Juan Celaya Letamendi: Un Empresario y Mecenas Cultural Vasco

Lo mismo podríamos decir de Celaya, pese a que “los hunos y los hotros” (en expresión unamuniana) le hayan negado el pan y la sal en este año en el que se recuerda el centenario de su nacimiento. El problema es que Celaya es incómodo. Fue empresario y a la vez se afilió al Partido Comunista, por lo que ni unos ni los otros acaban por aceptarlo. Fue complejo, como compleja fue su poesía, pero ese no es motivo para que haya que celebrar su centenario casi en la clandestinidad.

Celaya fue, junto con Blas de Otero, el abanderado de la “poesía social”; es decir, de la poesía comprometida con los problemas del hombre de la calle. He procurado, tanto a través del libro que he editado como mediante este artículo, revivir la memoria de esta persona que definía su ser de poeta como “encontrar en otros la propia vida”, que quería pedir “pan, justicia, libertad, esperanza” y que declaraba que “mientras haya en la tierra un solo hombre que cante,/quedará una esperanza para todos nosotros”.

Primeros Años y Educación

Estudió en el colegio que los Marianistas tienen en San Sebastián. En 1922 reside temporalmente en Pau (Francia) y en El Escorial, debido a problemas de salud. En 1927 termina el bachillerato en San Sebastián. Al año siguiente, se traslada a Madrid, para estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad. Vive en la Residencia de Estudiantes.

Ocupa la habitación n.º 6 del tercer pabellón que había sido ocupada previamente por Salvador Dalí y Federico García Lorca. Entre 1927 y 1935 cursó la carrera de ingeniero industrial.

Guerra Civil y Vida Personal

En 1936 obtiene el Premio del Centenario Bécquer, por su libro “La soledad cerrada”. En la guerra civil española: participa como voluntario en el ejército republicano, siendo capitán de gudaris (soldados nacionalistas) en Vizcaya. Al caer Bilbao en poder de las tropas es hecho prisionero.

Lea también: Estudiar Marketing en la URJC

Posteriormente, se casa con Julia Cañedo, con quién tendrá dos hijos: Pilar y Luis Gabriel. Trabaja como gerente en la empresa familiar de San Sebastián. En 1944 se produce una crisis matrimonial y, al año siguiente, una enfermedad anímica le obliga a guardar reposo. En 1946 publica “Tentativas” y conoce a Amparo Gastón.

“En octubre de 1946 (el 8 de octubre, fecha importante para mí) conocí a Amparitxu Gastón. Nos entendimos enseguida; nos quisimos muy pronto; y esto fue para mí la resurrección. Salía, con su ayuda y su apoyo, del mundo elucubrante de TENTATIVAS a la difícil y sabrosa realidad. Y así, sin pensarlo demasiado, decidimos fundar una colección de poesía: NORTE.

NORTE, según pensábamos en aquel momento, debía ser un puente tendido por encima de la “poesía oficial” hacia los entonces olvidados poetas del 27, hacia la España peregrina, y hacia la poesía europea de la que el autarquismo cultural, y la dificultad de hacerse con libros extranjeros, nos tenía separados desde el fin de nuestra guerra. Por eso publicamos, entre los extranjeros, a Rilke, Rimbaud, Blake,... Y entre los españoles, a Leopoldo de Luis, Labordeta, Cela, Cremer, Bleiberg, . Lo que nosotros queríamos era romper un cerco: El estúpido cerco de la “poesía oficial”.

Poesía Social y Compromiso

“Nada de lo que es humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos. Debe haber ideas, aunque otra cosa crean los poetas acéfalos. Debe haber calor animal. Y debe haber retórica, descripciones y argumentos, y hasta política. La Poesía no es neutral. Ningún hombre puede ser hoy neutral.

En ellos pide salir “¡A la calle! que ya es hora/de pasearnos a cuerpo/y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”. Y reivindica una “Poesía para el pobre, poesía necesaria/como el pan de cada día,/como el aire que exigimos trece veces por minuto,/ para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Rechaza “la poesía concebida como un lujo/cultural por los neutrales/que, lavándose las manos, se desentienden y evaden./ Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”.

Lea también: El legado empresarial de Juan José Vera

Se siente “un ingeniero del verso y un obrero/que trabaja con otros a España en sus aceros”. E indica que la suya “no es una poesía gota a gota pensada./No es un bello producto. No es un fruto perfecto./Es algo como el aire que todos respiramos/y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Evolución Poética y Crisis de la Poesía Social

“En los primeros años del sesenta, dirá el poeta vasco, la llamada “poesía social” entró en crisis. Creo que esto se debía, más que al agotamiento de sus posibilidades, a la increíble difusión que logró pese a los malos auspicios con que había nacido. Al cansancio que produce cualquier corriente literaria dominante y a la proliferación de epígonos que, como ocurre siempre, acabaron por convertir en un cliché lo que había comenzado como un deslumbrante descubrimiento, debe añadirse que el clima de furor y esperanza en que había nacido la primera poesía social se había ido extinguiendo con el paso de unos años en los que no se produjo más cambio que el de una derivación de nuestro país hacia una incipiente sociedad de consumo. Una vez más pudo comprobarse cómo las superestructuras culturales dependen de la base socio-económica en que se producen.

