Robinson Crusoe: Un Emprendedor en la Isla Desierta

Hoy se conmemora el 300 aniversario de la publicación, el 25 de abril de 1719, de la genial Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1660-1731), que fue el segundo libro más leído después de la Biblia.

Con el título original The life and strange surprising adventures of Robinson Crusoe, of York, mariner es considerada la primera novela inglesa y una obra maestra de la novela de aventuras. El éxito fue inmediato debido a su estilo sencillo, directo y concreto, también por la creación de un héroe en el que cualquier persona corriente podía reconocerse.

Una influencia remota pero clara la encontramos en la obra El filósofo autodidacta del médico e intelectual Ibn Tufail, activo partícipe de la vida cultural de la corte de Granada del siglo XII. El texto cuenta la historia de un niño autodidacta y asilvestrado, criado por una gacela, que vivió solo en una isla desierta en el Océano Índico.

El Argumento Central

Robinson Crusoe narra las peripecias de un personaje ficticio, si bien muchos sostienen que probablemente Defoe se inspiró en los hechos reales ocurridos a un marino escocés. La novela estaría basada en la experiencia de este hombre, Alexander Selkirk, rescatado en 1709 tras pasar cuatro años en una isla llamada hoy Robinson Crusoe del archipiélago Juan Fernández (Chile).

En cualquier caso el protagonista relata en primera persona parte de su vida, un hombre que desde su juventud siente la necesidad de vivir experiencias extraordinarias. Tras pelearse con su padre comienza a navegar.

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En sus viajes sufre adversidades diversas y cae prisionero de piratas, es vendido como esclavo y consigue escapar, llega a Brasil donde prospera, embarca de nuevo y su barco naufraga. Finalmente se queda solo en una isla desierta en la que tiene que ingeniárselas día a día para sobrevivir.

Se detalla la capacidad de supervivencia del náufrago y cómo, apartado de todo, es capaz de reinventarse a sí mismo. En ese espacio de soledad -contempla la isla como su colonia- salva la vida a un indígena que era perseguido por caníbales.

Convierte a su nuevo compañero (al que Robinson bautiza con el nombre de Viernes por haberse conocido ese día) en algo así como su criado. Hay un contenido alegórico que unifica el libro.

Una aventura espiritual comparable a la real: en su reclusión en la isla, Robinson acaba triunfando sobre el medio natural. El proceso se plasma en un diálogo permanente con Dios y distintas lecturas de la Biblia.

Robinson Crusoe como Símbolo Emprendedor

En esta historia, Defoe no se limitó a relatar con maestría una serie de aventuras entretenidas y emocionantes. Robinson desarrolla en la isla una actividad permanente trabajando sin descanso.

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Calcula costes, gasta de manera prudente, guarda la primera cosecha para poder sembrarla de nuevo. Cumple el sueño burgués de varias viviendas y almacenes repletos. Crusoe fue usado en economía como instrumento para ilustrar la teoría de la producción y la elección del consumidor en ausencia de comercio, dinero y precios.

En su contexto debe elegir la combinación óptima de tiempo dedicado a la producción y el dedicado al ocio. Desde luego no es un hombre libre defensor de la naturaleza. Ni representa el ideal del salvaje no contaminado por la civilización como lo ve Rousseau. Ni mucho menos defiende una utopía.

Así pues Defoe identifica a Crusoe con el esfuerzo de los enérgicos burgueses, la clase social que se está haciendo con el control del país. Al igual que ellos, el protagonista de la novela es emprendedor y trabajador, y sabe enfrentarse a los problemas con sentido común.

Robinson posee sed de aventuras, laboriosidad, avaricia, inteligencia media y aguda observación. Robinson es la anticipación y el prototipo del colonialismo.

Es la imagen del perfecto colonizador británico: cree en la justicia suprema, posee unas creencias religiosas estables y coherentes, no siente tentaciones sexuales y actúa según una eficiencia máxima. Símbolo de la conquista británica que profetiza el imperio. Se convierte en su isla en carpintero y constructor, agricultor y misionero.

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Es cierto que muestra en numerosas ocasiones su aprecio y afecto por Viernes, al que se refiere como su sincero amigo. Sin embargo, Viernes no deja de ser el símbolo de las razas sometidas. Compañero inseparable aunque carente de autonomía. Es igualmente un símbolo del puritanismo.

Adaptaciones y Reinterpretaciones

En su libro Foe (1986) el Nobel sudafricano J.M. Coetzee reinventó el mito desde la perspectiva de una mujer. Susan, que sobrevive a un apático Robinson, se trasladará a Londres buscando a Daniel Defoe para que escriba su peripecia.

El filósofo francés Jacques Derrida reflexiona que el drama robinsoniano es el drama humano frente al mundo. La novela ofrece la metáfora de la desnudez humana ante las fuerzas abrumadoras de la naturaleza. Lo evidencia la denodada lucha ante esas fuerzas para someterlas y así crear un marco habitable y cómodo para el hombre.

