Empresarios del Nalón: Historia de Emprendimiento e Industria

Valnalón es desde hace tres décadas el corazón del emprendimiento, no sólo de la comarca del Nalón, sino de Asturias; es el espacio con «latido constante» que fomenta, estimula e impulsa la cultura emprendedora en una región cuyo horizonte se ha tornado gris por las sucesivas crisis. Y han pasado 30 años, pero los complejos orígenes hacen imposible su olvido.

La gerente de la actual Ciudad Tecnológica de Valnalón, Marta Pérez, recuerda en primera persona como fueron esos inicios de Valnalón, el esfuerzo que hubo que hacer para recuperar los espacios obsoletos de la antigua fábrica de Duro Felguera, para lo cual se fijaron en la tendencia de Inglaterra que entonces se empezaba a reproducir en otras zonas industriales de España. Sin embargo, rehabilitar una serie de edificios que entonces se decidió preservar «como testimonio de lo que fue la fábrica» y adecuarlos a los nuevos usos que se pretendían fue una tarea difícil que Marta Pérez le reconoce en buena medida al alcalde de entonces, Aladino Fernández.

Desde entonces, un hito de Valnalón es «que fuimos ganando confianza con el trabajo bien hecho y la constancia», señala la gerente, para quien ha sido toda una satisfacción en los 29 años que lleva trabajando ahí «ver cómo ha ido cambiando la imagen y cómo se han ido transformando los espacios en entornos emprendedores» en los que, según sus propias palabras, el emprendimiento genera «un latido constante».

Valnalón ha impulsado a 729 empresas que emplean a casi un millar de personas.

Fomento de la Actitud Emprendedora

Sin embargo, la labor principal de las 23 personas que ahora conforman esta empresa pública es fomentar una actitud emprendedora, estimular a quienes tienen un proyecto empresarial y ayudarlos, acompañarlos y asesorarlo en todo el proceso desde que surge la idea. Para esto se creó en 1992 el Semillero de Proyectos, en el que ahora cuatro trabajadores atienden a todas las personas que quieren analizar la viabilidad de su idea empresarial. Para ello han desarrollado una metodología propia basada en el desarrollo de competencias emprendedoras y análisis del modelo de negocio.

Lea también: Impacto del terrorismo en empresarios

Esta metodología resulta atractiva para emprendedores de toda la región, ya que un 60% de las personas que acuden son de fuera de la comarca del Nalón. Pero este cuarto de siglo ha dejado otros datos significativos que dan cuenta de la importancia del Semillero de Valnalón, en el que se ha asesorado a 4.675 personas que presentaron 2.164 proyectos. De ellos, llegaron a constituirse un tercio de los recibidos (en concreto 729) como empresas entre 1992 y 2016, generando autoempleo para 963 personas.

Pero lo que ofrece Valnalón a los emprendedores va más allá. Para calibrar la metodología utilizada, Valnalón tiene su propio test de supervivencia, una plataforma con la que echan la vista tres años atrás y chequean si las empresas que han pasado por el Semillero de Empresas continúan en funcionamiento. El último dato disponible, el de 2015, indicaba que un 69% de las empresas que surgieron al calor de este Centro seguían en funcionamiento, un dato que la gerente considera muy positivo si se tiene en cuenta que la media nacional está en torno al 45%.

Educación Emprendedora

Las píldoras de satisfacción llegan para el personal cuando aquellos niños y jóvenes que en un momento dado participaron en algún programa de educación emprendedora llega a Valnalón años después. La estimación que tienen es que entre un 30 y un 40% de esos potenciales emprendedores pasan por el Semillero de Proyectos años después «porque hicimos mella y no nos han olvidado», comenta Marta Pérez.

La misma pone de relieve que esa incidencia se debe en buena medida a la Red Emprendedora, una red constituida por empresarios, instituciones y organismos «que retornan a la sociedad lo que han recibido en diferentes formatos». Y desde luego, desde Valnalón no se escatima en esfuerzos para todo lo que se Educación Emprendedora, programa a través del cual han recibido formación o participado en algún proyecto más de 466.000 personas desde que se pusiera en marcha en 1994.

Pero para que la Ciudad Tecnológica de Valnalón siga avanzando es fundamental el apoyo de la administración regional, un apoyo que al cumplirse los 30 años de su creación (aunque inicialmente con el nombre de Ciudad Industrial de Valnalón) ha reafirmado el director de Innovación y Emprendimiento y presidente de Valnalón, Francisco Delgado, quien ha asegurado que «el Gobierno del Principado mantendrá su apuesta» por el Centro por la diversidad de servicios que ofrece relacionados con el emprendimiento.

