¿Quién no ha oído hablar de los no-muertos de Haití, los famosos zombis del vudú? Junto con el Yeti, el monstruo del lago Ness, el triángulo de las Bermudas y el truco de la cuerda de los faquires hindúes compite por el premio al fenómeno más famoso sobre el cual no existen evidencias directas de su existencia.
El Origen del Mito del Zombi
El zombi real, porque al parecer existir existen, nada tiene que ver con los devoradores de casquería que aparecen en las películas de terror modernas y que siembra el caos y el pánico allí donde aparecen. El zombi de carne y hueso nace del vudú. Se dice que la palabra podría tener relación con el nombre de una serpiente divina que es objeto de culto en las regiones de lenguas níger-congo (también adorada en el vudú bajo el nombre de Damballa), y que está emparentada con el término kikongo nzambi, que significa dios.
En algunas lenguas kongo, como el kikongo, "nzambi" significa "dios". En idioma kimbundu -cooficial en Angola-, el término "nzumbi" se refiere al alma. Hay palabras muy similares en otras lenguas bantúes del área del Congo y Angola. En las lenguas tsogo -habladas en Gabón-, "ndzumbi" significa "cadáver". En lengua yoruba -hablada en Nigeria, Benín y Togo, pero también en Cuba-, la palabra "fúmbi" significa "espíritu". Todos ellos son conceptos semejantes en cuanto a su forma, pero también en cuanto a su contenido: apelan a la divinidad, la muerte y el más allá.
Las victimas de la maldición zombi son dadas en un primer lugar por muertas y posteriormente resucitadas para servir a un amo, en concreto a un brujo, Hougan o Bokor que es capaz de dominar la voluntad del resucitado para que le sirva o para alcanzar un propósito determinado. Podría decirse bien que son como esclavos sobrenaturales. Son pocos los casos que se han podido recoger a lo largo de la historia ya al final del siglo XVII se hablaba de ellos. Su presencia estaba vinculada a relatos orales portados por marineros que venían del sur de África o de tierras del Caribe.
El Caso de Felicia Félix-Mentor
Pero quizás el caso más famoso es el de Felicia Félix-Mentor, una joven fallecida y enterrada en 1907 y a quien, sin embargo, muchos lugareños, entre los que se encontraba el propio padre y el hermano, aseguraban haberla visto deambular por los alrededores treinta años después convertida en una zombi. Este caso fue recogido en 1937 por escritora estadounidense Zora Neale Hurston tras un viaje a Haití donde conoció a la supuesta Felicia.
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La única prueba es una fotografía y el testimonio, en 1937, de la folclorista Zora Neale Hurston, que dio con el caso de Felicia Félix-Mentor, una mujer que murió y fue enterrada en 1907, a la edad de 29 años. Treinta años más tarde, su familia vio en una mujer que vagaba por los campos un parecido notable con su recuerdo de ella y la acogieron en su casa. No dudaron, era Felicia. Les bastó el parecido y su fe inquebrantable en el vudú.
Según relataba en uno de sus escritos: La visión fue tremenda. La cara carecía de expresión. Los ojos estaban muertos. Las pestañas eran de color blanco, como si hubiesen sido quemadas con ácido. No se le podía decir nada, ni obtener nada de ella; sólo podía ser contemplada. Y la contemplación de aquel despojo humano era imposible de soportar durante mucho tiempo. De ese encuentro tomó una fotografía que rápidamente recorrió el mundo sacando a la luz uno de los secretos mejores guardados de la historia. Fue a partir de entonces Hurston se dedicó en pleno a buscar todo tipo de rumores que afirmasen que los zombis existían. Conoció otras historias pero ninguna tan cercana como su encuentro con Felicia.
Felicia Felix-Mentor había muerto en el año 1907 en su pueblo de la comuna de Ennery, en el distrito de Les Gonaïves, y 29 años más tarde, en octubre de 1936, regresó. Mucho más vieja y con aspecto de haber perdido el juicio, apareció caminando de nuevo por la villa. Deambulaba por las calles sin rumbo aparente, como si se hubiese perdido. La mirada vacía, la piel deteriorada… Su rostro parecía un viejo retrato maltratado por la desgracia y el paso de los años. Pero era ella. La misma mujer a la que habían enterrado en 1907.
