Liderar organizaciones nunca ha sido fácil, pero actualmente, con la Revolución 4.0, la pandemia, la guerra y otros acontecimientos, nos encontramos en un entorno muy complicado. Cuando muchos sectores todavía no se han recuperado del todo de los efectos de la pandemia, la escasez de recursos y las tensiones inflacionistas añaden problemas adicionales. Por eso, se hace aún más difícil liderar una organización.
Valores Fundamentales del Liderazgo en la Incertidumbre
Ahora más que nunca, las empresas y el mundo en general necesitan que los líderes ejerzan su liderazgo enfocado hacia el bien. La transparencia, el espíritu de servicio y el sacrificio son esenciales.
Mahatma Gandhi dijo: «Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos en tus palabras, tus palabras en tus acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores. Tus valores se convierten en tu destino». Estas palabras sirven para definir los tiempos de incertidumbre que vivimos y cómo deberían enfrentarse a ellos aquellos que nos lideran, en la empresa o en la política.
La pandemia, la guerra y la inflación han sacudido los cimientos de la sociedad y el liderazgo es un factor crucial para la seguridad y el éxito de las empresas. Muchas compañías se vieron desbordadas ante la falta de un plan cuando comenzó la pandemia y muchos líderes recurrieron a la formación de comités de crisis para tomar decisiones cruciales en relación al negocio y a las personas.
Ejemplaridad y Coherencia
La ejemplaridad se vuelve más crucial que nunca. Si un equipo necesita un referente, quién mejor que su propio CEO para asegurarse de que se siguen los patrones correctos. El liderazgo radica en ser un ejemplo de coherencia entre lo que se propone y cómo se alcanza. En palabras de Antonio Urcelay, ex-CEO de ToysRUs, un consejero delegado debe ser "un potenciador de talentos ajenos e inspiración para los demás".
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Es importante recordar que todos somos propensos a cometer errores, nadie es infalible. Sin embargo, si un líder desea crecer, debe estar dispuesto a reconocer y aprender de sus propias equivocaciones. La crítica constructiva enriquece y genera empatía, y la humildad es el puente que conecta ambas dimensiones.
Como decía Jose Ignacio Goirigolzarri, presidente de la CaixaBank, con motivo del prólogo del libro El líder ante la innovación, "la ejemplaridad legitima al líder".
Habilidades Clave para el Liderazgo Efectivo
Visión, pensamiento claro, buen juicio, habilidades comunicativas, autoconocimiento e inteligencia emocional. Estas son algunas de las cualidades más importantes que debe tener un buen líder. ¿Y cómo cultivarlas? La herramienta más infravalorada es la lectura. Leer es pasar tiempo y escuchar la mente de las personas en sus momentos de reflexión. Leer muestra el mundo en toda su amplitud y complejidad. Un lector vive mil y una vidas, mientras que alguien que no lo es solo vive la suya propia. No hay que limitarse a libros de negocios. Ciencia, filosofía, psicología, literatura, ficción o no ficción.
La Importancia de la Comunicación y la Colaboración
En lugar de quedarse personalmente con la presión, ahora más que nunca, los líderes deben aprovechar la sabiduría y energía de toda la organización. Numerosas investigaciones ya han demostrado que los grupos toman mejores decisiones que los individuos por sí solos.
Por otro lado, también es responsabilidad de la Dirección crear una cultura organizativa y un contexto ideal que empujen a las personas a compartir y contribuir con ideas e iniciativas. Con esto en mente, deberán implicarse en las ideas y sí, también las que son distintas. Garantizar la seguridad psicológica. La intimidación y las faltas de respeto deben quedar fuera de la conversación.
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Responsabilidad y Habilidades Sociales
En épocas difíciles, es vital que los líderes tomen decisiones estratégicas teniendo en cuenta las necesidades de sus stakeholders. Hay dos requisitos clave para convertirse en un líder responsable y efectivo en momentos así. En primer lugar, la responsabilidad debe estar integrada estructuralmente en toda la organización, desde las prácticas, la cultura y los valores hasta la rendición de cuentas ante los stakeholders. Para ello, esta responsabilidad debe traducirse y monitorizarse a lo largo de las distintas funciones de la compañía.
En segundo lugar, las habilidades sociales de los líderes son cruciales para liderar una organización responsable que cree valor y ofrezca un impacto social positivo. Los líderes deben desarrollar confianza y empoderar, alentar, motivar e inspirar a sus colaboradores para que se hagan responsables de su forma de trabajar y de cómo se implican en la sociedad.