“Intenté una nueva puesta a punto de la poesía social aplicando ésta a la problemática de mi Euskadi natal mediante una combinación de sus viejas leyendas con su actual efervescencia revolucionaria. Pero esto no podía tener un verdadero sentido mientras no me expresara en euskera, como lo hacía de niño, cuando aún no sabía el castellano. Canto por ti. Quiero hablar a los vascos como tú les hablaste,/más allá de la muerte con la magia y el tacto de tus palabras justas:/Maite ditut galurrak argiak ez beste.../Ai, egaztia banintz/ Gañik-gain nenbilke/¡Ay, si también yo lo fuera como tú sí que lo fuiste!

En 1966 viaja a Cuba. Durante ese año, junto a Alfonso Sastre y el pintor Ricardo Zamorano, es condenado a pagar una multa de 50.000 pesetas por haber participado en una asamblea de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas de Madrid. Acude a Baeza, para el homenaje tributado a Antonio Machado. En 1968 se le concede el Premio Internacional Etna Taormina por el conjunto de su obra poética. Viaja a Brasil para asistir a la inauguración de un monumento a Federico García Lorca. Participa en La Habana en el Congreso de la Cultura.

En estos textos habla de su evolución poética:“Intenté el experimentalismo a ultranza y la poesía concreta con “Campos semánticos”, escrito un poco al margen de mi ensayo “Inquisición de la Poesía” (1972), que es algo así como un examen de conciencia y un estudio de las posibilidades de la poesía. Intenté entrar en el jazz, que me apasiona, con “Música de baile” (1967); y en una comprensión de la nueva juventud con “Operaciones poéticas” (1971).

Lea también: Juan Roig: Un líder empresarial

“La mejor expresión del problema que me preocupaba es “El Derecho y el Revés”. Si en “Lo demás es silencio” (1952) me planteaba un conflicto interior entre el existencialismo y el marxismo, ahora, dentro de mí, enfrentaba al ingeniero y al mono o, digamos, a Prometeo y Epimeteo, al extrovertido y al introvertido, al activista y al quietista.

“En 1969 publiqué “Lírica de Cámara”; y en 1973, "Función de Uno, Equis, Ene.” ¿A qué apuntan estos libros? Al decepcionante reconocimiento de que el hombre no responde a los modelos humanistas que, desde el clásico hasta el prometeico-marxista, se nos han dado. Más allá de cualquier transfiguración, racionalización, revolución o transformación posible, “Lírica de Cámara” gira en torno a la constatación de que, como la Física Nuclear nos muestra, estamos sumidos en un mundo de estructuras que funcionan al margen de cuanto humanamente podemos comprender.

“Y esta es la cuestión a la que se aplican también los poemas de mi libro “Función de Uno, Equis, Ene”, en donde “Uno” es el yo aislado; “Ene”, los otros o el colectivo y “Equis”, un implacable e incomprensible orden que se rige según leyes o reglamentos no humanos: El del universo formado por unas micro y macro estructuras en las que nosotros desaparecemos, sin ser siquiera advertidos. Pues nuestras fabulaciones, personalidades, ideas o culturas históricas no responden a nada real. Quizá sólo el conflicto entre lo que llamamos mundo exterior y el Ello, entendido éste como un mundo de las pulsiones e instintos impersonales que nos identifican con la materia inorgánica, pueda explicar nuestras absurdas construcciones psíquico-ideológicas. Pero a fin de cuentas no tiene importancia.

“Todos nuestros heroicos combates y nuestros sabios debates parecen entonces una burla. En 1977 se presenta como candidato por el Partido Comunista de España en las primeras elecciones legislativas, en Guipúzcoa. En 1981 Publica “Poesía hoy” y “Poesías completas (1977-1980)”. El catorce de octubre del año siguiente contrae matrimonio en San Sebastián con Amparo Gastón. En 1986 recibe el Premio Nacional de las Letras Españolas y publica “El mundo abierto”. Sin ayer ni pasado, totalmente glorioso,/como quien se mira a sí mismo sin verse. Fallece en Madrid el 18 de abril de 1991.

