Estructura de Liderazgo en Manadas de Lobos: Desmitificando la Dominancia

En el mundo del comportamiento y la educación canina, existe un mito arraigado que ha influenciado durante décadas la manera en la que entendemos la relación con nuestros perros: el mito de la dominancia. Este ha guiado algunas de las corrientes más populares dentro del mundo del adiestramiento e incluso ha sido utilizado como justificación de situaciones de maltrato que hemos dado por normalizadas.

Si bien ningún estudio científico pone hasta ahora en entredicho el parentesco entre el perro y el lobo, no podemos obviar que se trata de cánidos diferentes. Como tales, presentan características distintas y su comportamiento no está regido por las mismas pautas.

Aunque sea todavía la tendencia más extendida en nuestro país, actuar como «el líder de la manada» en casa, con nuestros perros, es una idea que ya no comparte la comunidad científica dedicada al estudio del perro doméstico y del lobo.

El patrón de comportamiento social en los perros es muy similar al presentado en los lobos: entre éstos, el jefe o líder de la manada tiene el privilegio de acceder a los recursos en primer lugar (comida, lugar de descanso, actividad sexual...) y debe proteger al resto del grupo, que estará formado por individuos de menos rango social.

Estudios llevados a cabodurante la década de los 70 determinaron la importancia de las relaciones jerárquicas en manadas de lobos en cautividad. Inmediatamente, estos conceptos se extrapolaron al perro doméstico, dando lugar a teorías que hacían hincapié en la voluntad de nuestros perros de ostentar la posición más alta dentro de la manada (la familia en la que vivían).

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Hoy en día se sabe que los lobos, cuando han sido estudiados en condiciones de libertad y no en cautividad, muestran una proporción muy baja (prácticamente anecdótica) de conductas agresivas hacia miembros de su propia manada. Su estructura es la de una familia, con el padre y la madre (la pareja reproductora) por encima y los cachorros de ese año y el anterior por debajo.

Cada miembro ocupa su lugar en la manada (família) y raramente se producen conflictos. Existe una jerarquía, pero no se establece mediante la lucha sinó que tiene un origen afiliativo.

El Mito de la Dominancia: Origen y Desmitificación

Según la RAE, “dominar” se define como tener dominio sobre algo o alguien. “Dominio” sería por lo tanto poder que alguien tiene de usar y disponer de lo suyo. Es decir, considero que esto es mío y ejerzo poder sobre ti. Sinónimos que aparecen: someter, avasallar, domar, rendir, tiranizar, vencer, violentar, oprimir. Se desprenden de estos sinónimos el uso de la agresión y la fuerza.

El concepto de dominancia en perros se refiere a una teoría que sugiere que los perros establecen jerarquías sociales similares a las de los lobos, donde ciertos individuos dominan sobre otros. Según esta concepción, se cree que los perros, así como los lobos intentan constantemente ascender en la jerarquía social y que el comportamiento agresivo es una forma de establecer y mantener su posición de líder.

Esta teoría se aplica tanto para otros perros como para el guía en cuestión, es decir, que el perro estaría constantemente en lucha intentando hacerse el líder de la manada.

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Esta idea sobre el comportamiento de los perros tiene sus raíces en dos estudios sobre lobos realizados en la década de 1940 por Konrad Lorenz y Rudolph Schenkel.

  • Expression Studies on Wolves, de Rudolph Schenkel: En este estudio se describe cómo algunos lobos muestran conductas entendidas como sumisión ante otros que eran considerados los individuos dominantes. Este estudio se realizó sobre una manada de lobos en cautiverio en el Zoológico de Basilea, Suiza.
  • On agresión, de Konrad Lorenz: Lorenz sugirió que muchas especies animales, incluidos los lobos, operan en estructuras sociales jerárquicas donde ciertos individuos dominan sobre otros. Argumentó que estas jerarquías se basaban en la agresión, y que estas eran esenciales para mantener el orden y la cohesión de la manada, y que las interacciones de dominancia ayudaban a establecer y mantener esta estructura. Consideraba que la agresión era un componente natural del comportamiento animal y que era importante para regular las interacciones sociales y resolver conflictos dentro del grupo. Extrapoló estas ideas al comportamiento de los perros domésticos.

