el Papa Francisco en marzo de 2013 fue la crisis de credibilidad moral en la que se encontraba la Iglesia Católica. En aquellos momentos la Iglesia atravesaba un período oscuro motivado por diversos escándalos de distinta índole. No obstante, el pontificado de Francisco supuso un gran cambio. Supo restablecer de manera extraordinaria esa credibilidad mediante su ejemplo, su coherencia y su estilo de comunicación. Hace lo que dice. Credibilidad y comunicación van de la mano. La Iglesia si no es creíble no sirve y la credibilidad se ha de comunicar. La credibilidad es el núcleo de la visión del Papa Francisco para su Iglesia.

En el origen de su peculiar estilo de liderazgo se encuentran varias cuestiones. En primer lugar, el Papa Francisco se ha formado en la tradición de San Ignacio de Loyola, lo que le ha facilitado un profundo conocimiento de sí mismo y una determinación clara de su sentido de vida a través de los Ejercicios Ignacianos; gracias al mes en silencio característico de estos Ejercicios se alcanza un conocimiento profundo de las propias capacidades y limitaciones, desarrollando el autoliderazgo para asumir el liderazgo de cualquier organización. Es preciso ordenar la propia vida para liderar la Iglesia y dar el mensaje de Cristo.

En segundo lugar, destaca su creatividad y su apertura ante los desafíos nuevos que ha de afrontar; considera que los desafíos están para superarlos teniendo en cuenta que la persona es el centro y volviendo así al humanismo cristiano. Imaginación, creatividad, adaptabilidad y rápida respuesta son la clave para afrontar estos desafíos. Asimismo, Francisco aporta una mirada positiva del hombre, le invita a salir de su ensimismamiento y a mirar con confianza al futuro siendo su protagonista, de manera que no quede anclado en la nostalgia de estructuras y costumbres que ya no son cauces de vida en el mundo actual. Por último, impregnado del espíritu de la Compañía de Jesús, el Papa Francisco destaca por su espíritu de heroísmo basado en una simple consigna, magis (más), las metas cada vez son más elevadas y todo el esfuerzo se pone al servicio de éstas.

Por otro lado, su estilo de comunicación es completamente novedoso. El Papa enseña y comunica con sus gestos, enseña con ellos. Utiliza las imágenes más que las palabras. Transmite ideas claras utilizando frases cortas, contundentes y hasta cierto punto coloquiales. Su comunicación es transversal; quiere que todo el mundo le entienda. Para ello comunica segmentadamente; considera que “si hablo para todos no hablo para nadie”.

Cada persona es digna de nuestra entrega. Esta frase contiene la clave del liderazgo de Francisco. El liderazgo debe estar al servicio de las personas y del bien común.

Para ello, el Papa Francisco basa su estilo de liderazgo en los siguientes principios:

  • El tiempo supera al espacio. Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.
  • La unidad prevalece sobre el conflicto. El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Ante el conflicto hay quien pasa de largo, quien queda atrapado en él y pierde perspectiva haciendo imposible su resolución y otros que, de la manera más acertada, aceptan resolver el conflicto y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso. El hecho de aceptar que la unidad es superior al conflicto implica la resolución del mismo en un plano superior porque lo que une es más grande que lo que separa.
  • El todo prevalece sobre las partes. El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas. Hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos.
  • La realidad es superior a las ideas. La realidad simplemente es, la idea se elabora. La realidad es superior a la idea, lo que supone evitar las diversas formas de ocultar la realidad y vivir en el ámbito de la sola palabra, de la imagen, del sofisma.

