El liderazgo distribuido (LD) es un enfoque conceptual y analítico que busca explicar el trabajo de las direcciones escolares en un contexto complejo y de múltiples relaciones personales. Este tipo de liderazgo está muy relacionado con el pedagógico, tiene una gran variedad de significados y proporciona una perspectiva alternativa sobre el liderazgo educativo.
¿Qué es el Liderazgo Distribuido (LD)?
El LD se origina en la investigación educativa y se centra en la contribución a la función directiva de todos los actores, en lugar de analizar las características de un líder único. La función directiva está extendida a lo largo de la organización escolar y el liderazgo distribuido estudia las tareas de las diferentes personas de la organización que contribuyen a dicho liderazgo.
El liderazgo desde una perspectiva distribuida se basa en la "teoría de la actividad" y "del conocimiento distribuido", y contempla las actividades de dirección como situadas en un contexto y en un proceso social que refleja la intersección de líderes, seguidores y contexto. Spillane (2008) define el liderazgo como “las actividades centrales de la organización diseñadas por el equipo directivo para influir en la motivación, en el conocimiento, en la eficacia de las prácticas del resto de los miembros de la organización”.
Por consiguiente, el líder se implica en estas actividades desde las tareas que asume y no desde la posición que ocupa. Esto implica que hay un juego de influencias recíprocas entre directivos y seguidores, pero que el rol de líder es dinámico porque una persona a veces lidera y otras veces sigue a quienes lideran los procesos en ese momento.
La investigación educativa ha utilizado una gran cantidad de términos para referirse al LD, tales como: compartido, participativo, colaborativo, democrático, intermedio, delegado, múltiple, en equipo, informal, situacional.
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Esta multiplicidad de términos nos ilustra sobre dos cuestiones complementarias: que el liderazgo distribuido es un concepto en construcción, que ha ido progresando a medida que las investigaciones avanzaban y daban sentido a las intervenciones de los líderes educativos, y que el concepto es muy amplio y en consecuencia difuso.
Estas dos características hacen que las implicaciones educativas sean a la vez profundas y cambiantes. Posiblemente no existe en la investigación sobre liderazgo educativo un concepto más prometedor. El LD está teniendo la capacidad de introducir en el debate educativo varias cargas en profundidad sobre concepciones y actuaciones educativas muy encorsetadas y rígidas, posiblemente consecuencia de la falta de rumbo y de avances claros en los sistemas educativos.
Cargas en Profundidad del Liderazgo Distribuido
- Supone un cambio amplio y extenso en la cultura escolar preponderante en las escuelas y en los sistemas educativos.
- Requiere de una nueva concepción del liderazgo escolar, mucho más abierta, dinámica y transformadora que la actual, que pone en cuestión los valores comúnmente aceptados sobre qué es ser un líder.
- Lleva aparejado un diferente marco conceptual, que integra las múltiples perspectivas sobre la finalidad de las instituciones escolares y la intervención de los líderes en el cambio que estas precisan.
Culturas Escolares Obsoletas y Emergentes
El LD es una red que se extiende por la escuela y que impregna su cultura, una manera responsable de ocuparse de la función que cada agente educativo tiene asignada (Campo, 2018).
Aspectos de la Cultura Escolar Emergente Relacionados con el LD
a.- Compromiso e implicación colectivos e individuales en la construcción de la escuela.
Es preciso y urgente cambiar el rumbo, que cada escuela se construya colectivamente con el compromiso de todos los agentes educadores, comenzando por el profesorado. Los centros se idean primeramente alrededor de los proyectos compartidos, que dan sentido a la intervención colectiva, cuya máxima expresión son el Proyecto Educativo o el Proyecto Estratégico.
Al compromiso colectivo, se le suma el individual. Hablamos de la capacidad de cada agente educador de construir centro junto con los demás y, a la vez, responsabilizarse de liderar los cambios que se precisan en la esfera individual para alcanzar esa meta. De esta forma, estará logrando ser parte de un clima y cultura escolares que se extienden por todos los rincones de su escuela, como lluvia fina.