También relacionado con esta idea de la dominancia tenemos el concepto de “alfa”. La popularización de este término se debe en gran medida al uso del mismo por David Mech en su libro El lobo: ecología y comportamiento de una especie en peligro de extinción, basado en los estudios anteriores de Lorenz y Schenkel.

En este libro habla de que existe una lucha constante entre los lobos de la manada por el dominio de la misma, y que el ganador será considerado como “macho alfa”, el cual podrá comer primero, elegirá dónde descansar y podrá tener descendencia. Es importante recalcar que todos estos estudios se centran en lobos en cautividad y que pertenecían a diferentes familias, viviendo en un espacio reducido y en lucha constante por los recursos.

A medida que avanzaba la investigación sobre lobos en su entorno natural y se desarrollaba una comprensión más completa de la ecología y la conducta de los lobos, se descubrió que las interacciones sociales no se reducían simplemente a una jerarquía de dominancia.

Estudios más recientes han demostrado que las manadas de lobos en su hábitat natural operan de manera mucho más compleja, con relaciones sociales basadas en la cooperación, el parentesco y la reciprocidad.

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El propio David Mech siguió estudiando lobos en un estado natural y años después se dio cuenta de su error en la utilización del término alfa, el cual ha desmentido durante años. Rectificó diciendo que en un estado de libertad los lobos que dirigen las manadas son los padres de las mismas. El “macho alfa” sería el reproductor masculino, así como habrá una “hembra alfa”, la reproductora femenina. Estos serían los lobos que lideraran la manada, no por la fuerza, sino porque serían los individuos con más experiencia de la misma.

El mismo Centro Internacional del Lobo niega el uso de esta terminología y refiere en su web a un artículo que la desmitifica, tomando la decisión de dejar de usar el término “alfa” por estar desfasado y ser inexacto.

Algunos estudios actualizados sobre este tema son los siguientes:

  • Alpha Status, Dominance and Divison of Labor in Wolf Packs, de David Mech: En este estudio explica el orden social de la manada de lobos en un estado natural de libertad. En éste habla de cómo son los padres los que guían las actividades del grupo y que las exhibiciones de “dominancia” solo se dan en la competencia por comida -en cuyo caso podríamos entrar a discutir si realmente se trata de dominio o protección de recursos-. Se explica cómo son los padres los que monopolizan la comida y se la asignan a su descendencia más joven.
  • Leadership in Wolf, canis lupus, packs, de David Mech: En este habla de que podrían existir tensiones sociales en la temporada reproductiva, pero que estas no son comunes debido a diferentes aspectos, como la edad de madurez reproductiva de los lobos y la dispersión de los lobos adultos para formar nuevas manadas. En este mismo se habla sobre lo que es realmente el liderazgo y quién lo ejerce, que sería la pareja reproductora de las manadas, por su papel de reproducción y crianza de las crías. Estos tienen la responsabilidad de tomar decisiones importantes para garantizar la supervivencia y el bienestar de la manada, basando este liderazgo en cooperación, comunicación y coordinación.
  • Wolf dispersal in the rocky mountains, Western United States. Jimenez et al.: Aborda específicamente la dispersión de los lobos en un estado natural, encontrando parejas y formando así nuevas manadas, lo que implica un proceso de adquisición de poder a través de la formación de nuevas relaciones. No todos los lobos forman su propia manada, sino que también pueden ser adoptados por otras manadas existentes. Como hemos visto en los artículos anteriores, la pareja reproductora sería la que lideraría esta manada por su papel de crianza.

Por otro lado, se tiende a confundir la “agresión” con la “dominancia”. La agresión es una respuesta a algo que se percibe como una amenaza, y surge cuando el resto de respuestas que tiene el organismo ante esta (huir, rendirse, congelarse) no dan sus frutos.

