Roberto Noble (1901-1969) fue un periodista y empresario argentino, fundador del influyente diario Clarín en 1945. Su legado en el periodismo y los medios de comunicación argentinos es innegable, y su figura ha estado en el centro de importantes debates políticos y sociales durante décadas.
Primeros Años y Trayectoria
Primero secretario, luego esposo y finalmente viudo de Ernestina Herrera de Noble, ella siempre estuvo -lo haya querido o no- en el centro de todas las cuestiones políticas de la zarandeada y nunca exhausta Argentina de los últimos 30 años. Tras la muerte de Roberto Noble en 1969, Ernestina Herrera de Noble asumió la dirección de Clarín. Desde entonces, presidió un emporio editorial y mediático formidable.
Este emporio incluye el Canal 13 de la televisión abierta, un sistema de cable, la radio más potente del país (Radio Mitre, AM 790), una productora de cine y televisión, acciones en diarios y revistas del interior del país y una influencia decisiva en la industria papelera.
El Caso Noble y las Acusaciones
En la luminosa tarde de diciembre, cuando el calor en Buenos Aires trepa hasta casi los 40 grados, de pronto se hizo la noche para una de las dos mujeres más poderosas de este país. Ernestina Herrera de Noble, a los 77 años vio llegar por primera vez en su vida a un patrullero policial con sus ocupantes en actitud poco amistosa. Eran las cinco de la tarde del martes día 17 de diciembre cuando a Ernestina la llevaron a prisión.
La acusación que afectó a esta discreta dama, que se ocupó de eludir siempre cualquier posibilidad de figurar y soportó con estoicismo las infinitas suposiciones acerca de su conducta y sus preferencias, no es menor. El juez federal del más elegante suburbio bonaerense (San Isidro) Roberto Marquevich, la hizo arrestar en el marco de una causa en la que investiga la adopción de los dos hijos de esta mujer: Marcela y Felipe Noble Herrera.
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Polémica tras responsables en caso de adopciones irregulares
La niña se sospecha nacida en la próspera provincia de Mendoza. El niño, en la siempre castigada Tucumán. La acusación es grave y -para Argentina- emblemática: «Uso de documento público falso». Lo que, traducido, significa que dichos menores pudieron haber sido hijos de militantes políticos encarcelados y luego desaparecidos, entregados en adopción de manera irregular. La Argentina de estos años está colmada de estos casos, y la sociedad hipersensibilizada al respecto.
Lo cierto es que la situación presuntamente irregular de los Noble Herrera (ambos hoy de 26 años de edad) ya fue agitada en otras ocasiones durante el Gobierno de Carlos Menem, quien siempre quiso -y en ocasiones logró- condicionar la línea editorial del Grupo Clarín. La acusación contra Ernestina Herrera conllevó la suposición ominosa de que durante la última dictadura (1976-1983) ella pudo haber utilizado su poder para apropiarse de dos hijos de desaparecidos.
Las fechas de adopción -mayo y julio de 1976- y la extraña velocidad de la justicia de la época para resolver asuntos delicados, dan pábulo a tales sospechas. Además, es menester recordar que en última instancia, y aunque todos prefieren evitarlo, acá está en juego una cuestión ética fundamental: no sólo se discute la identidad de dos personas hoy adultas, sino también el derecho a la verdad que siempre defendieron las Abuelas de la Plaza de Mayo (que resistían a la dictadura cuando el diario Clarín la defendía) y, por supuesto, la mismísima libertad de expresión.
A lo que hay que añadir que Marcela y Felipe Noble Herrera son los herederos de una fortuna de 1.000 millones de euros y de un gigantesco poder, el cual perderían en caso de probarse otras filiaciones. Y esto también dejaría al Grupo prácticamente acéfalo, toda vez que el matrimonio entre Roberto Noble y Ernestina Herrera no tuvo descendencia natural.
Detalles de las Adopciones
Es clave recordar lo anterior para comprender algunas rarezas de este complejísimo caso. He aquí el repaso de los hechos: Ernestina Herrera de Noble se presenta el 13 de mayo de 1976 ante el Juzgado de Menores número 1 de San Isidro, a cargo de la jueza Ofelia Hejt (hoy fallecida) y declara que 11 días antes encontró una niña abandonada en la puerta de su casa, dentro de una caja de cartón; que ha cuidado de ella desde entonces y que pide la guarda provisoria y posterior adopción.
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Ofrece dos testigos: su vecina Yolanda Echagüe de Aragón y Roberto García, su chófer del diario Clarín. La jueza le otorga de inmediato la guarda provisional de la niña, a la que llaman Marcela. Dos meses más tarde, el 7 de julio de 1976 y ante el mismo juzgado, se presenta una mujer que dice llamarse Carmen Luisa Delta y ser madre soltera del bebé que lleva en brazos y de quien afirma que ha nacido tres meses antes, el 17 de abril.
Dice que no puede mantenerlo y entrega el niño a la jueza antes de retirarse, dejando en el juzgado un número de documento de identidad y un domicilio, que luego resultan ser falsos. La señora de Noble se presenta ese mismo día, 7 de julio, y pide la guarda de ese menor, certificando que ya tiene la custodia de la niña Marcela.
Se le otorga en el acto la guarda del varoncito. El 19 de agosto la jueza Heft sentencia que corresponde imponer el nombre de Felipe Noble Herrera al bebé. Hoy, cuando Marcela y Felipe tienen ya 26 años, son estudiantes universitarios y mantienen vidas privadas absolutamente discretas, existen diversas causas judiciales que los reclaman como posibles hijos de desaparecidos.
