Gabriel Balaguer: Trayectoria Profesional y Legado de Crisanto Pineda

Durante el siglo XIX, Filipinas experimentó transformaciones económicas y sociales a causa de la expansión del comercio internacional y las inversiones extranjeras. Iloilo, la segunda ciudad más importante del archipiélago, se benefició significativamente de ello gracias a su estratégico puerto. En este contexto, Crisanto Pineda, abogado, destacó como una figura prominente.

Nacido en Tondo, Manila, Pineda se mudó a Iloilo, donde ejerció de abogado, periodista y empresario. Pineda, de ascendencia mixta china y filipina nativa, formaba parte de una élite local que buscaba ascender en la jerarquía colonial.

La figura de Crisanto Pineda es un buen exponente de las consecuencias de un largo proceso de colonización construido basándose en la diferenciación y en la segregación raciales. Pineda fue abogado de profesión en la segunda ciudad más importante del archipiélago durante el período colonial español, Iloilo, en la isla de Panay, ciudad que a lo largo del siglo XIX recibió importantes inversiones para desarrollar las relaciones comerciales a través de su puerto. Nació (en fecha desconocida) en la cabecera de Tondó, que hoy en día es un distrito de la ciudad de Manila. En 1872 obtuvo en Manila el título de abogado de la Real Audiencia de Filipinas. En 1879 (Guía Oficial de Filipinas, 1879: 84) ya se encontraba ejerciendo en Iloilo, donde también ejercía como periodista y empresario. Fue corresponsal de La Ilustración de Oriente en 1872, y posteriormente de Oriente en 1877. En 1885 colaboraba con la Librería Universal de Manila, también en Iloilo.

De su actividad como empresario disponemos de pocas referencias. Contamos con una interesante carta escrita por el mismo Pineda, y publicada en La Oceanía Española (n.º 238, 14 de octubre de 1884: 3), dirigida al director del Porvenir de Visayas, con el objetivo de defenderse de las calumnias que, según el autor, caían sobre su figura. La carta pone de manifiesto sus conocimientos legales, y constituye un verdadero alegato en defensa de sus actividades empresariales, que son enumeradas a lo largo de la misiva. En primer lugar, defiende las tarifas que imponía como contratista de carruajes (citando un mínimo de tres tipos: de cuatro ruedas, calesas, ómnibus de dos caballos…). La cuestión de los vados y puentes era un asunto delicado, y suponía conflictos constantes entre autoridades, empresarios y particulares, como puede percibirse en la prensa de la época y en las regulaciones y pleitos. El gran número de ríos en la geografía filipina suponía un desafío logístico para la expansión comercial de la colonia, una oportunidad de beneficio para la empresa privada y generaba necesidades en la población. En la gran mayoría de los casos, la gestión de los vados estaba controlada por españoles europeos y por una clase alta mestiza, a la cual pertenecía Pineda, que eran los únicos capaces de presentar propuestas adaptadas a los complejos pliegos de condiciones.

Como la interlocución con la administración colonial no resolvía los agravios acumulados contra su persona, Pineda, durante su estancia en Madrid, contactó directamente con el ministro de Ultramar, en enero de 1888, para que este intercediera en defensa de su caso. En efecto, en la persona de Pineda convergían cuatro apellidos españoles, vinculados a las conquistas de México y Filipinas (Pineda Domingo Fernando y Casas). Uno de sus antepasados había sido Ambrosio Casas, bisabuelo materno de Pineda. Nacido en Binondo, fue un coronel de las milicias provinciales de mestizos del Real Príncipe, jefe de Barangay y «gobernadorcillo» de mestizos en Binondo. Condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica, participó en la erección de la estatua de Carlos IV frente a la catedral de Manila entre 1811 y 1825.

