En la Biblia encontramos narraciones de mujeres humildes que siguieron a Jesucristo, así como mujeres nobles y distinguidas (Hechos 13:50; 17:4, 12). Damos gracias a Dios que Él no hace acepción de personas, llamando a pobres y ricos.
Lidia: Una Mujer de Negocios Transformada por la Fe
El apóstol Pablo, en su segundo viaje misionero, fue guiado por el Espíritu a Macedonia (Hechos 16:6-10). Allí, en Filipos, conoció a Lidia, una mujer de negocios que vendía tintura de púrpura y telas finas. Estas telas eran costosas debido al difícil proceso de teñido.
Lidia era una gentil de la ciudad de Tiatira, un centro comercial situado en la actual Turquía. Es probable que aprendiera el negocio de teñir telas allí y decidiera expandirse a Filipos. Aunque no era judía de nacimiento, era una prosélita judía.
Aunque Lidia estaba ocupada con su negocio, dedicaba tiempo a las cosas de Dios, guardando el día de reposo para orar con otras mujeres. En Hechos 16:14 se relata cómo Pablo y sus acompañantes se sentaron con las mujeres y les hablaron de Cristo. Lidia, "oyendo" intensamente, tuvo su corazón abierto por Dios mismo. Es Dios quien hace la obra de salvación en nosotros.
Inmediatamente después de ser convertida, Lidia fue bautizada junto con su familia (Hechos 16:15). El bautismo es una señal externa de una transformación interna. Además, abrió su hogar a los creyentes, mostrando hospitalidad y amor a la obra de Dios.
Lea también: Liderazgo Femenino Empresarial
Lidia es un ejemplo de mujer emprendedora en el trabajo, de obediencia a los mandatos de Dios y de una vida transformada. Su testimonio nos desafía a usar nuestros bienes para el servicio de Dios y a ser ejemplos de fe y hospitalidad.
María Magdalena, María la de Santiago y Salomé: Testigos de la Resurrección
Las protagonistas son tres mujeres admirables: María Magdalena, María la de Santiago y Salomé. Han seguido a Jesús por los caminos de Galilea, junto con otros discípulos y discípulas. Al llegar el momento de la ejecución de Jesús no han huido cobardemente, como los varones. Han contemplado angustiadas cómo los soldados romanos crucificaban a su querido Jesús.
Han observado también dónde lo han sepultado, y vienen ahora hasta el sepulcro para tener con él un último gesto de cariño y de piedad.No pueden olvidar a Jesús. Lo aman como a nadie. La primera, como siempre, María Magdalena. En sus corazones se ha despertado un proyecto absurdo que solo puede nacer de su amor apasionado a Jesús.
«Compran perfumes para embalsamar» su cadáver y ahuyentar el mal olor de la muerte. No pueden hacer nada más por él. No se dan cuenta de que es absurdo embalsamar un cuerpo que lleva ya muerto bastantes horas; no reparan en que es un horror acercarse al cadáver torturado de un crucificado. No importa. Ellas no olvidarán nunca a Jesús. Su muerte ha echado por tierra todas las esperanzas que habían puesto en él, pero no ha logrado apagar su amor.
Por el camino, las mujeres recuerdan que una «piedra» cierra la entrada del sepulcro. Ellas se sienten impotentes para removerla. ¿Quién la podrá correr? La insistencia del evangelista, señalando que la piedra era «muy grande», sugiere el poder de la muerte. Ante ella hay que perder toda esperanza. Las mujeres no podrán nunca liberar a Jesús de la muerte. Lo sorprendente es que, al llegar el sepulcro, observan que «la piedra ha sido corrida».
Lea también: Mujeres emprendedoras
No se dice quién ha sido, pero el sepulcro está abierto. ¿Será que la muerte puede ser vencida? ¿Será que el sepulcro no es nuestro final definitivo? Ciertamente, no puede ser cosa de hombres; ningún ser humano tiene poder sobre la muerte; la piedra es «muy grande». ¿Será que Dios ha intervenido para resucitar a Jesús de entre los muertos?