El liderazgo del Papa Francisco se dirige principalmente a abordar cuatro cuestiones:

  • La pobreza. El nombre escogido por el Cardenal Bergoglio está íntimamente ligado con esta cuestión. San Francisco de Asís es su referente. Quiere una Iglesia pobre para los pobres.
  • Ecología y medio ambiente. La relación de la ecología con el ser humano será el tema de la próxima Encíclica del Papa Francisco. El 19 de marzo de 2013, en su primera homilía como Papa, hizo un llamamiento a todos los cristianos a ser custodios de la creación: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos custodios de la Creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de la destrucción y de muerte acompañen este mundo nuestro”.
  • La paz en el mundo. La paz no es una ausencia de guerras, sino una justicia más perfecta entre los hombres.
  • La reforma de las estructuras y el cambio cultural. La Iglesia está siendo un referente, se está animando a plantearse reformas profundas de unas estructuras caducas para no quedarse encerrada en sí misma.

La confianza en que las cosas nunca están tan mal, la invitación a tener mayor esperanza en el futuro, la permanencia cerca del que sufre, la construcción de puentes, la defensa de la fraternidad universal y la vuelta al Evangelio es el legado que Francisco deja a su Iglesia.

No cabe duda de que el papa Francisco levanta pasiones no solamente entre los católicos, sino también entre los ateos, el resto de los cristianos e incluso entre personas de otras religiones. No existe un líder en América Latina que provoque tanto fervor y veneración en gentes de todas las edades, convicciones y condiciones sociales. Tiene lógica: análogamente, no por ser aficionado del Real Madrid tiene sentido decir que Messi es simplemente un buen jugador.

Hace casi dos años, en mi artículo “CEO papa Francisco: lecciones de liderazgo”, destaqué qué cualidades del ya octogenario argentino le habían llevado a reactivar a la Iglesia católica. Desde que tomó posesión del cargo, centró la organización en una misión: ayudar a los pobres (lo hizo dando ejemplo: abandonando los lujos) y empleó el reposicionamiento de marca: apoya la enseñanza tradicional, pero de forma más tolerante («¿Quién soy yo para juzgar?», dijo cuando se le preguntó por los homosexuales).

Resalté cuatro lecciones de liderazgo:

  1. No tener miedo a romper con el pasado, pero aceptar que el cambio lleva tiempo.
  2. Establecer alianzas. El papa suele mencionar a Pedro Faber, uno de los primeros sacerdotes jesuitas. De él admiraba «el diálogo con todos, incluso con sus oponentes».
  3. Buscar el consejo de expertos. Francisco está interesado en el cambio climático y consultó en su momento al Instituto Potsdam. Significa que mientras la gente puede estar en desacuerdo con su opinión, es más difícil no estar de acuerdo con los estudios que utilizó.
  4. Tener una misión. Las empresas más exitosas se dejan llevar por un propósito más elevado. Francisco ha hecho hincapié en que hay algo más en los negocios que sólo hacer dinero.

Todas estas lecciones se basan en los méritos del papa como hacedor (doer), pero en la visita a Colombia hay nuevas enseñanzas de su faceta como pensador (thinker). La clave de sus frases es que son muy sencillas para poder llegar a todo el mundo, pero están cargadas de mucho contenido. Nos basaremos en algunas de ellas para extraer conclusiones:

- «No se dejen robar la alegría ni la esperanza». Detrás de esta frase hay un claro mensaje de liderazgo: para dirigir hay que tener ilusión, pero sobre todo autoconciencia y autopoder. Es decir:

  1. tener desapego de las críticas y de los halagos,
  2. ser humilde pero no indigno (ni por encima ni por debajo de nadie), y
  3. ir por la vida sin miedo.

- “¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande!». La vida es incierta y la mayoría de la gente se siente tan incómoda con esto que se apoderan de la certeza cuando no deberían hacerlo. Siguen las opiniones de las personas de su entorno, van a trabajar a donde se espera que lo hagan, y sólo se sienten seguros cuando encajan ahí. Sin embargo, el verdadero éxito en el campo del liderazgo se basa en hacer las paces con la incertidumbre, convirtiendo lo desconocido en un campo de infinitas posibilidades creativas. La incertidumbre personal es difícil, sin duda. Se necesita un esfuerzo consciente para colocarse en una posición en que las cosas estén abiertas. Pero si no se hace, la alternativa es una postura cerrada y limitadora de los sueños.