Lea también: Relatos de éxito empresarial

Evolución de Valnalón

La evolución de Valnalón en sus 30 años de historia se ha dado también en su denominación, y si en sus orígenes allá por 1987 se concibió como Ciudad Industrial, el asentamiento en la misma de empresas vinculadas al sector TIC ha implicado un cambio de nombre, pasando a denominarse Ciudad Tecnológica de Valnalón, que supone una muestra más de que es un espacio que está en constante evolución, dispuesto a ir con los tiempos y adaptarse a las necesidades empresariales de cada momento.

Lo que está claro es que el de La Felguera no es un polígono convencional y su ubicación estratégica en el casi centro de esta localidad langreana lo han convertido en un espacio multidisciplinar capaz de albergar, además de empresas de sectores varios, el Museo de la Siderurgia de Asturias; el Centro Integrado de F.P. En la actualidad el entorno Valnalón alberga unas 80 empresas, instituciones u organismos que generan más de 1.400 empleos.

Tornillería del Nalón: Un Caso de Estudio

La puesta en marcha de la empresa Tornillería del Nalón se debió a la iniciativa de un capitalista descendiente de Pedro Duro: su sobrino Antonio Velázquez Duro, quien también fue el alma económica de otras importantes industrias del valle como la Fábrica de Ladrillos Refractarios o la ampliación de Duro-Felguera, primero como principal accionista, con una inversión de más de 3.000.000 pesetas, y luego siendo presidente en el periodo 1909-1910. Siguiendo una tradición bastante extendida entre la burguesía asturiana, Antonio se casó con su prima Dolores Fernández Duro, quien sería la primera marquesa de la Felguera y ambos costearon varias obras para mejorar esta villa, por lo que él también fue reconocido por el Ayuntamiento de Langreo con el nombramiento de hijo adoptivo.

Tornillería se fundó en 1893 por la Sociedad Comanditaria Rodríguez Prendes y Compañía que adquirió 8.500 metros cuadrados para levantar unas instalaciones en las que desde el principio se pensó en aprovechar la producción de hierros y acero de Duro Felguera para fabricar tornillos, tuercas, remaches y escarpias. En estos terrenos se construyó un complejo de almacenes, oficinas y otras edificaciones secundarias en torno a cuatro talleres especializados que ese momento daban trabajo a 110 obreros.

En 1906, la Sociedad se transformó en anónima y dos años más tarde ya producía 2.500 kilos diarios de materiales, destinados en su mayor parte al imparable negocio de las vías férreas, lo que permitió duplicar pronto esta cantidad y diversificar su oferta.

Lea también: Corrupción en Murcia: Sentencias y consecuencias

En julio de 1931, la revista "Norte", que editaba en México Alfonso Camín, publicó un reportaje publicitario sobre Tornillería del Nalón señalando que ya llevaba tres años siendo propiedad de Eloy Antuña de Goicoechea, un vasco-asturiano, cuyo abuelo había sido uno de los primeros laminadores en esta región y que, gracias a su gestión, la empresa se estaba situando a la cabeza del mercado.

Citaba también que en sus talleres se fabricaban escarpias, tirafondos, tuercas, remaches y arandelas y que, para demostrar sus posibilidades, se habían hecho dos tornillos "monstruo" de tres mil kilos de peso, uno de ellos situado en la entrada de sus instalaciones y el otro para llevar a las diferentes exposiciones industriales que se celebraban por España.

El beneficio económico fue aumentando la influencia de esta familia y después de la revolución de octubre de 1934 -en la que los trabajadores de Tornillería participaron activamente-, Eloy Antuña pasó a la política incorporándose a la gestora municipal que sustituyó a la antigua corporación, integrada por industriales y comerciantes presididos por Servando Sánchez.

Y así se mantuvieron tras la guerra española y durante las décadas de franquismo con magníficos resultados comerciales. A finales de 1961, los Antuña de Goicoechea, constituidos en Sociedad Limitada, solicitaron al Ministerio de Industria autorización para renovar y ampliar su maquinaria por un importe de 8.730.000 pesetas, asegurando que podían llevar su producción anual que entonces era de 990.000 kilogramos hasta los 1.690.000 kilogramos.

Pero, tras la muerte del dictador, la situación cambió y las posibilidades de dinero rápido que ofrecían los nuevos negocios inmobiliarios hicieron que muchos empresarios redirigiesen su actividad financiera. En marzo de 1977, Ramón Antuña decidió tramitar ante la Delegación de Trabajo un expediente de crisis argumentando la falta de pedidos de sus principales clientes en Argelia y Estados Unidos, al tiempo que presentaba ante el juzgado de Pola de Laviana la suspensión de pagos por carecer de liquidez para hacer frente a un pasivo que ascendía a 47 millones de pesetas.

