José Noriega: Biografía de un Empresario Influyente

La figura de Íñigo Noriega Laso, perfilada a base de anécdotas, leyendas y desmesuras, ha llamado la atención con frecuencia, convirtiéndose en una especie de paradigma del indiano triunfador.

Íñigo Noriega Laso, nacido en Colombres el 21 de mayo de 1853, era hijo de José Noriega Mendoza y María Laso. Por esta razón suman ya algunas biografías las realizadas en España y México, aunque también es un tema abierto a nuevos datos y a una más amplia posibilidad de publicación.

Emigrante a la capital de México con 14 años y sin recursos, tras emplearse en sencillos y humildes trabajos, se dedica con empeño a los negocios y termina por lograr una excepcional fortuna y adquirir una gran influencia económica, política y social en tierras mexicanas.

Primeros Años y Emigración a México

Aunque su padre no había salido nunca para América, sí lo habían hecho varios tíos suyos, como Íñigo Noriega Mendoza, al que años después encontramos como alcalde en Colombres. Partió camino de Cádiz acompañado de sus dos hermanos, Remigio y Benito Noriega Laso, como tantos otros que se veían obligados a realizar un largo viaje previo por tierra o por mar, antes de embarcar en algún puerto con rumbo a Ultramar.

Era el año de 1866 y no se trataba de un analfabeto, ya que a sus 14 años de edad y por recomendación del tío, había recibido enseñanza primaria en Cóbreces. Íñigo Noriega Mendoza era entonces propietario de la tienda La Mariscala, donde trabajó Íñigo a su llegada a México, que tuvo lugar el 30 de noviembre de 1868 a la edad de 15 años.

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Hasta aquí el proceso repetía una vez más la penosa experiencia del desarraigo a una edad muy temprana y la acogida familiar en un empleo ínfimo a cambio de una pequeña soldada, cama en el mismo mostrador y comida. En los años siguientes cambió repetidamente de trabajo, siempre prosperando.

Ascenso Empresarial

En 1870 había pasado a la tienda de Teodoro García y Hermanos, en la esquina de San Bernardo y Flandes, y ya ganaba 50 pesos, de los que enviaba la mitad a su madre. Sólo un año después, a los 18, logra independizarse con los pequeños ahorros realizados en tres años y comienza un negocio propio adquiriendo la tienda de víveres El Borrego.

Ésta es la versión más habitual de los autores españoles; sin embargo, la investigadora mexicana Pilar Pacheco indica que D. Íñigo se estableció con un cantinero del barrio de Jamaica, llamado D. Vicente Castro, casándose más tarde con su hija. De cualquier forma, en esta «tienda» o cantina se produce la primera y conocida anécdota sobre el carácter de D. Íñigo.

Como las autoridades habían limitado la hora del cierre, Noriega hizo quitar las puertas, con el fin de serle imposible su cumplimiento; así, dando largas al asunto, hizo un buen negocio y la vendió con buenos beneficios.

Íñigo Noriega como Empresario Textil

Se ha destacado siempre lo llamativo de su vertiginoso ascenso hasta las cumbres del poder económico y «status» social, que hizo en pocos años del joven y desafortunado emigrante un poderoso hacendado e industrial. Amigo personal del presidente Porfirio Díaz y dotado de una intuición poco común, gran sentido práctico y de la oportunidad y la dosis necesarias de afición por el riesgo y por los intereses creados, realizó una ingente fortuna en numerosos negocios agrarios, industriales, comerciales y bancarios al amparo de la política económica del Porfiriato.

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Algunos periodistas y escritores han preferido verlo como el personaje romántico y literario, conquistador más que indiano, en palabras de García Noriega, constructor de palacios imposibles nunca habitados por sus destinatarios, como dice la tradición sugestiva, aunque parece más que dudosa, de la Quinta Guadalupe, de la que habló como construida y amueblada para Porfirio Díaz en caso de exilio y siempre esperando a su posible ocupante.