Poner la etiqueta de “dominante” a un perro porque ha tenido cierta conducta agresiva sin analizar en qué contexto y bajo qué circunstancias se ha dado la misma, es confundir una característica definitoria (que sería permanente) con un atributo temporal y pasar por alto o no querer ver las dificultades o problemas que podría tener ese animal.

Además de todo esto, se tiende a etiquetar comportamientos normales como “dominantes”. Un gruñido, por ejemplo, es una muestra del repertorio de señales que tienen los perros para mostrar una intención comunicativa de aviso, de “te estás pasando” o “no me gusta eso que estás haciendo”, que nada tiene que ver con la dominancia.

Además, tanto en las relaciones humanas como animales existen las discusiones, los malentendidos y también los conflictos, pero por ello no quiere decir que un individuo quiera someter al otro. Utilizar esta condición para justificar todos los comportamientos del perro es simplificarlo al extremo, y por supuesto, pasar por alto todas construcciones mentales que pueda tener el animal, así como sus emociones.

Por último, si nos centramos en el concepto de “manada”, término referido a un grupo de animales de la misma especie, nos daremos cuenta de que no existe tal condición en nuestro grupo familiar, ya que los humanos y los perros no pertenecemos a la misma especie.

El perro no puede considerarse como parte de la “manada humana”, ya que ni tiene los mismos comportamientos ni forma de vida que nosotros, por lo que no tiene sentido que quisiera estar por encima del humano en el orden jerárquico. Los perros no tienen necesidad de formar manada ya que su guía cubre todas las necesidades para su supervivencia, y si no tiene ninguna razón para formar manada con nosotros tampoco la hay para que lo “dominemos”.

Y aun basándonos en los estudios sobre lobos en cautividad que hemos visto anteriormente, ni nuestros perros son lobos, ni nosotros somos perros ni lobos, por lo que no tiene sentido que nos comportemos como tal.

Alternativas al Enfoque de la Dominancia

En lugar de establecer nuestra autoridad como líderes de una manada que directamente no existe, debemos cultivar una relación sana basada en la confianza y el respeto, comunicación y comprensión del perro e importancia del vínculo entre guía y perro para una mejor calidad de vida para ambos.

Algunos consejos prácticos para la vida cotidiana serían:

  • Aprender a leer e interpretar el lenguaje canino para comprender mejor a nuestro compi y por tanto, a comunicarnos mejor con él.
  • Establecer rutinas y prevenir riesgos, para ayudar al perro a prepararse emocionalmente para lo que viene a continuación, y prevenir situaciones conflictivas y ofrecer alternativas a estas.
  • Fomentar la confianza y la cooperación, para obtener una relación basada en la colaboración y el respeto mutuo.

Las relaciones de dominancia y subordinación se establecen mediante interacciones dos a dos. El mantenimiento de esta estructura social es llevado a cabo por medio de una serie de conductas y señales instintivas que permiten evitar encuentros violentos de dos individuos, por lo que tras la manifestación de señales dominantes por parte del individuo de más alto rango, el otro animal responderá con las señales propias de la sumisión.

Cuando un perro forma parte de una familia humana, va a seguir este mismo comportamiento social. Las interacciones que determinan esta relación empiezan ya cuando el perro es un cachorro. Lógicamente el perro debería ser el miembro de la familia que ocupara el lugar más bajo en el escalafón.

El problema surge cuando nuestra mascota percibe a través de la interacción con las personas, que su posición respecto a uno o varios miembros de la familia es de dominancia.

Estudios científicos muestran que la mayoría de los perros que presentan «agresividad por dominancia» no hacen ejercicio suficiente, son más miedosos, más excitables y reaccionan más a los ruidos intensos. Todo esto no encaja demasiado con la imagen de Alfa, ¿verdad?

Por supuesto, algunas normas de obediencia básica son recomendables y necesarias para mantener la harmonía en el hogar.