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b.- La gestión de las relaciones, en el centro de todo
Aquí resaltamos la importancia de aquellos aspectos que más ayudan a la horizontalidad de las relaciones, construidas en base a la confianza entre las personas de cada estamento. Estas relaciones comienzan por el propio equipo directivo, para extenderse hasta el profesorado y al resto de agentes educadores y acaban calando entre el alumnado. Este último también es un agente educador de primer orden, a la hora de ejercer el liderazgo necesario para construir una convivencia basada en la simetría, la cooperación y el buen trato entre iguales.
Es imprescindible que cada escuela trabaje las capacidades de sus agentes educadores para formarse en la gestión relacional, necesaria para liderarse a sí mismo y para liderar grupos humanos. El centro que se aleja de esta evidencia, ve reducida sus actuaciones a meros procedimientos y formulismos vacíos de contenido.
c.- Incremento de la capacidad de cada centro para que el aprendizaje se convierta en un bien de todos.
Cada escuela es la encargada de poner las bases para que el aprendizaje se convierta en un bien organizacional, compartido por todos, el alumnado y también los agentes educadores. Todos se forman aprendiendo. Nos referimos a las comunidades profesionales de aprendizaje, en el sentido descrito por Bolívar (2019).
Es el caldo de cultivo, el clima y cultura necesarias para que el alumnado se convierta en un agente activo en su propio proceso de aprendizaje. La escuela es un microcosmos donde se activan las competencias para la vida. Estos centros educadores, sostenidos en comunidades educativas altamente comprometidas, consideran que la tarea que les corresponde es acompañarles en su crecimiento, en sus múltiples crecimientos, el personal, el social y el intelectual.
LD, Una Manera Alternativa de Entender el Liderazgo Educativo
Para acercarnos al entendimiento del LD utilizaremos dos perspectivas diferentes que combinaremos, la positiva y la negativa. De esta forma amplificaremos y afinaremos el punto de mira sobre sus características.
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Longo (2008) sintetiza qué es el LD de la siguiente manera: “El promotor de liderazgos distribuidos es un activador de talentos. Es capaz de atraer a su entorno a personas capaces de emprender e innovar, y las ayuda a comprometerse consigo mismas en el logro de metas estimulantes. Promueve la experimentación y el aprendizaje. Formula los encargos como desafíos abiertos a la aportación e iniciativa de los otros. Les invita a hacerse propietarios de proyectos, a vivirlos y protagonizarlos. Incentiva la búsqueda de colaboraciones, la construcción de comunidades y redes, la transgresión de las fronteras departamentales. El liderazgo distribuido requiere, desde luego, límites y mecanismos de evaluación, pero exige que unos y otros estén al servicio del propósito común, se revisen y actualicen cuando sea necesario y no coarten el compromiso de la gente”.
Cualidades del LD
Valores y ejercicio del poder
El LD se ejerce en mucha mayor medida por medio de la “auctoritas” -legitimación socialmente reconocida a una persona, que proviene de su capacidad moral y técnica para emitir una valoración cualificada-, que de la “potestas” -poder socialmente reconocido, propio de quien tiene capacidad legal para hacer cumplir su decisión-. Es el modelaje que los líderes logran por medio de sus maneras de actuar, por el ejemplo que representan para los demás en el sentido descrito por Gomá (2010) “El buen ejemplo hará mejores a los seres humanos que lo observan”.
Se promocionan valores que se basan en la confianza y el buen trato, cuidarse y cuidar a los otros: estimular, motivar, ayudar a comprometerse con la propia tarea, con la de los demás y con la común, convencer, apoyarse todos mutuamente, aprender junto con los demás, etc.
Los necesarios cambios
El liderazgo educativo, en especial el distribuido, está asociado indefectiblemente al cambio que se requiere en las escuelas para convertirlas en lugares de aprendizaje para todos, tanto en el nivel individual como en el colectivo.
Se promociona el compromiso colectivo e individual para transformar la escuela por medio de la transformación de la propia práctica y de la práctica común. Se rediseña la organización escolar y reformula el sistema de toma de decisiones.