La sorpresa y el sobresalto crecen todavía más cuando, al entrar en el sepulcro, «ven a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca». Sin duda es un mensajero enviado por Dios, pero está descrito con rasgos que hablan de vida y resurrección. Es un «joven», en la flor de la vida. Está «sentado», irradiando seguridad y autoridad. Está en la parte «derecha», lugar que promete dicha. Viste una «túnica blanca», color que simboliza la vida gloriosa de Dios.
Las mujeres se asustan, pues donde ellas esperaban encontrar el cadáver de Jesús solo ven signos de vida, juventud, luz blanca… ¿Estará Jesús vivo, resucitado a la vida de Dios, sentado a la derecha del Padre? El joven las tranquiliza: «No os asustéis». No hay más saludos ni palabras que puedan distraer a las mujeres. El enviado de Dios les anuncia directamente su mensaje: «¿Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado?». Es un error buscarlo en el mundo de la muerte. Jesús no es un difunto más. No es el momento de rendirle homenajes ni de llorarlo recordando piadosamente su vida admirable. «No está aquí». No pertenece al reino de la muerte. Está vivo para siempre.
Nunca podrá ser encontrado en el mundo de lo muerto, lo inerte, lo extinguido… «Mirad el lugar donde lo pusieron». Grabad en vuestro corazón esta «ausencia». No está donde sus adversarios lo depositaron. «Ha resucitado». El Crucificado está vivo. El Padre lo ha resucitado. El joven desea confiar un encargo a las tres mujeres tan fieles a Jesús. Han de salir de aquel lugar de muerte para comunicar a «los discípulos y a Pedro» algo sumamente importante.
El mensaje es para todos los discípulos, también para Pedro, el discípulo que ha renegado directamente de Jesús. El mensaje es este: «Él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, tal como os dijo». Sin duda, el mensaje encierra un sentido más profundo que el meramente geográfico. ¿Por qué hay que volver a Galilea? En Galilea se escuchó, por vez primera y en toda su pureza, la Buena Noticia de Dios y el proyecto humanizador del Padre. Si no volvemos a escucharlo hoy con corazón sencillo y abierto, nos alimentaremos de tradiciones y doctrinas venerables, pero no conoceremos la alegría del Evangelio, capaz de «resucitar» nuestra vida. En este grupo volveremos a Galilea a escuchar de labios de Jesús la Buena Noticia de Dios. Viviremos la misma experiencia que vivieron los primeros discípulos.
Lea también: Impulsa tu negocio con frases inspiradoras
A orillas del lago de Galilea empezó Jesús a llamar a sus primeros seguidores y seguidoras para enseñarles a vivir con su estilo de vida y a colaborar con él en la gran tarea de hacer la vida más humana. Hoy Jesús sigue llamando. En este grupo escucharemos su llamada a seguirlo. Él irá también hoy «delante de nosotros», como iba en otros tiempos por los caminos de Galilea.
Por los caminos de Galilea se fue gestando la primera comunidad de seguidores de Jesús. Junto a él vivieron una experiencia única. Con él fueron aprendiendo a vivir acogiendo, perdonando, aliviando el sufrimiento, curando la vida y despertando la confianza de todos en el amor insondable de Dios. En nuestro recorrido, también nosotros viviremos la misma experiencia. Aprenderemos a vivir al estilo de Jesús.
Los textos evangélicos que escucharemos durante nuestro recorrido nos ayudarán a caminar por Galilea «viendo» que Jesús resucitado va delante de nosotros. Su presencia invisible adquirirá para nosotros rasgos humanos al leer los relatos. Su presencia silenciosa se convertirá en voz concreta al escuchar sus llamadas y sus palabras de aliento.
Ir a Galilea tras el Resucitado es vivir siempre caminando. No nos podemos detener, no podemos vivir mirando al pasado, pues el Resucitado «va por delante». Los discípulos de Jesús no somos solo miembros de una gran institución religiosa; somos seguidores del Resucitado.
tags: #mujeres #emprendedoras #en #la #biblia