El 70% de las personas han experimentado los síntomas del síndrome del impostor. Este artículo aborda este síndrome y cómo superarlo.
¿Qué es el Síndrome del Impostor?
El síndrome del impostor es un trastorno psicológico que sufren las personas que son incapaces de asimilar su éxito. Lo irregular es tener un sentimiento de que se es un fraude y que esa emoción perdure en el tiempo. No es una enfermedad relacionada con la baja autoestima o la falta de confianza sino más bien con la tendencia a minimizar y subestimar el éxito. Puede referirse a logros profesionales pero también académicos y es un trastorno más habitual de lo que puede parecer.
Síntomas Comunes
- Sentimiento de insuficiencia.
- Miedo a ser desenmascarado como un fraude.
- Alta auto-exigencia y bajo auto-reconocimiento.
- Terror a ser desenmascarada.
- Se exige muchísimo a sí misma.
- Miedo a no estar a la altura.
- Se manifiesta con la sensación de no estar nunca a la altura o no ser lo suficientemente bueno o capaz, creer que tu éxito es una mera cuestión de suerte.
Por ejemplo, muchos emprendedores novatos tienen una gran reticencia a vender porque no se sienten lo suficientemente expertos. Al compararse con personas que llevan mucho más recorrido que ellas no se sienten legitimados para ayudar a otros. En casos muy extremos, algunas personas tienen ese sentimiento de insuficiencia a pesar de haberse especializado y gozar de una importante experiencia.
Causas del Síndrome del Impostor
El síndrome del impostor, según la psicología, puede ser provocado por diversas causas. Igual que con otros trastornos psicológicos, las causas del síndrome del impostor suelen estar en las experiencias de vida de cada persona.
- Dinámica familiar poco sana.
- Presión de los padres.
- Ser demasiado exigente consigo mismo.
- Pesimismo defensivo.
Clance e Imes descubrieron que muchas veces las personas con síndrome de impostor fueron valoradas por su inteligencia en la infancia. “Muchos alumnos de alto rendimiento crecieron en familias en las que recibieron aprobación para el logro, pero no se les dio mucha validación por sus sentimientos”, explica Imes. Para sentirse aceptado por el primer círculo de seguridad que representa la familia, deben ser superhéroes perfectos.
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Una primera causa del síndrome del impostor puede ser una dinámica familiar poco sana. Uno de los casos más comunes es cuando hay dos hermanos, y desde pequeños uno de ellos es considerado el inteligente de la casa. A veces, cuando llegan al colegio y el segundo hermano tiene la oportunidad de demostrar sus capacidades, aunque consiga muy buenos resultados, la opinión de su familia no cambia. Esta persona va creciendo con la idea de que su hermano es el inteligente, mientras que a él se le define como el simpático, el gracioso, pero no el que destaca por su capacidad.
Lo mismo ocurre cuando hay una gran presión de parte de los padres. Y también ocurre al revés. A veces, aquellas personas a las que en la infancia se les dijo que eran los mejores, los más listos, los más capaces, cuando se enfrentan a la vida real y a sus obstáculos se sienten muy presionados. Se dan cuenta de que las cosas no son tan fáciles para ellos como les habían dicho, y aparece el miedo a convertirse en impostores, el miedo a defraudar.
Cuando eres demasiado exigente contigo mismo y solo te conformas con la perfección, va a ser raro que la alcances, porque la perfección no existe. Entonces vas a castigarte cuando cometas errores, y cuando tengas éxito no vas a valorarlos de forma justa.
Y otra posible causa del síndrome del impostor es el pesimismo defensivo, que consiste en no esperar nada positivo para no defraudarnos si las cosas no salen bien. Es decir, la persona tiene miedo a fracasar, y por eso intenta mantener bajas sus expectativas sobre lo que va a conseguir. Y cuando consigue un éxito importante, es algo que no se espera, y no sabe cómo asumirlo. Entonces va a creer que sus habilidades no justifican ese éxito: que solo ha tenido suerte, y que ha logrado engañar a los demás haciéndoles creer que es mejor de lo que es en realidad.