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«[…] he venido a conceder al referido D. Ambrosio Casas en atención a sus méritos la gracia de que sus hijos y sus primeros nietos no paguen las contribuciones que los mestizos de Sangley y que sean exentos de polos y servicios como si fueran españoles europeos […]» (La Vanguardia. Diario filipino independiente, any XXIV, núm. Quedaba así exento de los tributos aplicados a los mestizos de origen chino. Su hija, Lucía Casas, se casaría con Damián Domingo, alférez naval y uno de los primeros pintores filipinos de los cuales tenemos constancia (Santiago, 2010). Conocido retratista, la especialidad que más notoriedad dio a Domingo fueron las ilustraciones sobre temas costumbristas, denominadas «tipos del país», dibujos a la acuarela que representaban a figuras autóctonas, de todas las clases sociales y grupos étnicos. Este matrimonio tuvo una prolífica descendencia (cerrándose en esa generación el privilegio concedido a su abuelo), entre ellas Feliciana Domingo, casada con Anselmo Pineda, madre y padre de Crisanto respectivamente. Como teniente de Caballería y caballero de la Real y Militar Orden de Santo Hermenegildo (de la cual solo formaban parte los militares condecorados), Anselmo Pineda presentó en 1868 una solicitud pidiendo que sus hijos fueran considerados españoles (AHN, Fondos de Ultramar, legajo 472, expediente 36). Así podían optar a becas para estudiar en colegios mayores.

Así que Crisanto Pineda, abogado, destacado empresario en la ciudad de Iloilo, periodista, descendiente de hidalgo, ya no poseía el derecho a quedar exento de los tributos debidos por su condición de sangley. En abril de 1887, se encontraba haciendo poderes notariales en Iloilo y, después de reunir un número importante de documentos, se embarcó, en el mes de mayo, en el vapor Diamante con el hijo de su primer matrimonio, en dirección a Hong Kong, Marsella y Barcelona (La Oceanía Española, año XI, n.º 104, 8 de mayo de 1887: 3). Con toda probabilidad, llegó a Madrid antes de que concluyera la exposición que sobre su país se organizaba en el parque del Retiro. Y ya en diciembre de 1887, escribía una carta a Víctor Balaguer, entonces ministro de Ultramar, solicitando una convalidación de su título como abogado de la Real Audiencia de Filipinas por el de licenciado en Derecho Canónico y Civil, exponiendo precedentes jurídicos para su convalidación. El 6 de febrero de 1888, se emitía un Real Despacho de Nobleza y Armas en su favor, y a partir de aquel momento, Pineda dejaría de ser considerado un sangley, llevaría escudo de armas y sería considerado hidalgo. En abril de 1888 fue recibido por la reina regente de España, y se le concedió la Encomienda de Isabel la Católica.

A pesar de que las circunstancias de proximidad, o de amistad, con Víctor Balaguer son desconocidas, Pineda le escribía el 25 de mayo de 1888, ya desde Barcelona, para anunciarle que había visitado la biblioteca museo de Vilanova i la Geltrú y que había quedado vivamente impresionado por la colección filipina que entonces ya alojaba. Ambos filipinos tenían en común con Balaguer su adscripción a la masonería, algo que podría haber jugado a favor de Pineda para facilitar su vínculo con el ministro de Ultramar. Agradecía las recomendaciones que el ministro le había proporcionado y ratificaba su compromiso de contribuir a la ampliación de la colección del museo. El 1 de junio partía desde Barcelona en dirección a Manila, adonde llegó el 4 de julio.

Desde su llegada a Filipinas, Pineda hizo uso de su escudo nobiliario, que empezó a incluir en las cartas cruzadas con Víctor Balaguer. En la primera misiva que le envió desde Filipinas, Pineda lamentaba el cese de Balaguer como ministro de Ultramar, y a la vez le informaba de su primer envío, en este caso de una mesa de madera (véase informe específico), dejando en manos de Balaguer el uso que quisiera darle. En septiembre, una nueva carta dirigida al exministro le informaba de una primera donación de libros para el museo, y el 9 de octubre, una tercera misiva hacía referencia a nuevas donaciones. «Hoy me tomo la libertad de incluir pa(ra) la misma Biblioteca, un mapa de Filipinas que cuenta siglo y medio de existencia y és el primero que se litografió en Manila» (carta manuscrita de Crisanto Pineda a Víctor Balaguer, Ms. No sabemos cómo ni de qué manera Pineda se hizo con el mapa. Es posible que después de la modificación de 1788 se imprimieran copias del mismo en Filipinas. Descartamos que lo hubiera adquirido de manos de los mismos jesuitas, porque en 1887 las planchas de cobre se habían modificado para restaurar el nombre de la compañía, lo que hacía imposible conseguir una copia «censurada» producida con posterioridad a aquella fecha.

