Succession se ha convertido en una de las grandes series de los últimos años. Como muestra, solo hay que ver los millones de adeptos que han seguido la ficción desde su estreno hasta su reciente y rotundo final. Los espectadores de la producción de HBO Max han sido testigos de las peleas de los tres hijos de Logan Roy por heredar el control del imperio que su padre construyó durante décadas.
Un entramado de alianzas, traiciones y dinero descontrolado que no estaría tan alejado de la realidad como pensamos ya que la serie está inspirada en familias de multimillonarios reales que se han enfrentado a problemas empresariales y familiares como los de los protagonistas.
Inspiración en Familias Reales
El creador de la ficción, Jessee Armstrong, nunca escondió que tomó ideas de familias similares a los Roy: "Investigamos mucho para Succession", afirmaba en una entrevista promocional de la serie. "Pensamos en muchas familias famosas de los medios", explicaba.
Los Murdoch
Armstrong ha dicho que se inspiró en varias familias dinásticas -incluidos los Redstone, los Sulzberger y los Hearts- al crear a los Roy. Pero ninguna parece haber sido más influyente que los Murdoch. De hecho, tal y como recoge Vanity Fair, Armstrong empezó a buscar sátiras en la vida de los ricos y poderosos con un guión titulado Murdoch, que imaginaba a la familia reunida con motivo del cumpleaños de Rupert Murdoch. Armstrong ha dicho que Murdoch está «profundamente en el fondo» de Succession.
Al igual que los Murdoch, los Roy son una familia patriarcal que controla un gran conglomerado de medios de comunicación. Waystar Royco, de la que los Roys presumen de ser la quinta mayor empresa de medios de comunicación del mundo, controla una cadena de cable conservadora al estilo de Fox News llamada ATN, varios periódicos y un negocio de parques temáticos y cruceros. Incluso las estructuras familiares de los Murdoch y los Roys son similares.
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Rupert Murdoch tiene seis hijos de sus tres primeros matrimonios, incluida una hija mayor, Prudence, que ha evitado en gran medida meterse en la lucha de poder que ha consumido a los tres hijos de su segundo matrimonio: Elisabeth, Lachlan y James. Rupert Murdoch puso fin a los interrogantes sobre la sucesión que se arremolinaban en torno a su familia en 2017, cuando anunció que vendería gran parte de sus activos de entretenimiento a Disney en una operación valorada en 71.300 millones de dólares. Tras la venta, su hijo mayor, Lachlan, fue nombrado consejero delegado de una disminuida Fox Corp.
Los Redstone
Otra de las fuentes en las que han bebido los creadores de la serie son los conflictos familiares entre los Redstone. Se trata de la familia que se encuentra detrás de National Amusements, un conglomerado de empresas de entretenimiento como Viacom o CBS, pero también algunas dedicadas a otros negocios como los parques temáticos. Exactamente, como sucede con los protagonistas de Succession.
Sumner Redstone, CEO de National Amusements, tenía, aparentemente, en su hija Shari, de 69, a su mano derecha. Pero, con el tiempo, se filtraron rumores que apuntaban a que el multimillonario empresario estaba replanteándose el papel de su hija dentro de los negocios familiares. Pese a las múltiples disputas, en 2014 Shari renunció a vender su parte en la compañía para seguir manteniéndose como posible sucesora. Así daba comienzo lo que se ha conocido como la batalla corporativa del siglo.
Los Hearst
Otra de las claras inspiraciones para los responsables de la serie ha sido la familia Hearst que, según la revista Forbes, en 2021 contaban con una fortuna en torno a los 21.000 millones de dólares (cerca de 20.000 millones de euros). Quien inició todo fue William Randolph Hearst, también conocido como W.R., que había recibido de su padre el diario The San Francisco Daily Examiner y lo convirtió en un imperio con más de 20 millones de lectores.
Los Trump
En 2015, esta familia pasaba a formar parte de la historia norteamericana y del mundo entero cuando Donald Trump se alzaba con la presidencia de los EEUU. Aunque antes de desempeñar este cargo ya era una figura muy influyente en el campo de los hoteles y de la gestión de propiedades, renovando numerosas oficinas, hoteles, casinos y campos de golf. De empresario a figura del entretenimiento y, después, Presidente, la historia de Donald Trump y de su excéntrica familia podría superar a cualquier ficción.
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Temas Centrales de Succession
Al final, tramas y subtramas giran en torno a la dominación, la traición y el control de la información. Si en lo formal, partiendo de una base estética, ha conseguido encontrar nuevas maneras de plasmar los perfiles que puede adoptar el poder, en lo temático ha hecho otro tanto. Trump y Logan Roy han muerto, pero su nefasto legado sigue más vivo que nunca.
Del clásico de Coppola se replica el gusto por los rituales -bodas y funerales- y no pocos de sus tropos visuales (imagen), solo que apenas hay respeto por los códigos de lealtad que mantienen unida a la familia y el único ejemplo a seguir es el de Fredo Corleone (John Cazale), el traidor por antonomasia y un dechado de inutilidad. De todos modos, a quien esto firma le gusta pensar que el padre todavía no reconocido de Succession es La torre de los ambiciosos (Robert Wise, 1954). Poder, política y familia desde el punto de vista de un envejecido magnate de los medios de comunicación y de sus cuatro hijos.