Aún hoy en día siguen existiendo muchos estereotipos de género. La segunda de la familia, la niña “sensible” que va detrás del hermano o la hermana “inteligente”. Esta pequeña crece con sobresalientes para demostrar su valía. Luego encontramos la impostora que crece con pensamientos de gente exitosa. Escucha a sus padres decirle lo muy inteligente que es y que puede con todo. De repente, se da cuenta de que para lograr sus propósitos tiene que esforzarse. Se crea un abismo entre la imagen que la niña tenía de ella misma y la realidad distorsionada. Así empieza muchas veces el pesimismo defensivo que consiste en abortar misiones antes de empezar la acción.
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Una cosa es ser humilde y otra muy distinta quitarse todos los méritos para no parecer arrogante. A pesar de ser reconocido en su trabajo y tener siempre la agenda llena, Marco temía permanentemente subir sus precios. Su competencia cobraba más y sus amigos le decían que debía cobrar más. Su negocio estaba estrangulado porque sentía la necesidad de ofrecer un servicio con una atención y una excelencia por la cual no cobraba. Entonces entendió que debía superar esas historias mentales. Tras subir los precios sus clientes no le dieron la espalda y siguió recibiendo contratos.
Llevaba años consumiendo programas formativos, algunos de profesionales reconocidos. No se daba cuenta de que él era su peor enemigo. Su mente le hacía ser muy perfeccionista y caer permanentemente en la procrastinación. Lejos de ser un caso aislado, es un problema muy habitual en los emprendedores que mentorizo. De algún modo sienten que sus éxitos los han conseguido por suerte y no por su valía. Porque el sistema social en el que vivimos nos ha contado que debemos ser agradecidos a la divina providencia. Es fundamental que nuestra modestia prevalezca sobre los propios resultados. Así que ante la posibilidad de parecer que somos un poco “sobrados”, preferimos pensar y expresar que “no es para tanto” o “es mi obligación”.
Y para que no descubra nadie que es un fraude, se exige muchísimo a sí misma. Hoy en día en nuestra sociedad, es preciso que nos vendamos a nosotros mismos como los mejores a la vez que debemos ser humildes. Esto se traduce en un alto nivel de auto-exigencia y un bajo nivel de auto-reconocimiento. Esa exigencia llega a paralizar a las personas, porque temen que su trabajo nunca será lo suficientemente bueno. Y el criterio de qué es “suficiente” viene únicamente marcado por el listón que ellas mismas han puesto.
“Si has cometido errores, incluso errores graves, siempre tendrás una oportunidad de enmendarlos. Si lo miras de este modo, la única forma válida de superar el síndrome del impostor es permitiéndote la libertad de fracasar. Porque el error es perfectible. No eres menos porque consigas menos resultados.
Recuerdo que cuando estaba en mi trabajo tenía un sentimiento de responsabilidad excesivo inculcado por mis jefes. Mi sentido de la responsabilidad fue su mejor aliado, y continué en esa situación durante bastante tiempo. Te comparas con un ideal inventado y perfecto difícil de alcanzar. Es así como asumes que para hacerlo bien tienes que ser el mejor. Va a ser difícil encontrar una frase que resuma mejor la situación. Procusto es un personaje de la mitología griega que simboliza la persona que no acepta que otros sobresalgan más que él. Al mismo tiempo no deja de resaltar o más bien inflar sus virtudes.
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El Problema de la Comparación Errónea
Según las conclusiones que sacaron Dunning y Kruger, el mayor problema de la persona que padece síndrome del impostor es su manía de compararse de forma errónea con los demás. Esto es sin duda debido a una distorsión de la realidad. No digo que seas más competente o igual de competente que una persona experta. Así pues, empieza por observar los defectos de aquellos con los que te comparas: como todos, ellos también ocultan sus miserias.
