El fascismo, más allá de una ideología política, refleja patrones psicológicos específicos que prevalecen en los líderes fascistas y se fomentan dentro de los movimientos fascistas. Basándonos en estudios académicos, podemos desglosar estos rasgos en marcadores reconocibles.
Características del Liderazgo Fascista
1. Idealización del Pasado
Los líderes fascistas suelen invocar una visión idealizada de una época pasada, en la que el grupo al que pertenecían era dominante y la sociedad supuestamente era mejor. Esto es más que un simple anhelo por el pasado; es un recurso psicológico utilizado para avivar sentimientos de resentimiento y el deseo de volver a esa época idealizada.
Los fascistas alientan a la gente a creer que sus dificultades personales y nacionales se derivan de un alejamiento de ese pasado mítico. Psicológicamente, esto apela a un deseo de simplicidad y estabilidad en un mundo incierto. La gente añora una época en la que, en su percepción, los roles sociales eran más claros y la vida era menos complicada.
2. Culto al Líder Carismático
En el corazón de cualquier movimiento fascista está el culto a un líder carismático que se considera infalible, la encarnación de la identidad de la nación y el árbitro final de la verdad. Los seguidores de estos líderes no sólo los respetan, sino que los idolatran.
El líder es presentado como una figura descomunal, capaz de resolver los problemas de la nación por sí solo. Como resultado, sus seguidores a menudo están dispuestos a hacer todo lo posible para defenderlos y protegerlos. Esta tendencia psicológica refleja una profunda necesidad de certidumbre y autoridad, a menudo en respuesta a una sensación percibida de caos.
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Los líderes fascistas explotan esta necesidad al posicionarse como los únicos capaces de restablecer el orden y abordar los agravios.
3. Visión del Mundo en Blanco y Negro
El fascismo se caracteriza por una visión del mundo austera y en blanco y negro, en la que el grupo en sí es considerado moralmente superior y todos los forasteros o críticos son enemigos. Esta mentalidad polarizada alienta a los seguidores a ver cualquier disidencia como una amenaza personal o nacional.
También permite al líder justificar acciones extremas, ya que lo que está en juego se enmarca como una lucha existencial entre el bien y el mal.
4. Desconfianza hacia Intelectuales y Expertos
El fascismo fomenta una profunda desconfianza hacia los intelectuales, científicos y expertos, porque el pensamiento crítico, la investigación científica y el contexto histórico pueden exponer fácilmente las mentiras y contradicciones que se encuentran en el corazón de la retórica fascista.
Desde el punto de vista psicológico, esto se nutre del miedo a perder el control sobre la propia visión del mundo. Muchas personas encuentran consuelo en narrativas simples que se alinean con sus creencias preexistentes, y cuando esas creencias son cuestionadas por expertos o intelectuales, se crea una disonancia cognitiva.
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5. Victimización del Grupo
Uno de los rasgos psicológicos más generalizados del fascismo es la representación del grupo como víctima. A pesar de que a menudo ocupan posiciones de poder, los movimientos fascistas se presentan como si estuvieran asediados por fuerzas poderosas, ya sean otras razas, oponentes políticos o conspiraciones internacionales.
Las teorías de la conspiración a menudo desempeñan un papel importante en este sentido, ya que proporcionan explicaciones simples para problemas sociales complejos.
6. Política como Combate y Glorificación de la Violencia
Los movimientos fascistas consideran la política como una forma de combate y la violencia como una herramienta necesaria para alcanzar sus objetivos. Desde el punto de vista psicológico, esto apela a los miedos e instintos primarios.
Al glorificar la violencia, los líderes fascistas ofrecen a sus seguidores una válvula de escape para la ira, la frustración y el resentimiento.
7. Obsesión por la Pureza
El fascismo suele incluir una preocupación por la pureza racial, cultural y moral. Esto puede manifestarse en políticas destinadas a limitar la inmigración, suprimir las minorías o regular los cuerpos de las mujeres y los derechos reproductivos.
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Los líderes fascistas con frecuencia apelan a los temores sobre la “contaminación” de la sociedad por elementos extranjeros, tanto físicos como morales. Desde una perspectiva psicológica, esta obsesión por la pureza refleja un miedo a perder el control.