Las últimas misivas de Pineda a Balaguer mostraban la complejidad del vínculo trenzado entre ellos. En enero de 1889, Pineda le informaba de su reciente matrimonio con una hija de...

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El Mapa de Murillo Velarde

El mapa de las islas Filipinas de Pedro Murillo Velarde, conocido como la «madre de todos los mapas filipinos», es un símbolo histórico y cultural que refleja las complejidades del colonialismo español en Filipinas. Creado el 1734 por Murillo Velarde, un jesuita español, en colaboración con el grabador filipino Nicolás de Cruz Bagay, es un testimonio de la geografía, la diversidad cultural y las rutas comerciales del archipiélago filipino durante la era colonial.

La primera versión del mapa fue creada en 1734 por encargo del rey Felipe V para obtener un conocimiento más detallado de las posesiones españolas en el archipiélago filipino. Esta precisión cartográfica formaba parte de un esfuerzo por ejercer un control colonial efectivo sobre un territorio, la diversidad cultural y la resistencia indígena del cual desafiaban las pretensiones imperialistas. En 1744, Murillo y Bagay realizaron una segunda edición del mapa. Esta versión, concebida para ser incluida en la obra de Murillo Historia de la Provincia de Filipinas de la Compañía de Jesús, publicada en 1749, presentaba una escala más reducida y no incluía los tarjetones etnográficos del mapa original. Aportaba actualizaciones de rutas de navegación y detalles geográficos, incluyendo nuevos asentamientos en Luzón.

En 1767, el rey Carlos III ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los dominios españoles, incluyendo Filipinas. La orden llegó en 1768, y las posesiones de los jesuitas fueron transferidas a otras órdenes religiosas. Las planchas de cobre originales del mapa quedaron bajo custodia del Seminario de San Carlos en Manila. Dichas planchas fueron modificadas en 1788 para incluir el mapa de Murillo Velarde en el primer volumen de la obra del agustino Juan de la Concepción, esta vez sin referencias a la Compañía de Jesús -un reflejo de las tensiones políticas generadas por la expulsión de los jesuitas-. La Compañía de Jesús fue restaurada en España en 1852 y volvieron a Filipinas en 1859, bajo el reinado de Isabel II, para reactivar sus actividades misioneras y educativas, especialmente en Mindanao y Joló, áreas de resistencia a la evangelización a causa de la oposición de los sultanatos musulmanes a la dominación colonial. Al su regreso, los jesuitas recuperaron algunas de sus propiedades, incluyendo las planchas de cobre del mapa, y en 1887 publicaron una nueva edición del mapa, restaurando las planchas recuperadas.

En 2014, una copia del mapa de 1734 fue subastada en Sotheby’s, Londres. El mapa, preservado durante más de dos siglos por la familia del duque de Northumberland, se puso a la venta para cubrir el coste de una reparación de doce millones de libras a causa del colapso de un sistema de drenaje. Fue adquirido por el empresario filipino Mel Velarde por 231.000 euros, que lo donó al Museo Nacional de Filipinas.

En la última década, el mapa ha jugado un papel crucial en disputas territoriales entre Filipinas y China por la soberanía sobre el atolón Scarborough, ubicado en el mar de China Meridional. Durante el enfrentamiento de 2012, el Gobierno filipino presentó el mapa de Murillo Velarde como evidencia ante el Tribunal de La Haya para demostrar su soberanía sobre el territorio. El mapa de Murillo muestra Panacot (Scarborough) como parte del territorio bajo soberanía española, reforzando los argumentos de Filipinas en el conflicto.