Mitos Comunes y Realidades sobre el Comportamiento Canino

Desde libros hasta programas de televisión, hemos sido bombardeados con la idea de que nuestros perros buscan constantemente ascender en la jerarquía social y ponerse por encima de su tutor. Para contrarrestar esto, nos han dicho que tenemos que erigirnos como “el líder de la manada” para hacer a nuestro perro “sumiso” a través de someterlo con técnicas como el Alpha roll, toques, tirones de correa, gritos, golpes…

Estas técnicas, a parte de no tener ninguna evidencia científica, comprometen gravemente el bienestar de nuestros perros, pudiendo a ocasionar diferentes lesiones a nivel físico, así como consecuencias emocionales, como indefensión aprendida y estrés postraumático.

En las familias no hay jefes, cada miembro es uno más con un ámbito de responsabilidad donde toma decisiones. Nunca en una familia uno de los miembros de más corta edad tomara la decisión de pagar a una hidroeléctrica o a otra, o a una compañía de telefonía o a otra, y el que toma esta decisión no tiene porque ser el jefe, ni tomar decisiones de estas le da rango, tan solo que cada uno va tomando responsabilidades.

Los padres irán enseñando a los hijos como tomar decisiones, como relacionarse,…. Vemos que son totalmente diferenciadas la estructura piramidal jerarquizada y la estructura familiar.

Si a nuestro perro le enseñamos a vivir en una estructura piramidal jerarquizada con un jefe y un miembro omega, este por derecho natural podrá optar por subir de rango. Estará siempre en lucha por ser el miembro alfa, sin que esta lucha tenga que ser física.

Las luchas que se hacen no son ganadas por el más fuerte, sino por el que tiene mejores cualidades, obviamente la fuerza es una de ellas, y muy importante, pero también tiene gran relevancia la inteligencia.

Manejo de Recursos y Conductas en el Hogar

La comida es un recurso muy importante que debe ser controlado perfectamente por los propietarios. Es fundamental evitar suministrar extras cuando el perro los pide, orientando su uso sólo para premiar conductas adecuadas, como obedecer órdenes.

No se le debe dejar el comedero siempre lleno para que coma cuando quiera. No es recomendable darle de comer cosas a su perro cuando se esté comiendo en la mesa, ya que se fomenta el hábito de pedir durante la comida.

Los cachorros no paran de jugar cuando no están dormidos. A través del juego el cachorro aprende muchas cosas. Además, los cachorros utilizan el juego para saber qué posición ocupa en relación con cada uno de los miembros de la familia.

Al principio es conveniente hacer 2 ó 3 sesiones al día de unos 5 minutos cada una. A partir de ahí, habrá que reforzar el comportamiento de obediencia a las órdenes premiándole.

Es mucho más sencillo que su perro esté tranquilo y obedezca si previamente ha realizado ejercicio.

La reprimenda también ha de ser inmediata, justo después de la mala conducta. En el caso de perros que ya presentan agresividad hacia sus dueños, el castigo está desaconsejado ya que expone al miembro de la familia que lo aplica a ser atacado.

Conclusión

Un perro que ladra, que gruñe, que tira de la correa, que reacciona, que agrede, es un perro que está intentando comunicarse con nosotros de la manera que sabe, con las herramientas que tiene en cada momento, y que llegado el caso se pueden trabajar para ayudarles de una manera basada en la ciencia, respetuosa y desde la comprensión y el acompañamiento, no a base de intimidación, dolor o inundación.

Si el perro muestra dificultades en su día a día no debemos reducirlo a “el perro es dominante”, sino ponernos en marcha para ayudar y apoyar a nuestro compañero, bien con formación o con ayuda profesional; y, por supuesto, indagar para ir al origen del problema (miedo, estrés, inseguridad, falta de un espacio seguro, sobre estimulación, poca estimulación…) y entender por qué se están dando esas conductas, no solo querer eliminarlas. Los comportamientos que vemos son solo el síntoma, y eliminarlos/corregirlos/inhibirlos no servirá de nada si no tratamos el problema subyacente.

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