La querellante María Amelia Herrera de Miranda sospecha que Marcela puede ser su nieta. Y otra querellante, Estela Gualdero, reclama a Felipe como posible miembro de la familia García-Gualdero. Puesto que ahora se sabe que quien dijo ser madre biológica de Felipe es inencontrable (no existe nadie llamado Carmen Luisa Delta y el documento de identidad que ofreció en 1976 está a nombre de un tal Carlos Hugo Talkowski), y ante varias denuncias e investigaciones requeridas, el juez Marquevich, a la vez que ordenó el arresto de la señora Herrera de Noble dispuso que a los jóvenes Marcela y Felipe se les realizara un examen de ADN.
Los jóvenes se negaron, aduciendo que eso podría producirles un «shock emocional». Los abogados de los Noble Herrera consiguieron que la Cámara Federal de San Martín, contra el criterio del juez, suspendiera dichos exámenes. Por cierto, hay otros casos pendientes de resolución a este respecto, en la Corte Suprema, pues no es la primera vez que supuestos hijos de desaparecidos se niegan a hacerse estas pruebas.
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Lo cual no deja de ser absurdo, porque no parece haber otra solución que la que en estos días volvió a exponer la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, con impecable sentido común: «De haberse realizado esos estudios, hoy los chicos podrían saber quiénes son. O no. Pero en cualquier caso no hubieran roto su relación con su madre adoptiva y no se hubieran producido estos episodios traumáticos».
En medio del escándalo mediático que todo esto ha provocado y del silencio absoluto y el casi ocultamiento en que están los jóvenes Noble Herrera, la misma Carlotto ha tenido que recordar que desde 1984 La Señora se ha negado reiteradamente a recibir a las Abuelas.
Y es que la causa es confusa, también, porque la detención de Herrera de Noble se produce como consecuencia de una acusación de 1995. En agosto de ese año, una mujer, Ana Elisa Feldmann de Jaján, denunció que las partidas de nacimiento de Marcela y Felipe habían sido amañadas. Pero aquella denuncia se hizo en condiciones sospechosas, ya que ese mismo día el marido de la denunciante, Emilio Jaján, era condenado a un año y tres meses de prisión por intento de estafa procesal en un pleito contra la señora de Noble.
Podía pensarse en una típica venganza. La denuncia fue desestimada en aquel momento por el propio juez Marquevich. Los Jaján no se amilanaron y en noviembre de 1977 reiteraron la denuncia, esta vez ante otro juez federal, Adolfo Bagnasco, quien, un año después, también desestimó las pruebas.
Y todavía en junio de 2000 hubo una tercera denuncia, efectuada por un controvertido dirigente del nacionalismo más ramplón de Argentina, Guillermo Patricio Kelly, que tampoco prosperó. Pero más allá del interés que tuvieran los Jaján o Kelly, el hecho cierto era y es que Marcela y Felipe Noble Herrera fueron adoptados en 1976, el año más horroroso de la dictadura, el año en que los uniformados comenzaron con su plan sistemático de apropiación de niños.
Fueron esos hechos los que explican que aquella primera denuncia de la señora Jaján fuera respaldada por las Abuelas de la Plaza de Mayo, posiblemente la institución más respetada y transparente que existe en el país. Ellas han conseguido devolver la identidad a 270 de los más de 3.000 niños y niñas que se sospecha fueron arrebatados a sus madres presas en las cárceles de una dictadura que, desde su inicio en marzo de 1976 hasta la llegada de Alfonsín en 1983, dejó más de 30.000 desaparecidos.
Estela de Carlotto advierte que ellas sólo exigen «prudencia y respeto» en el tratamiento del caso pues «existe la posibilidad, pero no está probado» que los jóvenes Noble Herrera sean hijos de detenidos-desaparecidos. «Que lo sean o no es algo que sólo se va a determinar cuando se hagan el análisis de ADN...».
El Contexto Político y Mediático
En estos días, los medios de prensa porteños son un hervidero. Este caso es portada de todos los diarios y revistas porque es evidente la existencia de tramas ocultas. Nadie considera normal que a una mujer tan poderosa, de avanzada edad y enferma, se la investigue de este modo implacable. Y sobre todo es llamativo que el juez de la causa sea un magistrado con indesmentibles lazos con la mafia menemista.
Porque el juez Roberto Marquevich es un magistrado con muchas sombras. Proveniente de una familia de origen montenegrino, ex jugador de rugby y con más de 30 años de carrera judicial, Marquevich (53 años, tres hijos) estudió Derecho con los jesuitas en la Universidad del Salvador.
Nombrado juez federal en 1991 por el Gobierno de Carlos Menem, hoy Marquevich tiene pendientes varias peticiones de juicio político que han venido siendo frenadas gracias a la labor de sus defensores en el Consejo de la Magistratura: el senador Miguel Pichetto y la diputada Leila Chaya, ambos incondicionales seguidores de Carlos Menem.
La teoría que hoy recorre las redacciones de todo el país es que aquí se está dirimiendo una lucha sorda entre Menem y el actual presidente Eduardo Duhalde. Una guerra en la cual el poder mediático es vital, porque la relación de Clarín con el Gobierno de Menem siempre fue poco clara.
Y ahora es vox populi en este país que Menem y su inmenso y oscuro poder económico están detrás de todo esto. Hay múltiples afirmaciones y algunas denuncias de que Marcela y Felipe han sido objeto de amenazas e intentos de chantajes políticos más de una vez.
El diario afirma que existen «claros indicios de que ahora se trata de golpear a La Señora para condicionar y afectar la tarea periodística de Clarín. El objetivo final es silenciar a los medios independientes...».
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