Desde los comienzos del cine, se han hecho adaptaciones cinematográficas de la novela. El cineasta francés Georges Meliès dirigió una versión en 1902. Entre otras están la de Luis Buñuel en 1952. Pequeños detalles diferentes a la novela muestra la versión interpretada por Peter O’Toole en 1973 junto con el estadounidense Richard Roundtree.

Lo mismo ocurre con la dirigida en 1997 por Rod Hardy con la actuación de Pierce Brosnan como Robinson. En 2000 se rodó el filme Náufrago, de Robert Zemeckis, protagonizado por Tom Hanks. La película relata la historia de un ejecutivo que queda varado en una isla después de un accidente aéreo.

Daniel Defoe: Más Allá de Robinson Crusoe

Para finalizar conviene hacernos una idea de lo que significaron vida y obra de Defoe, quien fue además uno de los fundadores del periodismo moderno en Inglaterra. Tras viajar por Europa y volver a Inglaterra sus incursiones en los negocios resultaron ruinosas. Se fue interesando por la política y el periodismo.

En 1704 fundó el periódico The Review, donde pronto destacó como un periodista excepcional. En sus libelos y artículos se mostró como un hombre avanzado en su tiempo. Defendió el derecho de la mujeres a recibir la misma educación que los hombres; criticó a sus compatriotas que se creían superiores a los seres humanos de otras razas; y señaló los defectos de la Iglesia.

Al igual que Defoe, Swift fue también escritor (Los viajes de Gulliver, 1726) y periodista político. Pese a estas similitudes estaban en las antípodas uno de otro. Como ya he indicado, Defoe, defensor activo de la ética puritano-burguesa, concibió con Robinson el himno de una clase ambiciosa y optimista, consciente de su ascenso.

Un personaje que reconstruye en su isla el universo natural y moral de su origen. Defoe pasó a la historia de la literatura universal por las obras que escribió en su vejez; hoy diríamos madurez. No se hizo verdaderamente famoso hasta que a punto de cumplir los 60 publicó su gran libro.

En su otra obra maestra, Moll Flanders (1722), sobresale su habilidad para describir las costumbres (de hecho, es considerada la primera novela costumbrista inglesa).

Aplicación Económica de Robinson Crusoe

Los economistas hacen uso de los modelos económicos como herramienta para explicar, de forma simplificada, el funcionamiento de fenómenos y procesos económicos complejos. Estas representaciones de la realidad tratan de captar la esencia del problema a explicar y facilitar su comprensión, y las conclusiones del análisis son extrapolables al conjunto de la economía.

Las limitadas opciones para sobrevivir de Robinson Crusoe son tomadas como ejemplo para ilustrar el funcionamiento de un modelo de equilibrio general competitivo, es decir, de cómo se desarrolla el proceso de toma de decisiones de los agentes económicos que permite alcanzar una asignación eficiente de los factores de producción y los bienes de consumo.

Crusoe produce y consume un único bien: cocos. La cantidad producida y consumida de cocos dependerá del tiempo que Crusoe dedique a recogerlos (trabajo), frente a quedarse descansando en la playa (ocio).

En este contexto, nuestro protagonista persigue un doble objetivo: en su faceta como productor, recoger el mayor número de cocos posible, lo que le permitirá maximizar su beneficio, mientras que, como consumidor, preferirá maximizar el consumo de cocos y su tiempo de descanso (maximizar su utilidad). A esto se le denomina “conducta optimizadora”.

De esta forma, en cada decisión producción-consumo Crusoe incurre en un coste de oportunidad: sacrificar tiempo de ocio por trabajo para conseguir más cocos. La cuestión que se plantea es determinar cuánto tiempo debe dedicar al trabajo y cuánto al ocio de forma que ambos objetivos queden cubiertos.

La capacidad para recoger cocos de Robinson Crusoe, que representa su función de producción, va a depender del tiempo de trabajo que dedique a tal labor. Por su parte, la satisfacción que obtenga como consumidor, representada en su función de utilidad, vendrá determinada por el consumo de cocos y el tiempo que dedique al descanso.

Parafraseando a Crusoe, “(…) las cosas sólo pueden ser consideradas buenas con arreglo al uso que de ellas hagamos, y (…) no gozamos de las mismas sino en la medida en que las empleamos”.

La respuesta a su pregunta vendrá dada por aquella cantidad de trabajo que permita a Crusoe maximizar el número de cocos recogidos (beneficio) y, simultáneamente, la satisfacción (utilidad) que le reporta el consumo de cocos y el descanso. Este será el punto de equilibrio de nuestro mercado, donde oferta y demanda se igualan, o solución Pareto eficiente.

A partir de este punto, la satisfacción que obtiene Crusoe del último coco consumido es menor que la utilidad de dedicar ese tiempo al descanso, por lo que no tendrá ningún incentivo para modificar el reparto. Se cumple así el primer teorema de la economía del bienestar: cualquier equilibrio competitivo conduce a una asignación de los recursos que es eficiente en el sentido de Pareto.

La aplicación económica de la experiencia de Crusoe no se limita al modelo anterior, sino que ha servido de base para ilustrar otras cuestiones, como la ampliación del modelo de equilibrio general o la teoría de los ciclos económicos reales.