El Legado de Logan Roy
Cuando analizamos la temporada inaugural, aquella en la que Logan Roy esclavizaba psicológicamente a su rebelde hijo Kendall, apuntábamos que siempre aparecía en una posición dominante frente a los miembros de su clan. Pues bien, pese a la desaparición del patriarca en el primer tercio de este réquiem en diez movimientos, su presencia se extenderá hasta el cierre definitivo.
En ese panorama incierto, la muerte de Logan Roy en el tercer episodio se constituye como el epítome de la serie. Esa dilatación temporal sirve para adentrarnos en el reinado de la confusión que domina una empresa como Waystar Royco y que está directamente relacionado con la falta de decisión, conocimientos y preparación de unos hijos que no es ya no que no sepan qué hacer, sino que discuten entre ellos para decidir si su padre ha muerto o no, como si la naturaleza fuese ajena a sus deseos.
El Estilo Visual y Narrativo
La teleficción estadounidense posee una estética sin duda muy particular que la aleja de un modelo de ficción televisiva que busca que las imágenes sean lo más nítidas y legibles posibles. Al igual que los Roy apenas pueden balbucear algo bueno sobre su padre -un Cronos contemporáneo, todo furia, todo ambición, menos escrúpulos que Hannibal Lecter en La isla de las tentaciones- los espectadores tendrán complicado entrever las virtudes caligráficas de la serie.
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De haber recurrido a un look más clásico -en consonancia con los espacios ordenados y rectilíneos en los que todo sucede- difícilmente se hubiese logrado tal grado de conexión con el público, sobre todo porque dramáticamente está en las antípodas de títulos como The Good Wife (esta no es una serie elegante) y porque el estilo de sus diálogos no compensa la velocidad y la densidad de su contenido con la claridad expositiva de El ala oeste de la Casa Blanca (esta no es una serie aspiracional, se mueve entre la sátira y el cinismo).
Recepción Crítica y Audiencia
En términos cuantitativos, incluso para un canal de cable como HBO que atiende a un público potencialmente inferior al de las plataformas o la televisión generalista en abierto, la última temporada de la serie creada por Jesse Armstrong está lejos de los grandes hits de la firma. El capítulo final fue visto por 2,9 millones de espectadores, muy lejos de los 9,3 del series finale de Juego de tronos o de los 8,2 de The Last of Us (las cifras son de Estados Unidos). Se aproxima más a una serie de nicho que a una popular.
Además, y salvo muy contadas excepciones, la recepción crítica que ha tenido la saga de los Roy ha sido inmejorable, hasta el punto de que no son pocos los analistas que la sitúan en la estela de los grandes logros del canal entre los que figuran series respaldadas por la audiencia como Los Soprano (David Chase, 1999-2007) y otras como The Wire (David Simon, 2002-2008) o Deadwood (David Milch, 2004-2006), que contaron con muy pocos fieles durante su emisión pero que revivieron tras sus lanzamientos en DVD (sobre todo la primera) y que gozaron de un incontestable apoyo por parte de los llamados prescriptores.
Comparación con Otras Series y Películas
Más allá de las películas sobre empresarios o inversores, como 'Wall Street', 'El Lobo de Wall Street', 'La Gran Apuesta' o 'La Red Social', las series sobre esta temática van abriéndose paso. En España, se acaba de estrenar la serie Galgos en Movistar+, aunque las grandes referencias son las estadounidenses Succession o Billions.
El Futuro de los Personajes
Por no abandonar las cuestiones fraternales, vayamos a ese desenlace en el que parece que, perdido el dominio de la compañía, ya no queda más que asumir la derrota. Sin embargo, hay un par de apuntes visuales que señalan la existencia de un ganador moral, de alguien que, al menos por una vez ha sido capaz de aceptar que, básicamente, es un inútil. Un inútil con dinero, pero inútil, al fin y al cabo. Esto no tiene que ver únicamente con cuestiones conductuales o psicológicas, sino con el hecho de que ninguno de los tres demuestra en ningún momento un mínimo grado de preparación o de experiencia para hacerse con las riendas de la compañía.
De hecho, son sus subalternos (Frank, Karl, Gerri, Karolina, Hugo) los que, en la sombra, se encargan de que todo funcione, de que los números cuadren y de meter los marrones en lejía. Ciclotimia pura que se desata en un contexto de inseguridad contagiosa, lógica en un entorno en el que la toma de decisiones conlleva, en la mayoría de las ocasiones, la defenestración.
Esa última toma supone la constatación de que Kendall Roy ha sido incapaz de continuar con el legado de su padre, de que las diferencias que les separaban (ya presentes en ese choque de texturas de los créditos) son definitivamente insalvables, por eso mientras Logan tiene delante a sus empleados, Kendall solo puede contemplar una nada inmensa.
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