Sin embargo, los trabajadores explicaron esta situación achacándola a una mala dirección técnica que daba unos plazos de entrega larguísimos y en ocasiones había llegado a rechazar directamente algunos encargos con intención de provocar la crisis. El hecho de haber vendido una máquina de estampar tornillos, necesaria para la fabricación, avalaba su tesis y la CNT llegó más lejos acusando a Antuña, quien también era consejero principal de la Financiera Pelayo, de haber viajado hasta Alemania con Ángel Viejo Feliú, el presidente de esta sociedad, y estar desviando hacia este grupo más de 12 millones de pesetas de la caja de Tornillería.

Aunque la sospecha general era que detrás de esta crisis estaba una operación para vender los terrenos donde se ubicaban las instalaciones, en una zona indispensable para el crecimiento urbanístico que en aquel momento experimentaba La Felguera. El cálculo era sencillo: si el metro cuadrado se vendía a 9.000 pesetas, podrían obtenerse 99 millones, de los que, una vez descontados todos los gastos, quedaría un beneficio final de más de 70.

En aquel momento 62 familias dependían de Tornillería del Nalón, muchos trabajadores llevaban allí más de 30 años y por su edad les iba a resultar difícil encontrar otro empleo. También había entre ellos unas 15 mujeres, que iban a tener muchos problemas en una época en la que todavía se vivía con crudeza la discriminación laboral por razón de sexo.

Se intentó encontrar una solución consensuada, pero después de varias semanas de conversaciones inútiles quedó claro que la única posibilidad de buscar salida a aquel conflicto era la movilización.

El 7 de julio de 1977 los obreros tomaron la fábrica iniciando un encierro que se mantuvo durante 103 días acompañado por otras acciones de todo tipo y con el apoyo de las plantillas de otras empresas como la Fábrica de Tubos o Explosivos Riotinto, que pensaban acertadamente en que el desmantelamiento de Tornillería podía ser el primer paso de una crisis general para el valle del Nalón.

La empresa contaba con afiliados de tres sindicatos: UGT, CC OO y CNT, que fueron representados respectivamente por Avelino Pérez, Gerardo Iglesias y Amador Cañón. Los dos primeros iban a ser más tarde muy conocidos, el tercero era un cenetista, trabajador de Duro Felguera, que dejó un buen recuerdo entre sus compañeros. También los partidos mayoritarios, PSOE y PCA se posicionaron en el conflicto y junto a ellos los minoritarios ORT y especialmente la LCR, que tuvo una participación muy destacada a lo largo de todas las movilizaciones.

En apoyo a Tornillería se convocaron con éxito diversos actos de apoyo: conciertos populares; una manifestación a la que acudieron 30.000 personas el 26 de julio; dos huelgas generales en el Nalón, una el 1 de agosto y la segunda el 9 de septiembre, después de que fracasasen unas negociaciones en Madrid con el director general de Empleo, el secretario de Siderometalúrgicas y el subsecretario del Ministerio de Trabajo.

También, en el mes de octubre tres de los trabajadores encerrados mantuvieron en la casa de aseo de la fábrica una semana de huelga de hambre. Eran Palomares, Gerardo y Juan Caballero Solís "Juanito", a quien agradezco muchas de las informaciones que recojo en esta historia.

Después de varios meses de lucha, se abrió una ventana a la esperanza con la oferta presentada por el capitalista José María Galarraga, quien tenía otra empresa de menor tamaño en Soraluze-Placencia de las Armas, un lugar de Guipúzcoa con gran tradición en este tipo de instalaciones.

El recién llegado se ofreció a comprar Tornillería del Nalón a cambio de concesiones de los poderes públicos y de unas exigentes condiciones laborales que aceptaron los trabajadores para mantener su puesto. Sin embargo, la que se conoció entonces como "solución Galarraga" resulto ser un nuevo fiasco. El vasco no tardó en hacerse con otros terrenos en Villa y trasladó allí sus instalaciones, mejorando la maquinaria que se había quedado obsoleta, pero al mismo tiempo cerró la forja caliente lo que supuso abandonar la producción de piezas que superasen los 22 mm de grosor, mientras en las oficinas empezó a llamar la atención que parte de la producción se destinase a su otra industria de Placencia de las Armas.

En enero de 1982, José María Galarraga, en el que las familias dependientes de Tornillería y las autoridades langreanas habían depositado sus ilusiones, también visitó el juzgado de Pola de Laviana para presentar expediente de suspensión de pagos.