El fascismo prospera gracias a la ansiedad de que los cambios sociales, ya sean demográficos, culturales o sexuales, conduzcan a una pérdida de identidad y poder para el grupo al que pertenecen.
El Fascismo en la Práctica: Italia y Alemania
El fascismo constituye un fenómeno complejo, con características diferentes según el momento y el país. De una forma amplia, utilizamos el término fascismo para referirnos a los movimientos totalitarios de extrema derecha que nacieron en el período de entreguerras en Europa. Aunque hubo movimientos fascistas en diversos lugares de Europa (España, Hungría, Noruega...) nos centraremos en aquellos dos que tuvieron una mayor influencia en el continente: el fascismo italiano y el nazismo.
Características Comunes del Fascismo Italiano y el Nazismo
- Totalitarismo: El estado fascista fue un estado totalitario. La única organización política permitida era el partido oficial (el Partido Fascista en Italia, el Partido Nacionalsocialista o Nazi, en Alemania), que goza de un poder absoluto; el poder judicial y el legislativo no son independientes y están subordinados al poder ejecutivo. El Estado fascista lo controla todo a través de la fuerza y la propaganda.
- Antimarxismo y Supuesto Anticapitalismo: El fascismo, como movimiento que apela más al sentimiento que a la razón, tenía una base ideológica muy difusa y en muchos casos contradictoria. Se define a sí mismo, a la vez, como anticapitalista y antimarxista. Ese pretendido anticapitalismo no fue más que una operación propagandística, destinada a atraer a insatisfechos con el sistema económico en tiempos de crisis. Pero, a la hora de la verdad, recibieron el apoyo del gran capital en su ascenso al poder y una vez alcanzado se aliaron con los grandes empresarios. El marxismo, y en general cualquier movimiento de ideología izquierdista, sí que se convirtió en el verdadero enemigo del fascismo.
- Militarismo y Ultranacionalismo: El Estado fascista se configuró como si fuera una organización militar, en la que debía regir la disciplina y no había lugar para la discrepancia. Los fascistas organizaron sus propias organizaciones paramilitares (camisas negras, en Italia; la SA en Alemania) y cuando llegaron al poder potenciaron el papel de las fuerzas armadas. Por otro lado, el nacionalismo, la unidad nacional como elemento supremo, fue otra de las características más destacadas del fascismo.
- Un Líder Carismático Exaltado por la Propaganda: El Duce, el Führer (o el Caudillo en España), es decir, un gran jefe en torno al cual se organizaba toda la estructura fascista. A la manera de un rey del siglo XVII, su poder sobre el partido, el Estado e incluso la sociedad era absoluto. Para asegurarse este culto extemo a la personalidad, el fascismo se aseguró de controlar los medios de comunicación, tanto la prensa como la radio, muy utilizada por el propagandista de Hitler, Joseph Goebbels.
- Racismo y Xenofobia: Estuvieron presentes en todos los movimientos fascistas, pero en ninguno se mostraron de forma más decidida ni cruel que en el nazismo alemán. Los nazis consideraban que había razas superiores e inferiores: en el escalafón superior estaba la raza aria y por debajo las demás.
El Ascenso de Mussolini al Poder
“O nos dan el gobierno o iremos a Roma a tomarlo”. Con estas palabras, Benito Mussolini concluía su discurso durante la concentración del Partido Nacional Fascista en Nápoles, el 24 de octubre de 1922.
El 24 de octubre de 1922, Benito Mussolini lanzó una amenaza clara: “O nos dan el gobierno o iremos a Roma a tomarlo”.
El 27 de octubre, varias columnas de camisas negras se pusieron en marcha hacia Roma.
Luigi Facta daba por descontado que Víctor Manuel III aprobaría el estado de sitio, pero el rey, temiendo una guerra civil, se negó.
El 29 de octubre, Mussolini recibió en la sede del Popolo d'Italia, el periódico político que dirigía, un telegrama de uno de sus generales que decía lo siguiente: “Su Majestad el Rey me encarga rogarle que se dirija a Roma para presentarle sus respetos”.