La respuesta a esta pregunta nunca has de definirla en relación a todos esos expertos que saben más que tú. Siempre serás un experto para otra persona.
Recupera tu Confianza
Tienes que recuperar tu confianza. La plena conciencia de tu potencial es la llave maestra para que nunca más te sientas un fraude. Tienes que sacar a la luz tus áreas de excelencia. Hay un cruce de caminos entre tus habilidades, tu pasión y tus conocimientos. Con este mapa en mano, sabrás reconocer al impostor que tienes dentro. Es normal. Siempre hay una meta más alta, más lejos, más grande que alcanzar. Por eso te animo a que revises ahora tu vida y anotes tus logros. Y cuando los tengas levántate y date una ovación como te mereces. ¡Así se hace!
Tratamiento y Estrategias para Superarlo
¿Existe tratamiento para el síndrome del impostor? Ya hemos dicho que es un trastorno que, debido a la experiencia, puede desaparecer y quedar en el olvido o manifestarse de manera ocasional cuando esa persona afectada vuelve a enfrentarse a la búsqueda de empleo o a un proyecto profesional nuevo.
Superar el síndrome del impostor es posible, y existen diversas estrategias y terapias que han demostrado ser eficaces.
Si padeces el síndrome del impostor, puede hacerte la vida muy difícil. Va a limitarte en tu desarrollo profesional, por el miedo de no estar a la altura. Vas a tener más estrés, por excederte con el esfuerzo y por evitar a toda costa cometer errores. Y cuando lleguen los logros, no sabrás disfrutarlos.
Claves para Superar el Síndrome del Impostor
- Reconocer el problema: La primera clave para superar el síndrome del impostor, es reconocer que existe y que lo sientes. Presta atención a tus emociones. Revisa las ideas que vienen a tu mente. ¿Sientes que te lo mereces, que es justo porque te has esforzado? ¿O crees que solo ha pasado por suerte? Si es así, toma conciencia de lo que estás pensando; incluso estaría bien que lo escribas. Así vas a tener más claridad sobre cuáles son tus pensamientos negativos, y podrás empezar a cambiarlos.
- Enfócate en el valor que aportas: En segundo lugar, para superar el síndrome del impostor, deja de compararte con los demás, y de pensar en lo que van a pensar de ti, y enfócate en el valor que aportas. Una técnica que funciona es desafiar tus propias afirmaciones. Si has conseguido algo valioso para ti, y enseguida piensas «¡Que buena suerte he tenido!», o «En realidad no es mérito mío», desafía esos pensamientos y pregúntate: «¿Qué he hecho yo para conseguir esto?». Cuando lo hagas, vas a darte cuenta de que normalmente son tus acciones las que te han traído ese buen resultado. Céntrate en poner valor en el mundo desde tu autenticidad y desde tu pasión: porque eso es, precisamente, lo que te convierte en único.
- Deja atrás el perfeccionismo: La tercera clave para superar el síndrome del impostor es dejar atrás el perfeccionismo. Está bien que tengas el deseo de hacer las cosas lo mejor posible, pero no te obsesiones con la perfección. Quítate la idea de que si no sabes algo, o si cometes algún error, los demás van a pensar que eres un fraude. Entiende que no somos perfectos, y que todos nos equivocamos, porque somos humanos.
- Practica la autocompasión: La cuarta clave para superar el síndrome del impostor es la compasión: aprender a ser amable contigo mismo. Todos tenemos un diálogo interno constante; y lo que nos decimos condiciona nuestra manera de ver la vida. Por eso, si te hablas a ti mismo de manera negativa todo el tiempo, vas a terminar por sentirte muy inseguro, y no vas a atreverte a explorar todo tu potencial. El remedio es la compasión, en este caso la compasión contigo mismo. Porque no tratamos a casi nadie tan mal como nos tratamos a nosotros mismos. Reconoce que eres humano, acepta tus debilidades, y valora el mérito que tienes cuando te sobrepones a ellas para conseguir cosas en la vida.