No obstante, la investigación de Louis P. Mars, del Instituto de Etnología de Puerto Príncipe (Haití), demostró que no podía ser ella. Incapaz de comunicarse, malnutrida, con una enfermedad en los ojos que le obligaba a ocultar su cara del sol con una tela negra, Mars le diagnosticó una esquizofrenia. Todas sus respuestas eran ininteligibles e irrelevantes, estallaba en risas sin motivo y hablaba de ella tanto en primera como en tercera persona. Tenía una total perdida del sentido del tiempo y vivía al margen de lo que sucedía a su alrededor.
Uno de ellos, el psiquiatra Louis P. Mars, publicó un artículo sobre Felicia algunos años después, en 1945, en el que describía al "presunto zombi en cuestión" como alguien que "no estaba en capacidad de dar ninguna información sobre su nombre, su edad, su lugar de nacimiento, donde había estado antes, adónde iba o cómo había llegado al hospital". Sus familiares habían reconocido a Felicia, pero ella parecía carecer de la facultad de hablar o razonar. El psiquiatra escribió que "había perdido el sentido del tiempo y se mostraba muy indiferente al mundo alrededor de ella". Una situación idónea para llevar a cabo los trabajos que nadie más estaría dispuesto a hacer.
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Otras Investigaciones y Teorías
En 1985 el antropólogo y entobotánico canadiense Wade Davis publicó los polémicos libros: 'The Serpent and the Rainbow (La Serpiente y el Arco iris)' y 'Passage of Darkness: The Ethnobiology of the Haitian Zombie' (1988) sobre sus experiencias en Haití en especial con el uso de dos sustancias en polvo que podían causar un efecto de zombificación en aquellos a quienes se les suministraba.
Como resultado de sus investigaciones, Davis afirmó haber descubierto que el proceso de zombificación dependía de la ingestión de dos tipos de polvos. Según Davis la primera fase para crear un zombi era la llamada Coup de Poudre (Golpe de polvo), el contenido químico de ese polvo sería la tetrodotoxina, una toxina muy común en el pez globo. Administrada en una dosis semiletal sería capaz de crear un estado de muerte aparente aunque la víctima seguiría siendo consciente de todo. El primero, que los nativos llamaban coup de poudre, induce un estado parecido a la muerte, donde el ingrediente fundamental es la tetrodotoxina, una sustancia mortal que se encuentra en la delicatessen japonesa fug o pez globo y que aquí es usada en dosis cercanas a las letales. El segundo son alucinógenos disociativos, que dejan a la persona en el clásico estado sin voluntad del zombi.
Pasados unos días el hechicero desenterraría al muerto con vida y le aplicaría un emplaste de datura o estramonio, creado con una verdura que en Haití se le conoce como Concombre Zombi. Este producto sería el qué anularía la voluntad del zombi. Al igual que le sucedió a Hurston el propio Davis conoció a un zombi llamado Clairvius Narcisse. Este se había librado de la maldición y aseguraba haber vivido como esclavo zombi en una plantación durante dos largos años.
Davis popularizó así la historia de Claivius Narcisse, que había sucumbido a esta práctica. Sin embargo, existe un considerable escepticismo entre el resto de sus colegas de que realmente sea así y de que, de semejantes polvos, vengan esos lodos.
El intento más célebre por averiguar el trasfondo científico de esas historias lo protagonizó el antropólogo canadiense Wade Davis. A principios de la década de los 80, el Indiana Jones de la etnobotánica se adentró en las herméticas sociedades secretas de Haití y regresó con una explicación: en un territorio en donde el poder estatal se ha ejercido únicamente en las ciudades, el campo ha estado regido por instituciones de impronta africana, en las que el brujo, el juez, el médico y el verdugo se confunden en una misma persona.
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En ese entorno, quien atenta contra la comunidad cometiendo, por ejemplo, violencia doméstica o robo a los familiares, se arriesga a la ‘zombificación’. De acuerdo con su interpretación, un zombi sería algo así como un condenado a trabajos forzados. Davis aseguró haber identificado el ingrediente de la pócima empleada para inducir un estado comatoso en los sentenciados: la tetrodotoxina extraída del pez globo.