Asentar y extender el liderazgo
Se extiende y articula la capacidad colectiva de liderazgo en la escuela, al posibilitar que los agentes educadores lideren aspectos importantes de su actividad y al establecer las interrelaciones necesarias para que se enriquezcan mutuamente a partir del análisis de sus prácticas.
Se posibilita que los miembros de la organización que tengan la capacidad de liderar, lo transfieran a otros para difundirlo en el centro. Utilizamos el término “transferencia de liderazgo” en el sentido descrito por Longo (2008): en la medida en la que el liderazgo es un recurso organizativo de todo el centro, extendido a la totalidad de la escuela, exige que aquellos miembros de la organización que lo poseen lo transfieran y difundan. Para que se extienda el liderazgo, la misión de los líderes es que otros desarrollen esta capacidad en las mejores condiciones posible.
Funcionamiento y organización escolares
Se dota de un funcionamiento y organización que permite la articulación y la extensión del LD en la escuela, en el que se concede un gran valor a la comunicación.
Se persigue la eficacia de la organización y funcionamiento del centro y de las intervenciones que se llevan a cabo, tanto las comunes (órganos de coordinación, gobierno, etc.) como las individuales (procesos de enseñanza y aprendizaje). Se gestionan eficazmente los recursos humanos y materiales.
Aprender y mejorar
Se posibilitan prácticas formales e informales de liderazgo. Todas contribuyen a mejorar las respuestas educativas colectivas e individuales.
Liderazgo y el Modelo Pedagógico de Educación Deportiva
Mediante el presente artículo se analiza la relación entre los distintos estilos de liderazgo en el aula y el perfil del alumnado, empleando el Modelo pedagógico de Educación Deportiva, donde se fomentó un entorno de colaboración y el trabajo en equipo en un aula donde los alumnos comprenden de los 14 a los 16 años de edad.
El estilo de liderazgo se refiere al patrón típico de conducta que adopta el líder con el objetivo de guiar a los colaboradores hacia el alcance de las metas de la organización (López, J. y Beltrán, J., 2020). El modelo propuesto por Bass y Avolio (1977) establece tres tipos de liderazgo: Transformacional, Transaccional y Pasivo/Evitador, los cuales representan los comportamientos que tienen los individuos para direccionar los equipos de trabajo (Pedraja-Rejas, L.
- Estilo Transformacional: se caracteriza por la creación de un propósito, o una visión, considerando tanto la dirección estratégica de la organización como las necesidades de los trabajadores (Yue, C.A. et al., 2019), promoviendo de esta manera un clima de respeto y apoyo. Los líderes transformacionales tienen la capacidad de lograr una influencia idealizada en base a sus comportamientos y características exhibidas, logrando que los subordinados los transformen en un modelo de referencia (Araneda-Guirriman, C.
- Estilo Transaccional: se basa en un intercambio de información fluida entre líderes y seguidores, donde los primeros detectan las necesidades y deseos de sus seguidores, definen objetivos y tareas, y recompensan a estos si tienen niveles de rendimiento óptimos. Este estilo se reconoce como funcional, en el sentido de que mantiene el flujo normal de las operaciones de una organización, garantizando el cumplimiento de los procesos para obtener los resultados deseados (Almirón-Arévalo, V.
- Estilo Pasivo/Evitador: está compuesto por las dimensiones: laissez-faire, donde el líder evita tomar decisiones y controlar a los seguidores, y administración por excepción pasiva, donde los líderes intervienen únicamente después de ocurrir un error (Russell, Z. A.
El estilo transformacional se relacionaría con el perfil de alumno que trata de llevar la dominancia del grupo, con miras a alcanzar un objetivo común. El estilo transaccional se relacionaría con el perfil de alumno que sabe que está al mismo nivel que sus compañeros y que es el que trata de hacer todas las cuestiones necesarias al profesor con miras a facilitar el alcance del objetivo a todo el mundo.
Para el desarrollo de esta actividad se empleó el modelo pedagógico de educación deportiva, siguiendo un proceso de forma pautada y estructurada a lo largo de la investigación. El primer elemento que se desarrolló fue la cohesión grupal, tratando que todos los integrantes de la clase trabajasen de forma conjunta los unos con los otros a fin de lograr objetivos comunes, y que no solo lo hiciesen con aquellos vínculos más cercanos que encontrasen en el aula de forma individual, esto fue implementando con cambios constantes de los compañeros de trabajo con los que realizaban la actividad, fomentando que tuvieran que relacionarse con otras personas y trabajar con las mismas de forma continua.