Quizás, cuando me muera,/dirán: Era un poeta./Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia. Quizás tú no recuerdes/quién fui, mas en ti suenen/los anónimos versos que un día puse en ciernes. Quizás no quede nada/de mí, ni una palabra,/ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana. Pero visto o no visto,/pero dicho o no dicho,/yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Legado y Reconocimiento

Alguien con un patrimonio muy poderoso, cuya identidad permanece en secreto, ha saldado una deuda fiscal millonaria con la Hacienda de Álava mediante la dación de 87 piezas de arte -entre ellas, cuadros de Ignacio Díaz de Olano o el destacado Tríptico de la Guerra de Aurelio Arteta- y más de 200 grabados de Francisco de Goya, todo provenientes de la colección de la Fundación Juan Celaya Letamendia. El conjunto de creaciones artísticas fue valorado en 4,3 millones de euros y su entrega a la Diputación alavesa satisfizo una parte de la obligación tributaria que el misterioso contribuyente había contraído.

Las piezas artísticas que ya son de titularidad pública correspondían a la entidad que lleva el nombre de Juan Celaya, un conocido empresario guipuzcoano fallecido en 2016, impulsor de firmas conocidas en Euskadi como el fabricante de pilas Cegasa o los electrodomésticos Solac, además de mecenas de la cultura y el deporte vasco. Esta fundación firmó en 2018 un convenio con la Diputación alavesa que recogía la cesión de 45 obras al Museo de Bellas Artes de Álava por un periodo de cuatro años prorrogables.

“Se trata de una colección espectacular que cuenta con obra de varios artistas alaveses como Ignacio Díaz de Olano, Fernando de Amárica o Pablo Uranga, lo que significa una alegría para nosotros y para el territorio, pero también otras piezas de gran valor como, por ejemplo, varios grabados de Francisco de Goya”, dijo hace seis años el diputado general de Álava, Ramiro González.

Ahora se ha conocido que las 45 obras cedidas por la Fundación Juan Celaya en 2018 y otras 42 piezas artísticas de esa entidad están ahora en poder de la Diputación alavesa y se muestran al público, en parte, en el Bellas Artes ubicado en Vitoria. En la lista se encuentran cuatro carpetas con más de 200 grabados de las series Tauromaquia, Caprichos, Los proverbios y Los disparates de Goya, pinturas de autores vascos de finales del XIX y principios del XX, además de tres tallas de madera de los siglos XIII, XV y XIX.

La responsable del Departamento de Cultura de la Diputación alavesa destaca de toda la colección recibida el valor del tríptico sobre la Guerra Civil pintado por Aurelio Arteta (valorado en 1,2 millones), que en 2021 se prestó al Guggenheim de Bilbao para su exhibición como obra invitada durante siete meses por su trascendencia en el arte vasco del siglo pasado: “Por sí mismo, justificaría la recepción de toda las obras” entregadas en pago a las arcas públicas. Son tres lienzos El frente, El éxodo y La retaguardia, pintados entre 1937 1938, que funcionan como un retablo que narra la visión del autor sobre la contienda nacional de 1936.

“Es una de las obras cumbre de la plástica vasca del siglo pasado”, afirma Del Val. En la colección, que ya es pública, también constan obras de Díaz de Olano, Andrés Apellániz, Alberto Arrúe, Eduardo Zamacois, Valentín de Zubiaurre, Fernando de Amárica, Flores Kaperotxipi o Joseph Bell, entre otros.

“Es un conjunto de bienes artísticos de gran valor por su calidad y que de otra forma no hubiéramos podido adquirir”, dice la diputada de Cultura Del Val en nombre de la institución de Álava, “y que ahora ya no está en manos privadas, sino que será puesta para el disfrute de todos”.

Juan Celaya Letamendi: “En Chile me siento como en Oñate” Palmira Oyanguren M.A sus 83 años, y a pocos días de recibir la Medalla de Oro de Guipúzcoa, este reconocido empresario y mecenas cultural vasco le pide a la vida sólo unos años más de salud para poder ver, con sus propios ojos, concretados los sueños de su pueblo.

En un hotel de Santiago, Juan Celaya se dio el tiempo para conversar. Y entre cigarro y cigarro compartió el cariño y aprecio que le tiene a nuestro país. “Chile siempre me ha venido muy de cerca. Cuatro hermanos de mi abuela vinieron aquí muy jóvenes e hicieron su vida en Chile, los Emparanza. Luego llegaron dos hermanos de mi padre, uno de ellos murió al poco tiempo y el otro hizo también su vida en este país. Mi padre estuvo en Chile durante seis años como exiliado de guerra y recuerdo que cuando estaba de mal humor sólo hacía falta hablarle de Chile y mágicamente le cambiada la cara. Y eso los parientes directos. Por otra parte, hijos de Oñate nacidos allí e hijos de ellos, habían unos 500 cuando volvió mi padre a Euskadi, así que mi relación es muy cercana… cuando vengo a Chile me siento como en casa”.