- «Basta una persona buena para que haya esperanza, y cada uno de nosotros puede ser esa persona». Esta reflexión tiene un significado parecido al de la famosa frase “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Liderar implica actuar. No podemos escondernos pensando que, como nuestro aporte es casi irrelevante, no debemos colaborar. Liderar es dar ejemplo, y contribuir perseverando y motivando.

- “Los comunistas nos quitaron el protagonismo de la lucha contra la pobreza”. Con esta frase se acabaron las críticas políticas hacia el papa. Decía Winston Churchill que “El vicio del capitalismo es el desigual reparto de bendiciones. La virtud del comunismo es el equitativo reparto de miseria”. La lucha contra la pobreza es labor de todos los líderes, sea usted de derechas, de centro o de izquierdas. En primer lugar, por humanidad pura, pero en segundo lugar porque la pobreza y la extrema desigualdad llevan al auge del populismo y de los regímenes radicales (tanto de izquierdas como de derechas, insisto). Gracias a Dios, hoy en día casi todo el mundo está concienciado con la erradicación de la pobreza.

- «Los invito al compromiso, no al cumplimiento». Como comenté en mi artículo “¿Cómo lograr el gran liderazgo?”, los líderes sacan lo mejor de los demás, pero los más exitosos forman vínculos emocionales duraderos. La lealtad depende de este ingrediente clave. La motivación profunda se desarrolla tras ello. El papa Francisco explicó que los escribas en el Templo, a quienes se les confiaba la responsabilidad de interpretar y enseñar las Escrituras, a menudo se comportaban de manera contraria a sus enseñanzas. «A estos últimos se les había confiado un papel importante en la comunidad de Israel: leían, transcribían e interpretaban las Escrituras. Por eso se les tenía en gran estima y el pueblo les rendía reverencia», recordó el papa. Sin embargo, muchos utilizaban su posición para «mirar a los demás desde arriba» y ocultarse detrás de una falsa piedad, aprovechando su posición para obtener privilegios a costa de los más vulnerables, en especial las viudas.

En el cierre de su discurso, Francisco pidió la intercesión de la Virgen María para combatir la tentación de la hipocresía en nuestra vida, haciendo el bien de manera sencilla y sin alardes. Luego del Ángelus, el papa pidió oraciones y apoyo para los afectados por inundaciones en Valencia, España, y para las comunidades desplazadas en Flores, Indonesia, debido a recientes erupciones volcánicas.

El papa nos invita a vivir un liderazgo que levante a los demás con esperanza y servicio auténtico. El Papa Francisco es reconocido dentro de la iglesia por su voz profética que invita a una renovación y un cambio desde adentro para aportar lo más valioso que tenemos para compartir con la humanidad: Jesús de Nazaret.

UN LIDERAZGO EN CONEXIÓN VITAL CON LA REALIDAD: Es un principio que orienta las comunidades para construir un proyecto común. La realidad es superior a la idea. “Sus discursos y posiciones dan cuenta de un conocimiento profundo de la realidad.

LIDERAR CON HUMILDAD Y PACIENCIA: Si podemos desarrollar una actitud verdaderamente humilde, podemos cambiar el mundo.

UN LIDERAZGO QUE SANE Y CURE LAS HERIDAS: Es lo propio de Jesús y su práctica curando física y espiritualmente a los más necesitados. “Lo que la iglesia necesita con mayor urgencia es capacidad de curar heridas y dar calidez a los corazones. Cercanía, proximidad. Como un hospital de campaña tras una batalla”. Es lo que pide el momento histórico que estamos viviendo en el mundo.

UN LÍDER SIN AUTOREFERENCIALIDADES: Francisco ha denunciado la enfermedad de creerse inmortales e indispensables. Con insistencia el Papa invita a romper el espejo.

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