- Asume riesgos y nuevas oportunidades: Y la quinta clave para superar el síndrome del impostor es no evitar las dificultades, y atreverte a asumir riesgos y nuevas oportunidades. Por eso, abraza las dificultades, asume riesgos controlados, y aprovecha con curiosidad y sin miedo las oportunidades que se te presentan.
Otras Recomendaciones
- Los expertos recomiendan a esas personas con síndrome del impostor que ahonden en su problema, que investiguen sobre lo que les pasa y por qué.
- Hay especialistas que piden a las personas que sufren este síndrome que plasmen en un papel los sentimientos que les atenazan, esos sentimientos negativos que les hacen sentirse como 'impostores'.
- Al mismo tiempo, les invitan a hacer una lista con sus fortalezas y esos logros que consiguieron aunque en ese momento no los consideraron importantes.
- Para luchar contra este trastorno hay que enfrentarse a él.
- Vencer al síndrome del impostor requiere la aceptación de uno mismo.
- Lo ideal es encontrar tus cualidades como emprendedor y para ello se necesitan estímulos.
- La mejor inspiración para los emprendedores es la de mirarse en el espejo de otros emprendedores.
- Es una buena técnica de motivación laboral para saber cuáles son tus habilidades como emprendedor y ver cómo de lejos puedes llegar si te lo propones.
- El acompañamiento de un psicólogo especializado es clave para trabajar en la raíz de este fenómeno.
- Uno de los primeros pasos es aprender a identificar los pensamientos del impostor.
- Llevar un registro de logros, avances y habilidades ayuda a tener un recuerdo tangible de las propias capacidades.
- Hablar con otras personas (amigos, colegas, grupos de apoyo o el propio terapeuta) ayuda a normalizar estas sensaciones y a darse cuenta de que no se está solo.
- Toma conciencia de tu sabiduría interna junto a tus conocimientos.
Estrategias Adicionales
- Visualiza tu voz interior: Visualiza esa voz como un personaje que te habla al oído y ponle un nombre. O mejor, un mote, ya que lleva toda la vida amargándote, es hora de que tú también lo ningunees. Llámale.. Y cada vez que salte con la cantinela, dile cosas como, “que sí Pepe Lotas, lo que tú quieras”, o “paso de ti Pepito”.
- Recuerda a los superhéroes: Piensa en el superhéroe más conocido de la historia: Superman. En la realidad era Clark Kent, un tipo tímido y apocado al que le daba mieditis hablarle a Jane. Todos ellos se crecen ante las adversidades cuando se enfundan sus trajes. Ponle un nombre potente, que te evoque algo importante. Por ejemplo, el mío es “Super-emprendedor”, sino que te lo diga mi buen amigo Juan Carlos Castro.
- Pasa a la acción: Permíteme que te responda: pasando a la acción. Si te has quedado igual, lo entiendo. ¿Prefieres escribir? ¿Lo tuyo es el vídeo? Tenemos la mala costumbre de compararnos. “¡Qué idea más cojonuda, jamás se me habría ocurrido algo así!”. Y un día de repente se acerca alguien y mira lo que estás haciendo y te dice: “¡Joder! Vaya potra has tenido colega.
- Supera el pesimismo: Así pues, supera el pesimismo y sobre todo deja de menospreciar tu trabajo. No eres menos válido por querer formarte. Eso sí, no se trata de aprender para ser el eterno estudiante que procrastina permanentemente el paso a la acción.
- Únete a un grupo de mastermind: Un buen modo de superarlo es entrando en un grupo de mastermind. Si eres emprendedor y estás bloqueado con tu proyecto por falta de planificación, de estrategia y altas dosis de síndrome del impostor, te animo a conocer Acción Masiva.
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