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Como describe el inventario de la BMVB, el mapa fue donado por Crisanto Pineda. «Un precioso y muy raro Mapa de las Yslas Philipinas hecho por el P. Pedro Murillo Velarde de la Comp. de Jesvs y esculpido, al agua fuerte al parecer, por Nicolás de la Cruz Bagay en Manila, en el año de 1744, ha entrado á formar parte de nuestras colecciones merced á la hidalguía y desprendimiento del Sr.

La Donación del Mapa por Crisanto Pineda

Crisanto Pineda viajó a España en 1887 con diversos objetivos. En primer lugar, buscaba convalidar su título de abogado de la Real Audiencia de Filipinas para obtener el de licenciado en Derecho Canónico y Civil en España, importante para su reconocimiento profesional y para aumentar sus ingresos. Además, quería resolver pleitos relacionados con sus actividades empresariales en Iloilo y obtener un título nobiliario para elevar su estatus social. Durante su estancia en España, Pineda conoció a Víctor Balaguer, entonces ministro de Ultramar, y mostró interés en las colecciones filipinas de la biblioteca museo en Vilanova i la Geltrú. Pineda visitó la biblioteca antes de volver a Manila y, como agradecimiento, decidió donar un ejemplar del Noli me tangere de José Rizal. Posteriormente, envió a la biblioteca una copia de la versión del mapa de Murillo Velarde de 1788, destacando su importancia histórica.

La decisión de Crisanto Pineda de donar el mapa puede entenderse en el contexto de sus intereses personales, profesionales y sociopolíticos, así como por su deseo de dejar un legado significativo. Una razón fundamental fue la consolidación de su estatus social y profesional. Pineda había trabajado mucho para mejorar su posición en la jerarquía colonial y la donación podría haber sido un gesto estratégico para fortalecer sus relaciones con figuras influyentes como Víctor Balaguer. Al hacer la donación, Pineda aseguró que su nombre quedara asociado a un acto de preservación cultural, proporcionándole un sentido de legado y de contribución perdurable a la historia filipina.

La carta de Pineda a Balaguer, agradeciendo las recomendaciones que el ministro le había proporcionado, sugiere que veía a Balaguer como aliado y benefactor.

En conclusión, la donación del mapa de Murillo Velarde por parte de Crisanto Pineda a Víctor Balaguer fue probablemente un acto multifacético que combinaba sus aspiraciones personales, el interés por promover la cultura filipina y el deseo de establecer conexiones estratégicas en un entorno político y social complejo.

Gabriel Balaguer: Reconocimiento a su Trayectoria Profesional

Desde 1967, año en el que se graduara en la Universidad Politécnica de Madrid, hasta el 2010, por las manos de Balaguer pasaron hasta 8.000 trabajos entre proyectos, estudios, certificados fin de obra y dictámenes periciales que ha realizado y visado. Siempre ha tenido una actividad febril en el COIT, con el que lleva cinco décadas muy implicado. En la actualidad, al mismo tiempo que es presidente de la Associació d’Enginyers de Telecomunicació de les Illes Balears (ASETIB), forma parte de diferentes Grupos de Trabajo del Colegio.

No solo es afanoso en su actividad profesional, también en hacer amigos. En el acto tele-presencial, celebrado el pasado viernes 2 de octubre con motivo de San Gabriel y en el que se anunció su nombre como Mejor Trayectoria Profesional 2020, se emitió un emotivo vídeo en el que numerosos compañeros que han compartido todos estos años de importantes experiencias con él ponían de manifiesto su admiración profesional y humana por Balaguer. Un gesto al que Bernardo contestó con la mano en el pecho: “aquello que no buscaba y acabo de recibir significa el esfuerzo y la valoración a la carrera profesional”.

Este Premio a la Mejor Trayectoria Profesional 2020 se le otorga por su actividad dedicada al apoyo y gestión de los órganos colegiales y asociativos durante 50 años. Además, es colaborador, en representación del GTEP en las reuniones organizadas por la administración de telecomunicaciones encaminadas a la redacción de los Reales Decretos y Órdenes Ministeriales que regulan las Infraestructuras Comunes de Telecomunicación (ICT) en edificios.

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