En el mundo interconectado y acelerado en el que vivimos, el emprendimiento juega un papel fundamental a la hora de impulsar la innovación, crear empleo y dar forma a la economía. Cuando una persona o grupo de personas deciden iniciar su propio negocio, pueden ser muchas las motivaciones que les llevan a emprender: ser su propio jefe o jefa, ganar dinero o perseguir su verdadera pasión entre otras cosas.
Ha surgido un nuevo tipo de empresas: un modelo que combina el desarrollo empresarial de ideas innovadoras con impacto social con la obtención de rentabilidad. Es el emprendimiento social. También se le conoce como cuarto sector.
Es difícil ofrecer una definición clara de lo que es el emprendimiento social, ya que se manifiesta y se entiende de diversas maneras. Sin embargo, existe un amplio consenso en que un emprendimiento social es el proceso por el cual personas, empresas emergentes y personas emprendedoras crean valor social y desarrollan y financian soluciones con el fin de mejorar el bienestar social y tener un impacto positivo en su comunidad o en la sociedad en general.
Lo que se persigue con este tipo de emprendimiento es dar respuesta a cuestiones socioeconómicas o medioambientales a través de actividades y procesos innovadores que a su vez contienen elementos inspirados en el mundo de los negocios.
Una persona emprendedora social es aquella que persigue emprender con el objetivo de resolver algún problema social.
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Según la Comisión Europea, la empresa social es "un operador de la economía social cuyo objetivo principal es generar un impacto social, en vez de obtener beneficios para sus propietarios o accionistas; que dispone de la mayor parte de esos beneficios para conseguir sus objetivos sociales, y que se gestiona de forma responsable, transparente e innovadora, involucrando a sus trabajadores, a los clientes y a los accionistas implicados en su actividad empresarial".
Así, el emprendedor social es la persona que impulsa una de estas empresas que se caracterizan especialmente por sus objetivos no económicos, es decir, por su afán por provocar un impacto social determinado.
Características del Emprendimiento Social
Lo que caracteriza al emprendimiento social es que, al tiempo que el proyecto empresarial debe ser económicamente sostenible, debe ser también socialmente responsable y sostenible desde un punto de vista medioambiental.
Los emprendedores sociales buscan crear empresas y organizaciones que sean capaces de introducir cambios sociales sistémicos y generar riqueza y desarrollo en los territorios en los que se asientan.
A diferencia de un emprendedor tradicional, que prioriza que su idea innovadora se convierta en un negocio rentable, un emprendedor social se enfoca en que su proyecto mejore la calidad de vida de las personas y las comunidades, y sea sostenible a largo plazo. Evidentemente, necesitará que el proyecto genere ingresos que permitan mantener las operaciones, pero la prioridad será lograr esa transformación social o impacto medioambiental.
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El emprendimiento social va mucho más allá de la asunción por parte de una empresa de una estrategia de responsabilidad social empresarial o de los criterios ESG (gobierno ambiental, social y corporativo). En el emprendimiento social el objetivo social o ambiental es prioritario, forma parte de la misión y de la visión de la empresa.
Rasgos distintivos del emprendimiento social:
- Enfoque en el Impacto Social: el emprendimiento social tiene como objetivo abordar desafíos sociales críticos, como pobreza, acceso a la educación, salud y sostenibilidad ambiental.
- Innovación: impulsa la creación de soluciones innovadoras para problemas sociales arraigados.
- Generación de Empleo y Desarrollo Económico: muchas iniciativas de emprendimiento social están diseñadas para crear empleo en comunidades marginadas. Al ofrecer oportunidades de empleo y capacitación, se contribuye al desarrollo económico local, el empoderamiento individual y un reparto equitativo de las rentas.
- Participación Comunitaria: en el emprendimiento social a menudo se trabaja directamente con las comunidades afectadas, involucrándolas en la identificación de problemas y en la búsqueda de soluciones. Esta participación activa no solo fortalece los lazos comunitarios, sino que también garantiza que las soluciones sean culturalmente sensibles y sostenibles a largo plazo.
Así, el emprendimiento social no solo representa una nueva forma de hacer negocios, sino que también encarna una filosofía que coloca al ser humano y al medio ambiente en el centro de sus acciones. Se presenta como un catalizador poderoso para el cambio positivo.
El objetivo no económico del emprendedor social
El objetivo primordial de una empresa suele ser de índole económica, por ejemplo, alcanzar un determinado beneficio en el futuro. Sin embargo, el emprendedor social tiene como meta principal el bienestar social. En su caso, el beneficio económico es una meta secundaria que le permitirá llevar a cabo la primera. Es decir, una palanca para el cambio.
De esta forma, el emprendedor social no solo se esfuerza por obtener beneficios económicos, sino que también busca promover el progreso y la mejora de la calidad de vida en la sociedad.
De hecho, con frecuencia los beneficios económicos generados por el emprendedor social a través de su proyecto acaban en manos de algún colectivo desfavorecido o proyecto. Es bastante habitual que las empresas sociales donen capital a diversas causas o formen parte de proyectos más amplios que actúan como paraguas para sectores sociales. También lo es que establezcan relaciones de ayuda mutua.