Gestionando en Tiempos de Turbulencia
El valor de un buen liderazgo aparece en tiempos difíciles, cuando los colaboradores buscan claridad en la dirección adecuada a la que dirigirse. Los líderes deben establecer una dirección estratégica clara que recoja un conjunto de decisiones consistentes y que, además, se refuercen mutuamente. Es su responsabilidad, pues, así como de la Dirección en primera instancia, comunicarlas al resto de la organización y elegir la estructura, procesos y sistemas de incentivos que se ajusten al conjunto de decisiones estratégicas.
Alinear el equipo directivo y toda la organización: Una vez que la visión y la estrategia están claras hay que conseguir que todo el mundo esté alineado. En tiempo de turbulencias se debe inspirar confianza y proyectar calma.
Gestionar riesgos: Como los riesgos no paran de aumentar (posibles ciberataques, falta de suministros, incrementos de costes…) debemos priorizar su identificación y gestión.
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Tomar decisiones difíciles: Los cambios acelerados y las disrupciones que se están produciendo en muchos ámbitos requieren decisiones para no quedar atrás.
Gestionar conflictos: El número de conflictos en las organizaciones acostumbra a aumentar cuando las cosas van muy mal (o muy bien) puesto que las personas se pelean para influir en cómo se reparten las pobrezas (o las riquezas). Por eso, en tiempo de turbulencias suelen producirse más conflictos que deben gestionarse para que la organización y sus personas no se hagan daño. En este tema hay que recordar a menudo una obviedad: los competidores están fuera de la organización, no tienen sentido las luchas fratricidas o las filias y fobias que hacen tanto daño.
Conseguir que las decisiones se ejecuten: Un riesgo creciente ante la complejidad es la reunionitis y la falta de ejecución. Hay un exceso de reuniones que, a menudo, son demasiado largas y costosas. Y también existe el hábito de convertir las reuniones en sesiones donde la mayoría toca el violín y después no pasa nada relevante. Lo importante es convocar las reuniones cuando son necesarias, con los asistentes adecuados y con un seguimiento de las decisiones tomadas.
Gestionar las partes interesadas: También es muy importante dedicar tiempo para gestionar muy bien las partes interesadas (equipo directivo, plantilla, propiedad, clientes, proveedores, sociedad…).
Conseguir una organización inclusiva: Es un reto de importancia creciente.
Liderar con el ejemplo: Tenemos que conseguir coherencia entre lo que decimos y lo que hagamos.
Gestionarse un mismo: Y también hay que superar el pánico en entornos difíciles como el actual. Debemos hacer el esfuerzo de no comunicar nuestros miedos sino nuestras esperanzas y confianzas.
Adaptabilidad y Curiosidad
La vertiginosidad del cambio puede abrumar. No sabemos a qué nuevas tecnologías, expectativas y contextos tendremos que hacer frente dentro de cinco años. Pero hay algo bueno en todo esto: cuando las cosas cambian rápido, el liderazgo basado en el miedo ya no funciona. Si los líderes quieren que los colaboradores den lo mejor de sí para trabajar e innovar, deberán estar a su servicio mientras hacen y crecen; porque lo que funciona en entornos de muchos cambios es liderar con humildad y despertar la curiosidad.
Delegación Efectiva y Gestión del Estrés
Vivimos tiempos donde liderar va mucho más allá de fijar objetivos, asignar tareas y monitorear resultados. La delegación, muchas veces entendida como una forma de quitarse trabajo de encima, es en realidad una herramienta clave para fortalecer a los equipos. Delegar bien implica identificar a la persona adecuada, establecer con claridad el propósito de la tarea, definir los márgenes de autonomía, y diseñar una estrategia de seguimiento constructiva. Según Benjamin Laker (2025), una delegación efectiva permite construir confianza, desarrollar nuevas habilidades y distribuir liderazgo.
Ahora bien, el delegar también debe acompañarse con una estrategia de gestión del estrés. El artículo 'How Leaders Help Teams Manage Stress' (Morrison & Forster, 2025) ofrece una mirada clave sobre este punto: el estrés, bien gestionado, puede actuar como motivador, pero cuando se vuelve crónico y no se aborda, genera trauma organizacional. Los autores proponen tres líneas de acción para liderar mejor en contextos de alta presión:
- Mirarse al espejo: el líder debe regular su propio estrés antes de poder contener el ajeno.
- Ayudar a los equipos a expandir su rango de funcionalidad, entrenando sus habilidades para afrontar la presión.
- Construir climas de integridad emocional, donde se escuche, se valide y se construya confianza.
En síntesis, liderar en tiempos complejos requiere integrar habilidades duras y blandas, racionales y emocionales. La delegación efectiva y la gestión del estrés no son acciones separadas, sino componentes de un mismo enfoque: el liderazgo consciente y humano.
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