Para historiadores y sociólogos es el producto de una época de la historia de México, a la que representa y sintetiza, una época en que las grandes fortunas se acuñaron al amparo del favoritismo político. Para algunos historiadores de la economía fue «el hacendado español de mayor prestigio durante la primera década del presente siglo» y según el trabajo de Pilar Pacheco, de la Universidad de Puebla, en sólo dos años de estudio en el Archivo General de Notarías de la ciudad de México, realizado por ella, entre 1897 y 1899 aparece como propietario de más de 300.000 metros cuadrados de terreno, además de sus ranchos y haciendas, destacando la actividad empresarial textil, que le sitúa entre las mayores compañías manufactureras de fines del Porfiriato y que también pudieron florecer gracias a la tutela política del dictador.

La pluma periodística de Javier Cuervo relata fielmente la vertiginosa ascensión de tales fortunas: «... Íñigo Noriega realizó grandes obras, espléndidas operaciones de especulación del suelo, participó en la industria textil como dueño absoluto de la cuarta empresa del país y accionista de la primera. Cumplidos los 27 años, inauguró la línea de vapores Casa Noriega y Compañía. Convirtió en oro todo cuanto tocó. Hizo una media de más de cinco operaciones comerciales por mes...».

Participación en Negocios Diversificados

También participó Basagoiti en otra empresa de los Noriega, el Ferrocarril México-Puebla, que uniría la mayor parte de las empresas del grupo, ya que pasaba por Chalco y Metepec. La diversificación era característica de los empresarios españoles en México. Así, Basagoiti invertiría en La Velocitan, empresa dedicada a trabajar el cuero, y en especial a producir correas transmisoras, tan empleadas entonces en las fábricas movidas a vapor; de esta empresa también fue presidente.

Otra empresa en que tomó parte muy activa fue la negociación Agrícola de Xico y Cía., explotación agrícola creada en 1897 en Chalco, al sur de Ciudad de México, la desecación de cuyo lago habían llevado a cabo los hermanos Noriega.

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En 1899, Basagoiti se uniría a los Zaldo para fundar la Tabacalera Mexicana, fruto de la fusión de otras empresas más pequeñas. Por último, sabemos también que Basagoiti participó en la Compañía Minera La Azteca y, sobre todo, el 5 de mayo de 1900, en la creación de la importante compañía siderúrgica Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey (Fundidora Monterrey), cuyo capital fue de 10 millones de pesos, de los cuales Basagoiti aportó el mayor porcentaje -21,5%-, siendo el resto invertido por capitalistas de procedencias muy diversas, entre los que sobresalían León Signoret, Eugenio Kelly, Patricio Milmo y Vicente Ferrara junto a su familia.

Pero, además de comerciante e industrial, Basagoiti fue también banquero, algo que, por otra parte, era frecuente en la colonia española. Sabemos que tuvo casa de banca en su propio domicilio mexicano (calle Capuchinas, 2 1/2), Antonio Basagoiti y Cía., que se inició como sucesora de Manuel Ibáñez y Cía., y que en 1898-1899 pasó a denominarse Basagoiti, Zaldo y Cía.

Legado y Muerte

Íñigo Noriega, nacido en Colombres el 21 de mayo de 1853, era hijo de José Noriega Mendoza y María Laso. Murió en la Calle del Havre Núm. 25, en la casa de su hija Guadalupe.

La dedicación a esta empresa hizo que en 1903-1904 se traspasara su casa de banca mexicana a los asturianos Joaquín Ibáñez y Adolfo Prieto, quienes la continuarían como Ibáñez y Prieto, Sucesores de A. Basagoiti. Cuando dicha casa de banca desapareció, en 1914, poseía la mitad del capital de Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.

La revolución supuso grandes problemas para los españoles -entre ellos, de forma destacada, para Bruno Zaldo que moriría en 1916 con su patrimonio muy menguado- que habían prosperado bajo el Porfiriato y se equivocaron al apoyar al general Victoriano Huerta frente a Francisco Madero.

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