En el capítulo XI, Crusoe descubre una tribu de caníbales que acuden periódicamente a la isla a realizar sacrificios y rescata a uno de sus prisioneros, Viernes. Su entrada en escena permite ampliar el modelo anterior en varios aspectos: ahora hablamos de una economía con dos agentes económicos (Crusoe y Viernes) y, por tanto, dos factores productivos (el trabajo de ambos).

Además, Viernes sabe pescar, por lo que se incorpora un nuevo bien a la cesta de consumo, el pescado. Nuestro modelo 1x1x1 es ahora un modelo 2x2x2 (2 productores, 2 consumidores, 2 bienes). Además, frente a la economía cerrada anterior, existe la posibilidad de realizar intercambios con los caníbales.

En cuanto a la teoría de los ciclos económicos reales, las decisiones de producción y consumo de Crusoe y Viernes pueden cambiar a lo largo del tiempo en la medida en que sus condiciones de vida se vean alteradas por alguna perturbación. Las condiciones meteorológicas de la isla, por ejemplo, limitan sus opciones para obtener recursos, lo que permite explicar las fluctuaciones de la economía a través del siguiente símil: la llegada repentina de un gran banco de peces a la isla supondría mayor producción a cambio de dedicar más horas de trabajo a la pesca.

Crusoe y Viernes son ahora más productivos, pues pueden capturar más peces por hora, y, temporalmente, deciden reducir su tiempo de ocio para dedicarlo al trabajo. Esta situación puede equipararse a un ciclo económico expansivo.

De esta forma, las fluctuaciones en la productividad, el empleo, la producción o el consumo son la respuesta del individuo a cambios inevitables en su entorno.

Interpretaciones Sociológicas y Filosóficas

Más allá del terreno económico el “experimento del robinsonismo” ha sido tomado como ejemplo en otras disciplinas. Así, en el ámbito de la Sociología y la Psicología se considera que Crusoe personifica aptitudes deseables en los individuos, como la perseverancia, la autosuficiencia o la confianza en uno mismo, llegando incluso a acuñar un término: “ser un robinsón”.

Bajo un enfoque filosófico, se han identificado paralelismos entre la experiencia de Crusoe y situaciones planteadas por autores como Platón, Descartes o Nietzsche en relación a la capacidad inspiradora y fortalecedora de la fe como elemento que le permite, además de sus propias capacidades, sobrevivir.

Frente a esta interpretación “en positivo” de la novela de Defoe, su análisis desde un punto de vista histórico la tilda como ejemplo del puritanismo y el colonialismo británicos.

No en vano, Crusoe enseña a Viernes dos cosas fundamentales: su idioma y su religión, una conducta propia de los procesos de conquista -los romanos imponían su lengua, religión e instituciones en los territorios ocupados- que se repite en el proceso de colonización europea del siglo XIX. En esta línea se manifestaron personalidades como el escritor irlandés James Joyce o filósofos como Derrida o Heidegger.

El 11 de junio de 1687 Robinson Crusoe pisa de nuevo suelo inglés tras 28 años, 2 meses y 19 días en una isla desierta. 300 años después, su historia continúa alimentando la imaginación de millones de lectores en todo el mundo y deja, como señaló el pedagogo británico Thomas Godolphin Rooper, una interesante reflexión: “Nunca busques en los demás lo que puedes hacer por ti mismo”.

Robinson Crusoe es una historia que ha dado nombre a un tipo de experiencia (“ser un Robinsón”) y hasta a una isla (desde 1966, la anteriormente llamada Más a Tierra, propiedad de Chile, donde pasó cuatro años Alexander Selkirk, el náufrago escocés a quien a menudo se considera inspiración de la trama).

Cuando se publicó el libro el 25 de abril de 1719 no existía el concepto de “novela”, nadie lo llamó así, y de hecho no fue hasta más tarde cuando se lo empezó a considerar como posiblemente la primera novela de la historia de la lengua inglesa.

Según el libro, Crusoe era un auténtico peligro navegante. Contra los deseos de sus padres, que quieren que haga derecho, se embarca… y naufraga. Su pasión por el mar es tan grande, sin embargo, que vuelve a embarcarse, pero su barco es capturado por piratas marroquíes… y Crusoe es convertido en esclavo de un moro.

Dos años después, escapa en un bote junto a un chico llamado Xury, y los rescata un barco negrero portugués camino de Sudamérica. Crusoe, con todo el morro, vende a Xury al capitán y se compra una plantación en Brasil, que mantiene a base de esclavos.

Años más tarde, Crusoe se vuelve a embarcar para ir a traer más esclavos de África, y es entonces cuando por fin se produce el famoso naufragio que lo retendrá a solas en una isla desierta durante veintiocho años, con un perro y dos gatos como únicos co-supervivientes, a los que añade un loro local como única compañía.

Un día, Robinson descubre que la isla es usada a veces por caníbales para traerse a ella a sus prisioneros y darse un festín con ellos. Lógicamente, Crusoe no les descubre su presencia, aunque ha de contenerse a sí mismo de su primer impulso de matarlos (él solo, a todos, los tiene rodeados) por esa cosa tan abominable que le hacen a la gente.

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