Ejemplo Práctico: Sesiones para Fomentar el Liderazgo en el Aula
El docente da la bienvenida a los estudiantes y explica el objetivo de la sesión: mejorar el clima del aula y fomentar el liderazgo a través de actividades deportivas.
- "Líder por un día": Los estudiantes se dividen en grupos y cada grupo elige a un líder. El líder debe guiar a su equipo en una actividad corta de calentamiento, como correr alrededor del campo o realizar estiramientos.
- Se organizan circuitos con diferentes estaciones que requieren colaboración y comunicación entre los miembros del equipo. Por ejemplo, estaciones de carreras de relevos, juegos de pases de balón en equipo, saltos de obstáculos con compañeros animando, etc.
Los estudiantes se reúnen en círculo y comparten sus experiencias como líderes y miembros del equipo. Se discute cómo se sintieron al liderar y al seguir, y qué estrategias funcionan mejor para trabajar en equipo.
El profesor repasa brevemente los conceptos y habilidades aprendidos en la sesión anterior, destacando la importancia del liderazgo positivo y la colaboración en el trabajo en equipo.
Se organizan actividades donde los estudiantes deben resolver conflictos simulados dentro del grupo, asignando roles específicos a cada estudiante (mediador, negociador, mediador, etc.). Se plantean desafíos específicos donde los estudiantes deben demostrar liderazgo en situaciones deportivas, como diseñar estrategias de juego, dirigir tácticas durante un partido, motivar al equipo en momentos difíciles, etc.
Para cerrar la sesión de manera lúdica y relajada, se realiza un juego recreativo de equipo donde se promueve la diversión, la cooperación y el compañerismo. Se reserva un momento final para que los estudiantes compartan sus impresiones sobre la sesión y lo que han aprendido sobre el liderazgo y la colaboración.
Se asignan a los estudiantes roles de liderazgo durante la realización de ejercicios prácticos. Se plantea a los estudiantes un problema o desafío que deben resolver en equipos, fomentando la colaboración y el pensamiento crítico. Los equipos deben identificar el problema, proponer soluciones y trabajar juntos para implementar la mejor estrategia.
Se realizan ejercicios de retroalimentación donde los estudiantes practican dar y recibir comentarios constructivos sobre el desempeño de sus compañeros durante las actividades.
Evaluación del Liderazgo
Para una evaluación más enriquecida y eficaz, se usarán diferentes recursos de evaluación. Se usarán pruebas específicas como las pruebas de ejecución, donde se exige la realización de una tarea que ponga de manifiesto la eficacia de un aprendizaje. Se usarán técnicas sociométricas, como el sociograma, ya que en todas las sesiones se observan las relaciones existentes en el grupo en relación al tipo de liderazgo que ejercen y la cooperación entre ellos.
El presente estudio ha explorado la relación entre los estilos de liderazgo en el aula de secundaria y los perfiles de los alumnos, utilizando el marco del Modelo Pedagógico de Educación Deportiva. Se identificaron tres estilos de liderazgo: transformacional, transaccional y pasivo/evitador, los cuales se relacionaron con perfiles específicos de alumnos en función de sus comportamientos y características en el aula.
La implementación del Modelo Pedagógico de Educación Deportiva permitió crear un entorno de colaboración en el aula, donde se fomentó el trabajo en equipo y se promovió el liderazgo positivo.
Tabla Resumen: Estilos de Liderazgo y Perfiles de Alumnos
| Estilo de Liderazgo | Perfil de Alumno | Características |
|---|---|---|
| Transformacional | Líder del grupo | Busca alcanzar un objetivo común, influye en los demás. |
| Transaccional | Colaborador | Facilita el alcance del objetivo, colabora con compañeros. |
| Pasivo/Evitador | Evitador | Evita tomar decisiones, interviene solo ante errores. |
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