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¿Existe un perfil de emprendedor social en España?
La emprendedora o el emprendedor social suelen ser personas inconformistas, rebeldes y motivadas, que sienten la responsabilidad social como suya y que necesitan hacer del mundo un lugar mejor. Es frecuente que sean activistas en diferentes ámbitos y que sienten cierta urgencia por llevar a cabo algunos proyectos que supongan mejoras para la gente.
Aunque no existen informes específicos sobre este tipo de perfiles en nuestro país, hay estudios internacionales que tratan de definir las cualidades y motivaciones de los emprendedores sociales.
En cuanto a la motivación para poner en marcha una empresa social, algunas investigaciones apuntan a una serie de factores, como el desarrollo social a través del cambio, ayudar a sectores marginados de la sociedad, dar cobertura a alguna necesidad detectada en la sociedad o la sostenibilidad.
En lo referente a las características individuales de los emprendedores sociales, junto con las ya citadas, encontraríamos algunas como la proactividad y también la capacidad a la hora de afrontar riesgos. La creatividad y la responsabilidad son también rasgos que suelen compartir los emprendedores sociales. Actitudes emocionales como el altruismo, la compasión o la empatía también suelen ser habituales en estos perfiles.
Otros trabajos recogen como características de los emprendedores sociales su elevado grado de compromiso, su resiliencia para superar las adversidades o su capacidad para generar confianza en otras personas. También suelen compartir algunos rasgos de personalidad con los emprendedores clásicos, como el carisma o la autoexigencia en el trabajo.
Uno de los informes más recientes sobre el emprendimiento social en España es European Social Enterprise Monitor 2021-2022, de ESADE, Euclid Network y la Comisión Europea. Algunos de los datos más interesantes son:
- Casi todo el tejido empresarial social son pymes (84,9 %).
- No hay una fórmula jurídica única, sino un amplio abanico, aunque destacan la SL (30 %), la asociación (30 %), la fundación (22,5 %) y la cooperativa (12,5 %).
- Las mujeres representan el 42 % del equipo fundador, el 50,5 % de los consejos o patronatos, el 52,1 % de los equipos de dirección y el 63,1 % de la plantilla.
- En el sector se respira optimismo y, aunque nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, más del 60 % de las empresas sociales piensan que crecerán.
El emprendedor social es una persona que mira hacia el futuro en busca de cambios que ayuden a la sociedad a mejorar.
Puede definirse al emprendimiento social como aquellas iniciativas empresariales innovadoras que tienen como objetivo generar un impacto social escalable, siguiendo los principios del emprendimiento.
Ejemplos de emprendimiento social
Los proyectos de emprendimiento social pueden aplicarse en muchos sectores, como la educación, la salud, el medio ambiente o el desarrollo comunitario. Son los más típicos, pero no los únicos.
- Patagonia: Creada hace 50 años, su lema “Estamos en el negocio para salvar nuestro planeta” define la conciencia medioambiental de la marca textil estadounidense.
- Auara: una empresa de agua mineral que dedica el 100 % de sus dividendos a un fin social, en concreto, financiar proyectos de acceso a agua potable.
- Too Good To Go: Esta aplicación lucha contra el desperdicio alimentario conectando consumidores con establecimientos que tienen excedentes de comida que se ofrecen a la venta a un precio más bajo.
- Specialisterne: Esta compañía promueve la inclusión laboral de personas con autismo. Este proyecto funciona en diversos países, entre ellos, en España. La inclusión está ligada a lo laboral de personas con autismo y aprovechan su alto poder de concentración y pasión por cada detalle.
El término de emprendimiento social fue por primera vez empleado en los años 80 por Bill Drayton, el fundador de la ONG Ashoka, la red de emprendedores sociales más grande del mundo, para referirse a iniciativas innovadoras que tenían como finalidad generar un impacto social siguiendo los principios del emprendimiento.
Se trata de combinar los objetivos de lucro que caracterizan al primer sector (el de la empresa privada) con los objetivos de bienestar social propios del sector público (segundo sector) y las organizaciones sin ánimo de lucro (el tercer sector). Por ello, al emprendimiento social también se le conoce como cuarto sector.
Implementar un proyecto de emprendimiento social puede ser una salida laboral para quien estudie Trabajo Social. Si tradicionalmente se asociaba el perfil del trabajador social a empleos en el ámbito de los servicios sociales, las políticas públicas, la mediación o las oenegés, entre otros, lo cierto es que los conocimientos, destrezas y habilidades de un trabajador social le facilitan la implicación en proyectos y empresas de tipo social.
A este respecto, el Grado en Trabajo Social online de UNIR permite desarrollar el pensamiento crítico y una capacidad propositiva que facilitan tanto el diagnóstico de problemas como el diseño de políticas para resolverlas.
Son conocimientos que a un trabajador social le son útiles tanto para optar a un puesto en el sector público, como para trabajar en entidades privadas o sin ánimo de lucro, o bien para ejercer por su cuenta la profesión, iniciando su propio proyecto de emprendimiento social.
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