Aún hubo un último intento de los trabajadores para salvar su fábrica, constituyéndose en cooperativa e intentando recuperar la antigua cartera de pedidos; sin embargo, la falta de experiencia para desenvolverse entre la competencia y los elevados gastos de mantenimiento, entre los que estaba la renta que debían pagar al dueño de los terrenos -un emprendedor del valle que había hecho su fortuna con la chatarra-, arruinaron muy pronto este proyecto. Nadie se sorprendió cuando sobre el primitivo emplazamiento fabril empezó a levantarse una próspera zona de viviendas.

El conflicto de Tornillería de Nalón fue un ejemplo de lucha obrera en el que se ensayaron movilizaciones y acciones que luego iban a repetirse en otras empresas durante todo el proceso de reconversión que acabó arruinando a la Montaña Central.

La Carretera Carbonera

En España, la carretera carbonera por antonomasia es sin duda la vía construida a mediados del siglo XIX para transportar el carbón de piedra desde los yacimientos de Langreo al puerto de Gijón. Durante el reinado de Carlos III comenzó el interés del Estado por el aprovechamiento de la riqueza carbonífera de Asturias, de manera que en 1773 se encargó el estudio geológico del terreno a un experto facultativo, quien afirmó que los yacimientos de Langreo tenían una calidad asimilable a los de Inglaterra.

El transporte de Langreo a Gijón debía realizarse por Siero, saliendo al camino nuevo de Oviedo a Gijón en La Rodriguera, por un trazado muy largo que además discurría por una vía en mal estado que además era intransitable en una parte de la estación invernal. A esto había que añadir la falta de regularidad y organización en la carga, con las consiguientes detenciones a unos medios de transporte ya de por sí rudimentarios e insuficientes.

En consecuencia, en 1791 expuso "la necesidad de construir un camino firme, breve y accesible a toda especie de carruajes para conducir el carbón de piedra desde las minas al puerto de extracción más próximo", que reduciría el precio de los portes y cuyo coste quedaría compensado por su utilidad. Tras alcanzar el monte de Carbayín, el camino empezaría a recibir carbón de las minas del concejo de Siero y en El Rebollar, intersección con el camino de Oviedo y la villa de La Pola, incorporaría por la derecha el procedente de Lieres.

A continuación la vía seguiría hacia Fano y Quintana, donde el carbón procedente de Lieres y Siero, podría utilizarse para la cocción de cal a un precio competitivo al encontrarse a una distancia de transporte de apenas dos leguas.

Según el historiador Santos Madrazo, "el cálculo de la nueva carretera, con desmontes, obras de fábrica y buen firme, está hecho muy por bajo; (...) construir un km. de carretera con 40 000 rs., como quiere Jovellanos, era algo impensable en Asturias. Lo mismo cabe decir de los efectos de la carretera en la reducción de los precios del carbón que se han evaluado de forma imprecisa y, por supuesto, nunca llegarían a dividir sus costes habituales por cinco.

Tras intensas discusiones, frente a la tesis de Jovellanos, aunque sin descartar su proyecto, se concedió prioridad a la propuesta del ingeniero de la Armada Fernando Casado de Torres e Irala, escogido por la Marina de Guerra para el desarrollo de las explotaciones de carbón de piedra que debían sustituir a la leña y la madera, quien promovió la solución alternativa de canalizar el río Nalón hasta San Esteban de Pravia, para el transporte del carbón por medio de chalanas.

Su proyecto consistía en uniformizar el cauce fluvial estrechándolo por medio de estacas y limpiando la franja encauzada, que tendría una anchura de 40 pies para permitir el cruce de dos chalanas, embarcaciones sin quilla fabricadas en el Real Astillero de Ribota (Laviana), ubicado en un entorno abundante en maderas de roble y haya.

Aunque estaba previsto el inicio de las obras de canalización del Nalón en primavera de 1793, éstas se retrasaron hasta los meses estivales debido al abundante caudal del río y la frialdad de las aguas. La dirección técnica tanto de las obras y explotaciones del carbón como de la navegación del río Nalón estaba encabezada por el propio Casado de Torres, quien contaba con el teniente de navío D. Jerónimo Tavern como segundo.

Una de las mayores dificultades a las que se enfrentaba el proyecto era resolver el paso por los tres peligrosos rabiones, en los que la corriente del río Nalón se volvía violenta e impetuosa a causa de la estrechez o inclinación del cauce. Se trataba del rabión de Barripiés, entre Frieres y Tudela, la catarata de Entrecuevas, aguas abajo de Ollonigo, y el rabión del Palomar, en el concejo de Ribera de Arriba.