Para más coincidencias fue un pariente vasco chileno el que inspirara la creación de una de sus más importantes empresas: Cegasa. “Hacia los años 20 mi padre tenía una sociedad de armaduras de paraguas. Un buen día llegó a Oñate un primo chileno, Urcelay, y conversando con él comentó que había trabajado un año en una fábrica de pilas en Alemania. A mi padre le quedó dando vueltas la idea en la cabeza y decidió formar la empresa”.

Para Celaya, la jubilación definitivamente no está en sus libros. “Cuando tienes sociedades no te cabe en la cabeza este tema. Además que lo que he generado yo no lo he hecho sólo, sino con un equipo numerosísimo que trabaja conmigo hace 30 ó 40 años, estoy muy implicado con ellos. Vender, la verdad, es que no me cae nada bien”.

Molesto, porque siempre lo vinculen sólo a los fríos e impersonales números, señala: “ante todo soy un hombre, soy Juan Celaya Letamendi, hijo de Javier y de Jacinta, nacido en el caserío de Upainkoa. Entre otras actividades que he desarrollado están los aspectos industriales o económicos, pero ante todo está el hombre. No me limiten a mí sólo a la función empresarial. Me interesan muchas otras cosas y por muy encima de las pilas y el quehacer material de fábrica…me preocupa Euskadi”.

Celaya ha trabajado siempre en pos de la cultura vasca (Ikastolas, UZEI, expedición Tximist al Everest, ciclismo...), y hoy figura como promotor y presidente de Kulturaren Aldeko Euskal Fundazioa, cuyo objetivo es que la cultura sea el punto de conexión de todos los vascos. “Creo que debería haber una fundación que agrupara a todos, porque somos pequeños y la parcialización no nos conviene en ningún aspecto. Esto no quiere decir que exista un único medio, pero lo que sí pienso es que no es positivo que una función específica se divida en varias ramas, porque aún uniéndonos somos pocos.

“Euskal Fundazioa es una institución que no hace más que repartir los fondos en las distintas parcelas de la cultura vasca, y como las necesidades son ilimitadas nos encontramos que lo difícil es priorizar. No estoy a favor del acaparamiento de nada, mi función es darle dinero a los “hacedores” y si pudiera dar más, más a gusto me quedaría. Me gustaría que alguien me asesorara, que me dijera esto debes darlo así y aquí”.

En pocos días más la Diputación Foral concederá a Juan Celaya la Medalla de Oro de Guipúzcoa, junto al obispo emérito de San Sebastián, José María Setién y al periodista Iñaki Gabilondo por ser “personas ejemplares para la sociedad guipuzcoana”.

Juan Celaya Letamendi, nacido en Oñati (Gipuzkoa) el 29 de agosto de 1920, es Doctor Ingeniero Industrial por la Escuela de Ingenieros de Bilbao. La Empresa de pilas Cegasa (1934) ha sido el antecedente a partir del cual ha desarrollado sus posteriores iniciativas industriales, como: Tuboplast (envases de plástico) e Hidronor (tratamiento de residuos). Es también partícipe en empresas como Conservas Ulecia, vinos Lan, cartuchos CTL Activ, entre otras.

La actividad industrial de Celaya no se limita al País Vasco, sus fronteras se extienden a: España, Francia, Inglaterra, Portugal, Estados Unidos, Chile, Argentina, México y otros países.

Además su interés por las dimensiones sociales y culturales, ha hecho que apoye diversas iniciativas, como las ikastolas, UZEI, Expedición Tximist al Everest, entre otros.

Es también promotor y presidente de K. A. Euskal Fundazioa, donde lidera este proyecto para crear un ámbito de encuentro de todos los vascos en la cultura.

Uno de los galardones que ha recibido es la distinción Lan Onari, otorgado por el Lehendakari, Juan José Ibarretxe. Y hoy sumamos la Medalla de Oro de Guipúzcoa concedida por la Diputación Foral por ser “una persona ejemplar para la sociedad guipuzcoana”.

El fundador de Cegasa o Tuboplast, ya fallecido, creó en 1994 una fundación que lleva su nombre y que destina sus fondos al apoyo de la cultura vasca, hasta el punto de que se le considera uno de los grandes mecenas de Euskadi. Además, la primera expedición vasca al Everest fue sufragada por Cegasa.

Tabla resumen de su trayectoria

Acontecimiento Año
Nacimiento 1920
Premio del Centenario Bécquer 1936
Conoce a Amparo Gastón 1946
Premio Internacional Etna Taormina 1968
Premio Nacional de las Letras Españolas 1986
Fallecimiento 1991

tags: #juan #celaya #empresario