Tal afirmación resultó ser el Talón de Aquiles de su análisis. Los test hechos por otros expertos apenas detectaron tetrodotoxina en la pócima aportada por Davis. Otros negaron a esa sustancia tóxica el poder de crear individuos manipulables. Cundió la sospecha de que, como a veces sucede en la pesquisa etnográfica, los informantes brujos engañasen a Davis. Pese a que las críticas socavaron el sustento farmacológico de su teoría de la ‘zombificación’, el etnobotánico la continúa defendiendo a capa y espada.
El debate tomó otro cariz en 1997, cuando la revista The Lancet publicó una investigación llevada a cabo por el antropólogo británico Roland Littlewood y el médico Chavannes Douyon. Tras estudiar con escáneres y otras pruebas a tres presuntos zombis, les diagnosticaron diversos trastornos mentales -uno de ellos padecía esquizofrenia catatónica-. Concluyeron que el misterio se explicaría por una mistificación colectiva de las enfermedades psiquiátricas; un fenómeno equivalente a la confusión entre psicosis y posesión demoníaca en la Europa del siglo XVI.
El Zombi en la Cultura Popular
Pese a la falta de pruebas, el mito del zombi fue creciendo en Occidente. En 1985, el etnobotánico Wade Davis publicaba el libro La serpiente y el arco iris (llevada al cine por el irregular director Wes Craven), donde describía sus aventuras por Haití tres años antes.
Más adelante, el término "zombie" se incorporaría a la cultura popular, acaso desvirtuándose en las salas de cine, pero sus orígenes se remontan al sistema esclavista de la colonia francesa de SaintDomingue -actual Haití- y el consecuente comercio de personas desde África, que sirvió de caldo de cultivo para la simbiosis entre el catolicismo y las creencias tradicionales de los esclavos africanos, como el vudú. De las costumbres y ritos funerarios de esta religión se conservó la idea de que los hechiceros, llamados bokor, podían usar su poder para causarle la muerte en vida a una persona y apoderarse de su voluntad, controlando el cuerpo y las acciones del "no muerto".
El libro de Davis fue llevado al cine de la mano de Wes Craven en 1987 con moderado éxito. El mito zombi no era una novedad en las salas de cine. Una de las primeras películas en hablar del tema fue I Walked With a Zombie (Yo Anduve con un Zombi) de Jacques Torneur, en 1943. La historia narra como Betsy Connell, una joven enfermera es contratada para cuidar a una paciente en la ficticia isla caribeña de San Sebastián. Al llegar se percata que la mujer, esposa de un rico hacendado, se encuentra en una especie de estado de trance. La presencia de un inquietante esclavo la conducirá a conocer de cerca el mundo del vudú y el mito del zombi.
Otra película mítica que aborda el tema es White Zombie (la Legión de los Hombres sin Alma) de Victor Halpenin en 1932 y con Bela Lugosi como protagonista. Pero la que sin duda marca un antes y un después en el mito es sin dudaThe Night of the Living Dead (La Noche de los Muertos Vivientes) de George A. Romero en 1968. Aquí ya podemos ver a los zombis modernos, los que son realmente muertos y han sido resucitados de forma misteriosa (en la película nunca se llega a aclarar) y que asesinan y devoran a aquellos que se encuentran en su camino. A partir de esta cinta los zombis Haitianos dejan de interesar. El público quiere monstruos caníbales que invaden la tierra diezmando a los verdaderos vivos. Romero es el primero (su vinculación en el universo de los muertos sin alma es casi un estigma en su carrera con seis obras sobre el tema) pero tenemos a otros como Jorge Grau con su mítica No Profanar el Sueño de los Muertos realizada en 1974, El Ataque de los Muertos sin Ojos, de Amando de Ossorio en 1972, Zombi 2 (Nueva York Bajo el Poder de los Zombis) de Lucio Fulci, en 1979 o la más reciente el excelente versión de la segunda película sobre zombis de Romero titulada Dawn of the Dead (Amanecer de los Muertos) de Zack Snyder en 2004.