Cuando en noviembre de 1793 se suspendieron las obras a causa de la llegada de la temporada invernal, ya era posible la navegación del Nalón en las cinco leguas que separaban Sama de Langreo y Cazes en Ribera de Abajo. Esto despertó enorme asombro y entusiasmo, de manera que el propio Sr. Obispo recorrió el tramo en una chalana de la que se emplearían para transportar el carbón, atravesando los tres puntos conflictivos anteriormente citados, aunque la verdadera admiración por la empresa llegó de los hombres que con anterioridad se habían aventurado a bajar por el río maderas para el arsenal del Ferrol y que habían visto ahogarse a algunos compañeros en los peligrosos rabiones.

Las obras no estaban acabadas, pero era posible el transporte de carbón de piedra por el río hasta San Esteban de Pravia, aun con una capacidad insuficiente para el volumen de material previsto. Las dimensiones de las primeras chalanas que transportaron carbón de piedra por el Nalón fueron fijadas por Casado de Torres a partir de las embarcaciones utilizadas en el Danubio. Tenían 46 pies de eslora, 13 pies de manga y 3 pies de puntal, con una capacidad de 250 quintales de carbón con un calado de 18 pulgadas, compatible con el cauce del Nalón en sus aguas medias.

Ya en el verano de 1794 se había detectado que, en ausencia de un comandante con autoridad que dirigiera la navegación del Nalón, los abusos y desórdenes de los chalaneros se traducían en atrasos importantes en los viajes, que encarecían el transporte en dos reales de vellón por quintal. Con Casado de Torres comisionado en Cádiz, Jerónimo Tavern era incapaz de simultanear la dirección de las obras pendientes en el río y la comandancia de la navegación, por lo que en febrero de 1795 solicitó que se destinase un oficial para esta puesto, así como una serie de auxiliares que supervisaran la labor de los chalaneros a lo largo del cauce fluvial.

Las Grandes Fortunas Asturianas

Si Asturias tuviera dueño llevaría el apellido Masaveu. La sombra de la vieja saga que recaló en Oviedo en 1840 procedente de Castellar del Vallés (Barcelona) es más que alargada en la economía asturiana. Bancos, cemento, vinos, sidra, tierras, inmuebles, energía, cultura, sanidad, en todo son arte y parte... Su patrimonio abarca el 48% de los 5.120 millones de euros que suman los doce más ricos de Asturias.

Las fortunas de la región constituyen el 1,9% del patrimonio de los 350 más ricos españoles analizados este año por EL MUNDO (un 2,6% si se descuenta la distorsión que genera el 'efecto Amancio Ortega'). Cinco de ellos se incluyen en la XII edición de "Los 200 más ricos de España".

Pero si Masaveu tiene un imperio financiero, los Cosmen tienen otro sobre ruedas. Los ochos hijos de José Cosmen integraron Alsa en la británica National Express, donde ocupan la vicepresidencia e invierten en hoteles, tintorerías, concesionarios y talleres de coches, restaurantes, fincas agrícolas y sicav. Jorge Cosmen es consejero independiente de Bankia.

Al transporte -marítimo- se dedican también dos de las familias más tradicionales de la región, los Riva (Naviera Suardiaz) y los Alvargonzález (Ership). De sus 100 años de historia, 2017 fue el peor de todos para Duro Felguera, acosada por la Fiscalía por presuntos delitos de corrupción internacional. La ingeniería se dejó un 70% de su valor en el parqué, lo que afectó al patrimonio de su primer accionista, Gonzalo Álvarez Arrojo. Su deterioro coincide con la pujanza de TSK, su competidora, propiedad del empresario de Siero Sabino García.

El ranking de EL MUNDO desvela varias fortunas desconocidas para el gran público. Es el caso de la familia Fernández González, dueña de la cadena de supermercados Alimerka; los Alonso Villalón, que regentan el fabricante de torres eólicas Grupo Daniel Alonso. O la familia Orejas, dueña de Química del Nalón y viculada a la industria del carbón de ulla.

Entre los patrimonios asturianos ya no se encuentra los apellidos Álvarez y Areces, vinculados a El Corte Inglés. Tampoco figuran dos conocidos asturmexicanos: Plácido Arango, dueño de Vips, y el ovetense emigrado Antonio Suárez Gutiérrez, a quien en México llaman 'el rey del atún' por el tamaño de su flota pesquera (Grupomar). Ni los Cardín, que fabrican la sidra El Gaitero.

tags: #empresarios #del #nalon